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Ingeniería climática


Manipular el clima para combatir el calentamiento global




La cantidad de CO2 en la atmósfera sigue en aumento y un acuerdo climático mundial se antoja todavía lejano. ¿Por qué no recurrir a  la tecnología para modificar artificialmente el clima? 

La tecnología para modificar el clima, ¿una opción a tener en cuenta o a descartar? (AFP)

La tecnología para modificar el clima, ¿una opción a tener en cuenta o a descartar?

(AFP)

Espejos enormes en el espacio para reflejar la luz del Sol y enfriar la Tierra. Un barco que surca los océanos para alimentar a las algas y reducir el CO2 en la atmósfera. ¿Ciencia ficción?

“No, en absoluto”, responde Nicolás Gruber, profesor de Física Ambiental en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ). “La idea de los espejos en el espacio es posible, aunque muy cara. La fertilización de los océanos es, en cambio, una técnica que ya ha sido experimentada. Sin embargo, ha resultado relativamente ineficaz”, precisa a swissinfo.ch.

Una opción tabú

Los dos métodos son ejemplos de ingeniería climática (o geoingeniería); es decir, la modificación deliberada y a gran escala del sistema climático terrestre. De manera contraria a las técnicas para provocar lluvia artificial o granizo, los efectos son a escala planetaria y de largo plazo.

“En las negociaciones internacionales sobre el clima, aún no se ha discutido la ingeniería climática. Por ahora, se mantiene como un tabú político, pero que podría romperse”, dice Matthias Honegger, de Perspectivas, una consultoría de Zúrich especializada en temas climáticos.

El experto, que a finales de agosto participó en Berlín en la primera conferencia internacional sobre el tema, establece que “si los jefes de Estado advirtieran que es demasiado tarde para limitar el calentamiento a 2° C y que su esfuerzos nacionales de adaptación son insuficientes, sería probable que consideraran la posibilidad de recurrir a la ingeniería climática”.

En este sentido, ya existen las condiciones. La concentración de CO2 en la atmósfera está en continuo aumento y ha alcanzado un nivel récord, señala la Organización Meteorológica Mundial en su último informe sobre las emisiones de gases de efecto invernadero. Una evolución que la comunidad internacional no parece, por ahora, capaz de contrarrestar.

“Los progresos a escala mundial son lentos”, señala el Centro para la Investigación Internacional sobre el Clima y el Medio Ambiente de Oslo. “En este momento -anotan los investigadores noruegos- el mundo está más lejos de la conclusión de un acuerdo internacional sólido sobre el clima que hace 15 años, cuando se adoptó el Protocolo de Kioto”.

En su intervención durante la más reciente Cumbre del Clima celebrada en Nueva York el pasado 23 de septiembre, la ministra suiza de Energía, Doris Leuthard, dijo que “muy pocas cosas han cambiado en el mundo en materia de clima”.

La ingeniería climática abarca una serie de intervenciones, que se pueden dividir en dos categorías principales: la eliminación del CO2 de la atmósfera (Carbon Dioxide Removal, CDR) y el control de la radiación solar que llega a la Tierra (Solar Radiaton Management, SRM ).

El primer enfoque incluye la manipulación de los ecosistemas con el fin de aumentar la cantidad de anhídrido carbónico absorbido por la biomasa terrestre (plantas y suelo) o marina. Con la aspersión de sulfatos de hierro sobre la superficie de los océanos, por ejemplo, se favorece el crecimiento de las algas, que fijan el CO2 a través de la fotosíntesis. Soluciones más innovadoras incluyen el uso de “aspiradores” para filtrar el anhídrido carbónico del aire, un campo en el que proyectos suizos prometedores son desarrollados.  

En cuanto a las técnicas SRM contemplan, además de las instalaciones en el espacio, el aumento de la reflectividad de la superficie terrestre, las nubes y la atmósfera. “Al cambiar el color del asfalto, de oscuro a claro, se puede lograr un enfriamiento local, por ejemplo, en una ciudad. Eso podría evitar cientos de muertes durante las olas de calor. Sin embargo, saber si se puede hacer lo mismo a gran escala es otra cosa”, dice Matthias Honegger.

Entre las técnicas SRM más estudiadas y prometedoras está la pulverización de aerosoles en la estratosfera con la ayuda del aviones, proyectiles o globos aerostáticos. “Se logra el efecto de una erupción volcánica”, explica Reto Knutti, profesor en el Instituto de Investigación sobre la Atmósfera y el Clima de la EPFZ.  

Los aerosoles de partículas de azufre, por ejemplo, son liberados en la atmósfera para formar una especie de pantalla que refleja una parte de los rayos solares.  (Hughhunt)

Los aerosoles de partículas de azufre, por ejemplo, son liberados en la atmósfera para formar una especie de pantalla que refleja una parte de los rayos solares. 

(Hughhunt)

“Es bien sabido – añade el investigador - que después de una erupción, como la del Pinatubo, la temperatura disminuye”. El polvo liberado por el volcán filipino en 1991 hizo bajar la temperatura de la Tierra en alrededor de medio grado durante dos años.

Frente a la opción de la Ingeniería Climática, hasta ahora confinada a proyectos de laboratorio o de pequeña escala, surgen sin embargo preguntas cruciales, advierte Reto Knutti: ¿Cuáles son los efectos secundarios? ¿Y cuáles las implicaciones políticas y éticas?”.

Modificar el tiempo y el clima, algunos ejemplos

1877: Un investigador estadounidense propone cambiar la dirección de la corriente oceánica Kuroshio a través del estrecho de Bering. Objetivo: Aumentar las temperaturas del Ártico en alrededor de 15° C.

1929: Un físico alemán sugiere instalar espejos gigantes en una estación espacial para concentrar la radiación solar sobre la superficie de la Tierra y hacer habitable el extremo norte del planeta.

1945: para el director de la UNESCO, la explosión de bombas atómicas en las regiones polares provocaría un aumento de la temperatura del Océano Ártico y el calentamiento del clima en las zonas templadas del Hemisferio Norte.

1967-1972: Durante la guerra de Vietnam, el ejército estadounidense insemina las nubes con yoduro de plata para prolongar la temporada de los monzones.

1989: Un climatólogo estadounidense sostiene que se podría reflejar el 2% de la luz del sol con un escudo espacial situado en la órbita terrestre.

2006: Un químico holandés propone inyectar partículas de azufre en la estratósfera para absorber parte de los rayos del sol y hacer bajar la temperatura de la Tierra.

2010: Investigadores de la Universidad de Ginebra son capaces de crear lluvia artificial gracias a un láser que puede condensar gotitas de agua suspendidas en la atmósfera. 

Mucha incertidumbre 

Es evidente que la manipulación de la atmósfera comportaría cambios importantes, en particular en el ciclo del agua y las precipitaciones, señala Reto Knutti. Su colega en la EPFZ, Ulrike Lohmann, explica que en el caso de los aerosoles en la estratósfera hay menos luz solar que alcanza la superficie de la Tierra, lo que modifica el equilibrio del planeta. “El resultado es una disminución de las precipitaciones a escala mundial, como en efecto se observó tras la erupción del Pinatubo”.

La ingeniería climática podría cambiar por completo nuestra relación con la naturaleza y fortalecer la desconfianza entre las naciones, sostiene James Fleming, historiador de ciencia y tecnología, y autor de un libro (‘Fixing the Sky’) que documenta los intentos por controlar el clima. “Los escandinavos dirían que Inglaterra es responsable de su mal tiempo, y viceversa. El potencial de futuros conflictos es enorme”, afirma en una entrevista con la organización ecologista Greenpeace.

Otro problema: ¿qué pasaría si, por razones políticas, económicas o científicas, se interrumpiera de manera súbita un proyecto de geoingeniería después de 20 o 30 años? “El riesgo sería un calentamiento repentino de 1 o 2 grados, tal vez en un año”, dice Reto Knutti. Un aumento de la temperatura mucho más rápido que el actual, lo que podría tener consecuencias catastróficas.

Sobre todo, la ingeniería climática conlleva el riesgo de distraer la atención de los intentos -y objetivos- de reducción de las emisiones, lo que comprometería las negociaciones internacionales, denuncian sus detractores, incluidas las organizaciones ambientalistas. La geoingeniería, señalan, no ataca el fondo del problema sino que se limita a aliviar los síntomas.

La reflexión de fondo

Buena parte del mundo científico se muestra escéptica o, por lo menos, aconseja prudencia. En la conferencia de Berlín, Mark Lawrence, director científico del Instituto de Estudios Avanzados para la Sostenibilidad, de Potsdam (Alemania), destacó que “ninguno de los enfoques de la ingeniería climática se puede implementar de forma rápida y sin problemas”.

Incluso para comprender las potencialidades, limitaciones y efectos secundarios, es necesaria una reflexión en profundidad sobre la ingeniería climática, insiste Matthias Honegger. Una discusión, añade, que también deberá involucrar al público. 


Traducción del italiano, Marcela Águila Rubín , swissinfo.ch

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