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Inteligencia artificial


Los robots inteligentes generan división en Davos


Por Matthew Allen, Davos


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Un robot de la compañía helvético-sueca de ingeniería ABB capaz de servir té y cafe. (Thomas Kern/swissinfo.ch)

Un robot de la compañía helvético-sueca de ingeniería ABB capaz de servir té y cafe.

(Thomas Kern/swissinfo.ch)

Los robots inteligentes apenas dan sus primeros pasos, pero ya son fuente de preocupación. En Davos se los culpa de que destruirán empleos y terminarán con la clase media, e incluso, con la propia raza humana. Para muchos participantes del Foro Económico Mundial (WEF) estas críticas son injustificadas.

Imaginar un mundo lleno de máquinas inteligentes que un día alcanzarán la misma capacidad cognitiva del ser humano, podrán pensar de forma creativa y estarán en capacidad de emitir juicios morales en un campo de batalla, es una perspectiva inquietante para muchos. En contrapartida, concebir un universo en el que los robots ayudan a cuidar de los enfermos, enseñan a los niños, limpian la casa y facilitan los ahorros de energía parece un escenario mucho más apetecible.

Los sistemas inteligentes ya están aquí, forman parte de nuestra vida y se presume que seguirán perfeccionándose hasta, quizás, superar al hombre, como sucede con los programas de ajedrez o con los dispositivos GPS que son capaces de encontrar la ruta menos congestionada en un trayecto específico.

Esta semana, uno de los paneles de debate en el Foro Económico Mundial (WEF, en inglés) de Davos se consagró al Sistema de Inteligencia Artificial que permite, por ejemplo, que una máquina domine numerosos y complejos juegos de vídeo apenas unas horas después de haberse conectado a ellos por primera vez.

"Si un bebé recién nacido esa misma tarde es capaz de utilizar juegos de computadora a un nivel sobrehumano, posiblemente usted comience a preocuparse”, afirmó Stuart Russell, profesor de Ciencias Informáticas en la Universidad de California. "Basta tener sentido común para entender que todo aquello que puede resultar más inteligente que uno mismo supone un riesgo”.

Un argumento que rechaza tajantemente Manuela Veloso, profesora de Informática en la Universidad Carnegie Mellon, en Estados Unidos.

"¿Acaso vamos por la vida desconfiando de las personas que son más inteligentes que nosotros?”, increpa a swissinfo.ch la experta en IA. “Me gustaría mucho que hubiera robots más inteligentes que yo para ayudarme a invertir mejor mi dinero o a cambiar de proveedores de servicios; tener a disposición autómatas capaces de tomar mejores decisiones que las mías. Existen tantos beneficios de poder contar con máquinas con una capacidad de razonar menos limitada que la nuestra”.

Manuela Veloso, profesora de Informática en la Universidad Carnegie Mellon (Pittsburgh), con el empleado de ABB, Ivan Lundberg. (Thomas Kern/swissinfo.ch)

Manuela Veloso, profesora de Informática en la Universidad Carnegie Mellon (Pittsburgh), con el empleado de ABB, Ivan Lundberg.

(Thomas Kern/swissinfo.ch)

Veloso considera poco sensato aceptar todas las historias de miedo que se cuentan en Davos –y en el resto del mundo–sobre los efectos nefastos del desarrollo de la IA.

Historias de miedo

“Si infundimos a los niños tanto temor a la robótica, no contribuirán a los avances de la tecnología”, sentencia Veloso.

"Es extraordinario que seamos conscientes de los peligros porque esto nos permite avanzar en las investigaciones de la mejor manera posible, pero eso es distinto a dejar de dar pasos al frente. Aún hay un largo camino por andar en este ámbito”, dice.

La profesora considera que la clave está en integrar límites de seguridad en la programación de los robots para que estos solo funcionen para el bien de la humanidad. Una técnica desarrollada por la Universidad Carnegie Mellon consiste en integrar lindes claramente definidos en las máquinas, que les dan la orden de detenerse y pedir ayuda humana cuando han alcanzado estas fronteras.

El ámbito laboral y el empleo también son terreno sensible en el caso de las máquinas inteligentes. En el marco Foro de Davos, la compañía helvético-sueca de ingeniería ABB presentó a YuMi como el “primer robot verdaderamente colaborativo que hay en el mundo”. Este autómata está equipado con dos brazos y con sensores que le permiten interactuar de forma totalmente segura con los humanos, algo que no había sucedido nunca antes.

Para Ulrich Spesshofer, presidente de ABB, ha llegado la hora de sacar a los robots de las cajas para incorporarlos a la vida productiva y compartir tareas con los seres humanos.

La propuesta de Spesshofer obliga a debatir los riesgos que esto puede suponer para el empleo de muchas personas. En la víspera de la actual reunión anual en Davos, el WEF presentó un detallado informe en el que estima que hasta 5 millones de empleos podrían desaparecer en tareas que pueden ser remplazadas por robots y ‘softwares’ inteligentes de aquí al año 2020. Esencialmente, esto sucedería en los ámbitos administrativo y operativo, pero también en el contable o el sector de la salud.

Quitar la llave a la puerta

El panorama descrito por ABB preocupa a los sindicatos.

“Hay que plantearse serios cuestionamientos cuando estamos ante la perspectiva de una civilización con robots que tendrán la misma capacidad cognitiva y creativa, así como el mismo libre albedrío del hombre. Estaríamos rebasando el límite de lo que la gente considera tolerable. Es un nuevo terreno de desarrollo que requiere, por tanto, nuevas regulaciones”, explica a swissinfo.ch Philip Jennings, secretario general del Sindicato Global UNI.

Pero también hay observadores que confían en que las nuevas tecnologías son capaces de generar un crecimiento neto del empleo en el futuro, tanto en el desarrollo de los robots como en el proceso de aprender a utilizarlos, asegurar su mantenimiento o seguirlos perfeccionando.

Manuela Veloso está convencida de que el ser humano es perfectamente capaz de seguir el camino correcto cuando se trate de dar respuesta a todas estas preocupaciones.

“Los budistas afirman que la humanidad posee la llave para abrir el cielo, pero es exactamente la misma que abre el infierno. Y esta llave no viene con instrucciones de cómo abrir una u otra puerta”, puntualiza la profesora.

“En este caso, la tecnología es la llave y podemos darle un buen o un mal uso. La elección es siempre nuestra. Todo está bajo nuestro control.  Ya no podemos dar marcha atrás hacia un mundo sin computadoras, así que debemos reflexionar sobre cómo aprovechar al máximo su potencial”, añade.

Guerra de robots

Otra de las mesas redondas que tuvo lugar en Davos esta semana se centró en el uso de las máquinas y de la inteligencia artificial con fines militares. Uno de los paneles tenía como título: ¿Qué pasaría sí los robots decidieran ir a la guerra?

Stuart Russell, miembro Comité Internacional para el Control de los Robots Armados (ICRAC en inglés), reconoció que, si esa es la voluntad de los gobiernos, técnicamente será posible introducir máquinas para matar en los campos de batalla dentro de pocos años. Y como ejemplo citó los llamados cuadricópteros, que pueden ser equipados con armas y sensores destinados a realizar ataques selectivos, y podrían tener como objetivo a individuos específicos o grandes grupos de personas.

Este debate del WEF alertó también sobre la falta de reglamentos de guerra para esta nueva realidad, lo que se debe a la rapidez con la que se ha desarrollado la inteligencia artificial en el ámbito militar.

Este tema se ha abordado en Suiza, país depositario de los Convenios de Ginebra sobre la guerra. De hecho, se han sostenido diversas reuniones en la citada ciudad para hablar sobre los riesgos de las máquinas programadas para matar, una de ellas cubierta por swissinfo.ch en el verano de 2014.

Durante el debate del WEF celebrado el jueves, Roger Carr, presidente del fabricante de equipos militares BAE Systems, reconoció que crece la preocupación sobre la forma en la que una máquina evaluaría el momento en el que debe disparar con respecto a la forma, y criterios subjetivos, que tomaría un ser humano. Por ello, hizo un llamamiento a los gobiernos para actúen y fijen reglas en un campo donde, en la actualidad, se corre el riesgo de que nos convirtamos en artífices de la destrucción o en meros observadores de esta por falta de acciones”.


Traducción del inglés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch



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