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Lucha contra el extremismo


Romper el ciclo de radicalización




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Los esfuerzos mundiales para combatir el extremismo violento se intensifican con una cumbre de alto nivel en Washington esta semana. ¿Fuera de las conversaciones internacionales, hay un terreno propicio para buscar una solución? Una nueva agencia, con sede en Ginebra, piensa que sí.

Desde este miércoles, representantes de la sociedad civil y de gobiernos de diferentes países del mundo, incluido el ministro suizo de Exteriores, Didier Burkhalter, se reúnen en Washington para analizar los esfuerzos nacionales e internacionales tendientes a prevenir la radicalización extremista y el reclutamiento.

“Hasta ahora los gobiernos han sido principalmente reactivos a los desafíos terroristas, pero empiezan a advertir que también deben ser más proactivos, pensar más en la prevención para  responder al reto del terrorismo”, declara Christina Schori Liang, experta en terrorismo del Centro de Ginebra para la Política de Seguridad, organización para la promoción de la paz y la seguridad.

“Los gobiernos se dan cuenta de que las herramientas de alta seguridad no pueden reducir la fuente del extremismo violento; sus estrategias tienen que atender los reclamos y los conflictos subyacentes que lo alimentan”.

La cumbre se produce en medio de una serie de iniciativas internacionales, como el Foro Global contra el Terrorismo o la Resolución 2178 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas del año pasado para reducir la amenaza de combatientes terroristas extranjeros en Siria e Irak.

Acuciados por los ataques terroristas de enero en Francia, líderes de la UE acordaron este mes una ambiciosa serie de nuevas medidas para mejorar la protección de sus países. Además de detectar y eliminar contenidos de Internet que promuevan el terrorismo o el extremismo, pidieron una cooperación más estrecha para la aplicación de la ley, así como un mayor compromiso diplomático con los países de Oriente Medio, el norte de África y los Balcanes occidentales.

También han sido introducido estrategias nacionales, como en los casos de Estados Unidos y Gran Bretaña, además de planes públicos y privados para abordar las causas profundas del terrorismo y la radicalización.

Nuevo esquema de base

Una de esas nuevas iniciativas público-privada es el ‘Global Community Engagment and Resilience Fund’ (GCERF/Contrato de Comunidad Global y Fondo de Resiliencia), con sede en Ginebra, que este año iniciará la financiación de proyectos de pequeña escala para la lucha contra la radicalización en Malí, Pakistán, Nigeria, Marruecos y Bangladesh.

La iniciativa, liderada por Estados Unidos y Turquía, contempla una ayuda de entre 10 000 y 30 000 dólares para iniciativas tendientes al empoderamiento de mujeres en Malí o el entrenamiento tecnológico de estudiantes en Pakistán, dentro de la lucha contra los mensajes yihadistas en las redes sociales.

La presidenta del GCERF, Carol Bellamy, comenta que la organización intenta llenar un déficit financiero evidente.

“La mayoría de estas comunidades locales probablemente entienden mejor que nosotros lo que conduce a la radicalización y pueden aportar soluciones, pero no pueden obtener la financiación que necesitan para cambiar las cosas”, señala. Agrega que esa situación obedece, entre otras causas, a que “las tradicionales donaciones para el desarrollo se han centrado en comunidades en riesgo de pobreza, no en riesgo de radicalización, y muchas veces no se trata de las mismas comunidades”.

Empoderar a las madres

Liang considera que en lugar de grandes conferencias, la mejor manera de contrarrestar el extremismo violento es a través de iniciativas de base, sobre todo que impliquen a mujeres locales y a madres de extremistas.

“Es necesario tener un enfoque sensible de género, empoderar a las mujeres para luchar contra la radicalización, ya que tienen un papel importante en la familia”, agrega.

La nueva organización de Ginebra cuenta hasta ahora con el respaldo de Gran Bretaña, la Unión Europea, Australia, Canadá y Qatar. Suiza anunció una aportación de cinco millones de francos en los primeros cuatro años de trabajos.

“Lo especial del GCERF no es tanto el tipo de formación, contratación o proyectos de comunicación, sino más bien su orientación hacia personas y grupos en riesgo de ser radicalizados y reclutados por terroristas”, precisa la portavoz del Ministerio suizo de Exteriores, Carole Wälti.

En los países elegidos para los proyectos piloto, el extremismo violento se da principalmente entre poblaciones musulmanas. Pero ese no es el enfoque de fondo, insiste el director ejecutivo de la iniciativa, Khalid Koser.

“El GCERF ha sido creado para tratar de prevenir el extremismo violento en todas sus formas, ya sea religiosa, tribal o interétnica. Ciertamente, no es un fondo que se centra exclusivamente en la violencia extremista islámica”, ratifica.

Motivos poco claros

Bellamy coincide y añade que sería erróneo focalizarse en la religión, ya que las causas de la radicalización de la violencia extremista son complejas y, a menudo, personales.

“Ciertamente, la exclusión económica, social, cultural y política y la marginación son factores que contribuyen”, asienta para destacar que  “las manifestaciones locales del extremismo violento pueden diferir, pero a menudo las causas subyacentes son similares y están arraigadas en el desarrollo, la falta de educación, la pobreza y la desigualdad de género”.

Liang considera que los factores que impulsan a la radicalización “no son del todo claros”.

“Es muy difícil entender por qué algunos jóvenes se sienten atraídos por los grupos islámicos yihadistas”, indica. “Al mismo tiempo, otros jóvenes, combatientes extranjeros de los países fronterizos con Siria e Irak, no tienen opción. Es una manera para ellos de ganar dinero, ya que no tienen futuro. Otros están atrapados dentro de los países y se ven obligados a unirse a la causa”.

Los expertos coinciden en que no será  fácil medir el éxito de los proyectos de prevención contra la radicalización, así como tampoco evitar la superposición con proyectos similares que llevan a cabo agencias de desarrollo.

“Hay un riesgo claro de que este dinero pueda desaparecer en un pozo sin fondo”, advierte Jean-Paul Rouiller, director del Centro de Ginebra para la Capacitación y el Análisis del Terrorismo, un grupo privado suizo de investigación. “Pero en esta área de trabajo, no hay garantía de éxito”.

Panorama suizo

Suiza sigue en alerta máxima tras los tiroteos en París. El Servicio de Inteligencia Federal (FIS) dice que el país no enfrenta  ningún complot o amenaza terrorista concreta, pero que monitorea la situación.

El año pasado fue creado un grupo de trabajo interdepartamental, dirigido por la Oficina Federal de Policía, para prevenir que yihadistas viajen de Suiza a  regiones en conflicto, así como la comisión de ataques Suiza. De acuerdo con el FIS, entre 2001 y septiembre de 2014, 55 personas abandonaron Suiza para luchar en conflictos yihadistas, 35 desde mayo de 2013. Del total, 31 fueron a Irak o Siria, y 24 a Pakistán, Afganistán, Yemen y Somalia. Según informes, el FIS revisa las solicitudes de asilo para evitar el ingreso al país de potenciales terroristas.

Suiza ha presionado por una mayor coordinación en la prevención y lucha contra el terrorismo en todos los niveles de las Naciones Unidas, así como en el Foro Global contra el Terrorismo y el Consejo de Europa. Como presidente de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en 2014, Didier Burkhalter (a la sazón presidente suizo) hizo de la lucha contra el terrorismo una prioridad. En el Consejo Ministerial de la OSCE, en diciembre de 2014, en Basilea, fueron adoptadas dos declaraciones pioneras en relación con los combatientes terroristas extranjeros y los secuestros para pedir rescate.


Traducido del inglés por Marcela Águila Rubín , swissinfo.ch

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