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En plena tempestad


La marina suiza sopla sus 75 velas




El carguero suizo Moléson es capaz de transportar decenas de miles de toneladas de mercancías a granel (cereales, carbón, madera, minerales, etc).   (swiss-ships.ch)

El carguero suizo Moléson es capaz de transportar decenas de miles de toneladas de mercancías a granel (cereales, carbón, madera, minerales, etc).  

(swiss-ships.ch)

El transporte marítimo vive una de las peores crisis de su historia. Las dificultades afectan también a los armadores helvéticos. De ahí que la flota mercante suiza festeje este año sus tres cuartos de siglo bajo negros nubarrones.

Llevan el nombre de personajes famosos como ‘General Guisan’, o de montañas suizas, ‘Cervino’, ‘Monte Rosa’ o ‘Moléson’. Buques de carga con el pabellón rojo y la cruz blanca ondeando en la popa surcan los mares de todo el mundo. Y, aunque la mayoría de las embarcaciones comerciales alemanas, francesas o españolas navegan desde tiempo ha con banderas de conveniencia de Panamá o de Liberia, Suiza puede jactarse de poseer, desde hace 75 años, su propia flota comercial marítima.

Criterios para enarbolar la bandera suiza

Para registrar una nave bajo pabellón suizo, es necesario que el 51% de los accionistas de la empresa propietaria sean de origen suizo y estén domiciliados en la Confederación.

El propietario de la nave no tiene derecho a venderla durante cinco años si goza de los beneficios de la caución helvética. 

Por supuesto, con 49 barcos y una capacidad de transporte global que no excede el uno por mil, Suiza no pretende competir con la marina griega o maltesa y sus millares de cargueros interoceánicos. Empero, cuenta con la flota más grande en el mundo de los países sin litoral, delante de Mongolia.

Se trata de una curiosidad helvética poco conocida por los suizos mismos y cuyo origen se remonta a la II Guerra Mundial. La idea original “era asegurar el suministro de artículos de primera necesidad durante el conflicto armado. La insignia suiza, símbolo de neutralidad, debía permitir ponerse a salvo de los bombardeos y torpedos submarinos alemanes y aliados, lo que no impidió que buques suizos fueran hundidos por los británicos”, señala el periodista Olivier Grivat, coautor del libro ‘Marina suiza: 75 años en los océanos’, recién publicado por las ediciones ‘Imagine’.

Caución cuestionada

Tres cuartos de siglo más tarde, la misión de la marina suiza no ha cambiado. Su función es todavía la de suministrar las mercancías que podrían requerirse en caso de una crisis mayor. Al menos sobre el papel. Y ello, porque la única vez en la historia que se tuvo que movilizar la flota suiza de manera preventiva se produjo hace casi 50 años, durante la Guerra de los Seis Días entre Israel, por una parte, y Egipto, Siria y Jordania por la otra.

Eso no obsta para que las seis empresas privadas que poseen y operan una flota de graneleros (transporte de materias primas a granel), de barcos que transportan químicos y buques de uso múltiple con la bandera suiza deban estar listos en todo momento para cambiar de carga y de ruta bajo las órdenes de Berna.

A cambio de su flexibilidad, la Confederación, sin subvencionar la flota como tal, ofrece una caución de préstamos (hasta por 1000 millones de francos) para apoyar la adquisición de nuevas embarcaciones. Merced a esa garantía, los propietarios suizos gozan de tipos de interés muy favorables por parte de los bancos.

Ahora bien, el crédito marco de garantía, que vence en junio del 2017, es objeto de críticas políticas, y nada indica que el Consejo Federal (Gobierno) vaya a votar a favor de su renovación. En Basilea, puerto virtual de matrícula de la marina mercante suiza - ningún navío de alta mar ha remontado el Rin - y sede de la Oficina Suiza de la Navegación Marítima (OSNM), Reto Dürler reconoce que los tiempos han cambiado.

“Con la liberalización comercial y la globalización de los intercambios, la necesidad de una flota suiza no es tan imperativa como antes. Corresponde ahora al mundo político decidir si quiere o no mantener el pabellón y bajo qué forma”, señala el director de la OSNM.

“La mayor recesión de la historia”

"Cada día, los armadores de todo el mundo pierden grandes sumas de dinero”.

Eric André, presidente de los armadores suizos.

Pero otra razón podría conducir a la Confederación a no renovar su apoyo financiero indirecto a la marina suiza: el creciente riesgo de tener que hacer, por primera vez, un desembolso para ayudar a los propietarios de buques suizos en problemas.

“El transporte marítimo vive la más grave recesión de su historia. Todos los armadores, suizos o extranjeros, están en la misma situación, dice Eric André, presidente de la Asociación de Armadores Suizos (AAS) y de la Sociedad Suiza-Atlántico. La causa: la caída de los precios de las materias primas, pero también el elevado número de embarcaciones - cada vez más imponentes - desde los años fastos de 2003 a 2008.

Las cifras proporcionadas por Eric André, quien con sus 16 navíos gestiona la mayor flota de barcos que navega bajo la bandera suiza, son elocuentes: “A finales de 2008, antes de la crisis económica mundial, las tasas de flete para un barco con una capacidad de 70 000 toneladas alcanzaban hasta 100 000 dólares por día. Hoy, la tasa promedio es de 3 500 dólares, mientras que los costos de operación llegan a 6 500 dólares, sin contar los gastos de amortización y de intereses. Cada día, los armadores de todo el mundo pierden grandes sumas de dinero”.

Eric André no quiere pronunciarse sobre la situación económica de otros propietarios suizos, pero se rumorea que uno de ellos está en la lona. Un rescate financiero de Berna en su calidad de prestamista de última instancia significaría el fin del apoyo político a la caución y, por extensión, al de la marina suiza, afirma Olivier Grivat. Y ello, “porque la única verdadera razón que impulsa a los armadores a enarbolar el pabellón suizo es la garantía financiera otorgada  por la Confederación”, estima el especialista.

Más pequeña, pero siempre ahí

“Con 49 navíos, hemos logrado una suerte de apogeo. Si el crédito de garantía no es renovado, la flota será redimensionada, pero no va a desaparecer".

Reto Dürler, "ministro" suizo de marina.

La bandera roja con la cruz blanca es sin duda un signo de calidad, una garantía de que la mercancía llegará ilesa a buen puerto. Pero eso está lejos de ser un argumento suficiente en este mercado ultra competido del transporte marítimo. Prueba de ello es que la mayoría de los propietarios de buques en territorio suizo, como la naviera ‘Mediterranean Shipping Company’ (MSC), que posee los cuatro mayores portacontenedores del mundo, navega bajo pabellón extranjero.

¿Es el fin de la marina suiza? Reto Dürler se rehúsa a creerlo. “Con 49 navíos, hemos logrado una suerte de apogeo. Si el crédito de garantía no es renovado, la flota será redimensionada, pero no va a desaparecer. Durante décadas, de 15 a 25 barcos han navegado bajo la bandera suiza. Es muy adecuado para un país sin salida al mar”.

Por otra parte, otras embarcaciones, destinadas por ejemplo al transporte de pasajeros o a la investigación científica, podrían contribuir a enriquecer la flota suiza, espera Reto Dürler. En cuanto a los armadores, verían con agrado la navegación bajo el pabellón suizo de las barcazas que surcan el Rin, con la esperanza de que la marina suiza siga despertando el asombro en los puertos del mundo entero. 

Los marineros suizos en peligro de extinción

Mientras que en 1967 empleaba a 611 suizos, la marina nacional cuenta ahora con solamente seis titulares del pasaporte con la cruz blanca en sus filas. Eso representa menos del 1% de los 868 marinos contratados en los 49 barcos con pabellón suizo.

El oficio ha perdido mucho de su atractivo en las últimas décadas, explica Reto Dürler, director de la Oficina Suiza de la Navegación Marítima. “Hoy en día, los jóvenes pueden explorar el mundo con vuelos baratos y sin tener que dejar a sus familias durante meses. El estrés a bordo, los bajos salarios, las cortas escalas y los puertos cada vez más distantes de las ciudades también han desalentado a los candidatos suizos”.

Un respiro tuvo lugar en 1990, con la contratación de cientos de jóvenes marineros suizos. Durante un período de cinco años, la Confederación decidió pagar la diferencia entre el salario percibido a bordo y el de tierra. Tiempo pasado. El modesto crédito de 20 000 francos asignado por Berna a los jóvenes suizos alumnos de una escuela de oficiales de marina en el extranjero será suprimido en el próximo programa de recortes de la Confederación. 

¿Un riesgo para la reputación de Suiza?

La Radio y Televisión Suiza (RTS) revelaba a finales de abril que un petrolero con bandera suiza había transportado en tres ocasiones, en 2015, diésel a un puerto en poder del régimen sirio de Bashar al-Assad. Un comercio legal, ya que el diésel no figuraba en la lista suiza de los productos bajo sanción. Sin embargo, ha sido criticado por varios parlamentarios que han denunciado una “falla” en el sistema legislativo helvético.

“El caso fue aclarado en acuerdo con las otras instancias concernidas de la Confederación y resultó que todos los procedimientos habían sido respetados”, explica Reto Dürler, director de la Oficina Suiza de la Navegación Marítima. “Tenemos contactos regulares con los armadores para asegurarnos de que no efectúen transportes que puedan dañar la reputación de Suiza. Son muy sensibles a ese tema y no van a correr riesgos sin consultarnos”.

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Traducido del francés por Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch

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