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Colombia y la paz


Sinsabores del “Día D” y cuenta regresiva para el desarme




La Cámara de Representantes (en la imagen) ratificó 30 de noviembre la decisión que el Senado había tomado un día antes  y el acuerdo para la paz en Colombia quedó ratificado.   (AFP)

La Cámara de Representantes (en la imagen) ratificó 30 de noviembre la decisión que el Senado había tomado un día antes  y el acuerdo para la paz en Colombia quedó ratificado.  

(AFP)

Ya no por la vía de la democracia directa, sino de la democracia representativa, el acuerdo de paz entre el Gobierno y la primera fuerza insurgente del país obtuvo la luz verde. Llegado por fin el “Día D”, este jueves inicia el proceso para el desarme de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). El júbilo estalla también en Suiza, pero con sordina…

“El triunfo de las negociaciones de paz es un triunfo agridulce, un triunfo que no resolvió de forma más contundente la polarización política que quedó en evidencia el 2 de octubre”, analiza Juan Fernando Palacio, del Grupo de Académicos y Estudiantes Colombianos en el Exterior, rama helvética de la red internacional de apoyo a la paz en el país andino y doctor en Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de San Gall.

Ratificación del acuerdo de paz

La Cámara de Representantes aprobó (30 Nov) con 130 votos a favor y ninguno en contra el acuerdo de paz entre el Gobierno de Colombia y las FARC. Un día antes, el Senado había hecho lo propio con 75 votos a favor y sin oposición, toda vez que en ambos casos los legisladores contrarios se abstuvieron de sufragar.

A Enzo Nussio, la refrendación también le produce un sinsabor. Ambas vías tenían ventajas y desventajas, señala el investigador del Centro de Estudios para la Seguridad, de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, pero hubiera sido mejor una aprobación por medio de un nuevo plebiscito porque habría permitido una implementación más ágil.

En su opinión, la manera en que se produzca la desmovilización de la guerrilla incidirá en la legitimación del proceso. Una legitimación que, coinciden los académicos, tratarán de socavar los opositores, encabezados por el expresidente Álvaro Uribe, con base en la elección gubernamental de la vía parlamentaria para la refrendación del acuerdo.

Pasto para la crítica

“Si Uribe se hubiera subido al tren, el Congreso habría sido idóneo porque el apoyo al SÍ en un nuevo plebiscito sería incuestionable”, asienta Palacio. El experto colombiano, miembro de la Sociedad Suiza de Americanistas, añade que, sin embargo, “con Uribe por fuera y con el Congreso como vía, Santos le da a Uribe y a su partido un instrumento de campaña política muy potente para el próximo año y medio”.

En efecto, en el marco de la sesión para la refrendación, el excandidato presidencial del uribista Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, espetó: “¿Cómo va a aprobar el Congreso lo que fue rechazado por el pueblo colombiano?”. Una crítica que, de acuerdo con los expertos, habrá de convertirse en caballito de batalla de la oposición, en particular con miras a las presidenciales.

“Las elecciones constituyen un elemento de incertidumbre adicional”, subraya Enzo Nussio. Lo anterior, en el contexto de un proceso para la paz que ha tenido que sortear diversos obstáculos, entre los cuales el NO del plebiscito en un primer intento de refrendación el pasado 2 de octubre.

Cabe recordar que con una baja participación y tras una intensa campaña desinformativa de los partidarios del NO, el acuerdo fue rechazado por la ciudadanía. El texto, que había sido firmado el 26 de septiembre tuvo que ser revisado y renegociado. Primero con los opositores y amplios sectores sociales, y luego con las FARC. Las partes en conflicto signaron el nuevo texto el 24 de noviembre.

Para su refrendación, el Gobierno eligió esta segunda vez el canal legislativo, una vía que en opinión de Juan Fernando Palacio era menos onerosa (“nótese, previene, que Colombia no tiene la infraestructura electoral que tiene Suiza para consultas ciudadanas frecuentes y que habría que buscar recursos para una nueva campaña por el SI”), más rápida y más segura.

El pueblo habría dicho SI

Sin embargo, en su análisis, el plebiscito, pese a representar más riesgos, hubiera arrojado un SI, por una serie de factores, comenzando por el hecho de que “el nuevo acuerdo es una versión claramente mejorada del anterior, lo que convencería a muchos indecisos” en su favor.

Y ello, amén de: “El buen manejo de la situación que el Gobierno y las FARC han dado al NO del 2 de octubre. La claridad que se tiene sobre las estrategias mediáticas del NO, lo que hace que se puedan contrarrestar más fácilmente en una segunda vuelta. El efecto del Nobel de la Paz y del respaldo internacional a Santos y al acuerdo. La movilización ciudadana en pro del acuerdo, tan fuerte y tan activa, que implicaba que miles de personas iban a hacer campaña prácticamente 'gratis' en pro del SÍ, lo que no había pasado antes con tanta intensidad” y hasta el hecho de que un plebiscito en diciembre no iba a coincidir con ningún huracán en el Caribe, que desanimara la asistencia a las urnas, como sucedió el 2 de octubre.

Y, por si fuera insuficiente, “el hecho de que el plebiscito coincidiría con la época navideña, momento del año ideal para hacer una campaña en pro de la paz y de la reconciliación”.  

El plebiscito, ratifica Nussio, habría dado una mayor legitimidad a la refrendación y facilitado la implementación del acuerdo, lo que habría supuesto menos incertidumbre para las FARC. Ahora, sostiene, la forma en que se produzca el proceso de desmovilización (sin violencia, reincidencia o disidencia), incidirá en la legitimación del acuerdo.

Nuestros entrevistados coinciden igualmente en la preocupación de que el proceso de paz que vive Colombia, el primero en llegar tan lejos en 52 años de conflicto armado con las FARC, sea objeto de intereses políticos con vistas a las presidenciales del 2018.

“Uribe no se quiso subir al 'tren' de la paz, cuando habría podido hacerlo, incluso reclamando una victoria parcial frente al electorado, por haber sido el artífice de cambios sustanciales en el acuerdo. Y, decidido esto, le apostó a la dilatación de las negociaciones, con propósitos claramente electorales para las presidenciales del 2018”, enfatiza Palacio.

Agrega que Santos, a pesar de la postura negativa de Uribe, se decidió por el Congreso con la justificación de que ‘una nueva campaña polarizaría de manera peligrosa al país y éste es el momento de la unión y no la división’. “Puede tener razón siendo este año de tan inusual volatilidad electoral en el mundo. Pero la suya es una decisión que tiene consecuencias electorales para las presidenciales del 2018”, concluye.

El “Día D”

Para el presidente Juan Manuel Santos este jueves, ya con la refrendación del acuerdo de paz, es el ‘Día D’ y significa que en cinco días comenzará el desplazamiento de las FARC hacia las Zonas Transitorias Veredales, en donde se concentrarán todos los miembros de esa guerrilla durante los próximos 180 días.

“Allá comienza el proceso de desarme. En el Día D más 150, todas las armas de las FARC estarán en manos de las Naciones Unidas y las FARC dejarán de existir”.

“Este es un paso trascendental en la historia de Colombia, “porque eso significa literalmente que comienza un nuevo amanecer”.

“En un mes todos los miembros de las FARC deben estar ya en estas zonas veredales y en seis meses tendremos el conflicto con las FARC totalmente finiquitado”, subrayó el mandatario.

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