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Punto de vista


Escocia: un auténtico triunfo del poder ciudadano


Por Bruno Kaufmann, Falun, Suecia


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Por Bruno Kaufmann

La población escocesa se ha pronunciado contra la independencia: el 55% votó en contra, el 45% a favor. Pero con este referéndum ha reivindicado más derechos democráticos para los ciudadanos. El fascinante proceso vivido en Escocia puede convertirse en un modelo para otros referendos de independencia y alentar el debate sobre los derechos populares en el resto del mundo, escribe Bruno Kaufmann, redactor jefe de people2power.info.

Jóvenes que se oponían a la independencia de Escocia celebran la victoria en el Royal Highland Centre de Edinburgo. (Keystone)

Jóvenes que se oponían a la independencia de Escocia celebran la victoria en el Royal Highland Centre de Edinburgo.

(Keystone)

Las cifras hablan por si solas. El 84,5% de los escoceses inscritos en el censo electoral acudieron a las urnas en un día histórico como este 18 de septiembre. Se trata de la participación más alta desde 1945 registrada en una votación popular en el Reino Unido.

“Se respiraba un ambiente fantástico”, afirmó una estudiante de 16 años de Aberdeen, tras visitar un colegio donde probablemente tomó la decisión hasta ahora más importante de su vida. “¡Es genial, mi voz cuenta en este país!”.

Según el recuento final, 3.623.344 ciudadanos emitireron su voto: 1.617.989 a favor (44,7%) y 2.001.926 en contra de la independencia (55,3%).

Bruno Kaufmann

De origen suizo, Bruno Kaufmann es presidente del Instituto Europeo de la Iniciativa y el Referéndum (IRI, un laboratorio de ideas transnacional) y copresidente del Foro Global sobre Democracia Directa Moderna. Además, es el corresponsal en el norte de Europa de Radio SRF del ente público suizo SRG SSR y redactor jefe de people2power.info, una plataforma creada y albergada en swissinfo.ch.

De lo que más orgullosos se sienten los escoceses es de haber tenido voz y voto en un asunto tan trascendental y de haber participado en el debate público durante todo el proceso de referéndum.

Tanto los defensores como los adversarios de la independencia dejaron una cosa muy clara en los días previos al referéndum: la gente en Escocia, Reino Unido y Europa necesita más poder democrático, no menos.

En un último intento por inclinar la balanza a favor de los unionistas, los ‘tres amigos’ de Londres –David Cameron (Partido Conservador), Ed Miliban (Partido Laborista) y Nick Clegge (Partido Liberal)– incluso viajaron a Edimburgo.

Es verdad que durante la campaña oficial ambos bandos exageraron y a veces echaron más leña al fuego. Algunos intentaron minar el amplio debate público y limitarlo a las repercusiones para la seguridad nacional, el Estado de derecho, qué divisa adoptaría una Escocia independiente y cómo proceder con su integración en la Unión Europea (UE).

Es lo que reflejaban las declaraciones de múltiples observadores y analistas extranjeros, posiblemente con la esperanza de transformar el referéndum escocés en un precedente para su propia causa a favor o en contra de una mayor autonomía e independencia. Incluso hubo políticos rusos que intentaron instrumentalizar la votación para justificar sus ambiciones en Crimea, y los líderes políticos en Bruselas lanzaron una advertencia contra una ‘balcanización de Europa’.

Mientras no se alcance un acuerdo sobre un proceso de referéndum con la entidad que se pretende abandonar, más difícil resultará organizar una votación ciudadana libre y justa.

Lo que se les escapó a muchos activistas y observadores es el verdadero proceso de referéndum. La extraordinaria madurez democrática que han demostrado los escoceses es un modelo de una verdadera votación popular. Cabe destacar tres aspectos: la magnitud de la participación ciudadana, la aceptación general y el desarrollo del proceso electoral.

Nunca antes en la historia moderna de Reino Unido se habían sumado tantos ciudadanos a los debates públicos y las manifestaciones durante un proceso tan largo. La gente entendió que en este referéndum no se trataba de entregar su voto a otro, sino de expresar con él la propia opinión.

“He votado en todas las elecciones desde que cumplí los 18 años, pero jamás me he sentido como ahora”, confesó un señor mayor a la salida del colegio electoral en Kirkwall, Orkney. Es obvio que los ciudadanos supieron distinguir una decisión tan trascendental de una tradicional elección entre diferentes candidatos en unos comicios corrientes.

Segundo: el denominado Acuerdo de Edimburgo que firmaron Escocia y el Gobierno británico el 15 de octubre de 2012 allanó el camino para la organización de una votación popular. Uno de los inconvenientes de los referendos de soberanía en el Reino Unido y otras partes del mundo es que no están contemplados en la Constitución, ni pueden ser convocados por una iniciativa ciudadana.

Aun así, el Reino Unido y Escocia lograron superar estos escollos y ponerse de acuerdo sobre el derecho de voto y otros pilares del referéndum. Una diferencia significativa respecto a otras tentativas similares en Europa de organizar referendos de soberanía, como en Cataluña o la región italiana del Veneto. Mientras no se alcance un acuerdo sobre un proceso de referéndum con la entidad que se pretende abandonar, más difícil resultará organizar una votación ciudadana libre y justa.

Tercero: el desarrollo de ‘#Indyref’ –como se denominada en las redes sociales el referéndum de independencia en Escocia– constituye un modelo de cómo organizar y concretizar una decisión democrática de esta envergadura. Se necesita una vasta campaña para informar a la población, estrictas normas de transparencia y una infraestructura comprensible para facilitar la participación en los debates y la afluencia a las urnas.

Durante las semanas previas al 18 de septiembre, se podía votar por correo y el día del referéndum nada más y nada menos que 5.579 colegios electorales permanecieron abiertos durante 14 horas a lo largo y ancho de Escocia. Estos servicios públicos no fueron los únicos que contribuyeron a formar una opinión pública informada y empoderada, sino también los esfuerzos de muchos medios de comunicación, entre ellos algunos impulsados por ciudadanos como bellacaledonia.org.uk.

Pese a la desesperación por su derrota, muchos independentistas conservaron el optimismo durante el debate público gracias a estos aspectos positivos.

“Este es solo el inicio, no el final”, afirmó este viernes uno de los partidarios del ‘sí’ nada más conocerse el resultado. “La población de Escocia ha ganado”.

Pero esta ‘victoria’ es solamente un paso, pues tienen muchos desafíos y problemas por delante, y no hay garantías de que las promesas de Londres se cumplan, y aún menos si después de las elecciones generales de 2015 en Gran Bretaña llegara al poder una coalición de conservadores y el Partido de la Independencia del Reino Unido (Ukip).

Es más, no existe un proceso constitucional formal, como en Suiza, que permitiría a los escoceses retomar todo el proceso. En efecto, habrá (o tendrá que haber) más cambios. Después del 18 de septiembre, la ciudadanía activa y la democracia participativa desempeñarán un papel tan importante como nunca antes, y no solo en Escocia, sino en otras partes de Gran Bretaña, Europa y el resto del mundo.

Y aunque algunas voces o fuerzas no mantengan su promesa de conceder más poderes democráticos a los ciudadanos, la población ha aprendido algo: el proceso de referéndum en Escocia es mucho más que un simple ‘sí’ o ‘no’ a la independencia; es la expresión de una nueva cultura política – un verdadero triunfo del poder ciudadano.

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.


Traducción del inglés: Belén Couceiro, People2Power

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