El final de la Guerra Fría ha permitido a Suiza desarrollar una política exterior más activa. En los últimos años ha asumido un papel cada vez mayor de país mediador y representante de los intereses diplomáticos.

En 2009, por ejemplo, los diplomáticos suizos desempeñaron un papel clave al propiciar con éxito las conversaciones para normalizar las relaciones entre Turquía y Armenia. El histórico acuerdo fue rubricado en Zúrich, en el año 2009. Suiza se ha involucrado igualmente en los esfuerzos de mediación en Oriente Medio, Sri Lanka y Colombia.

Zúrich fue escenario de las conversaciones que sostuvieron el Gobierno popular de José María Aznar y la banda terrorista ETA en mayo de 1999. Suiza sigue siendo un lugar muy adecuado para albergar conversaciones internacionales y un ejemplo reciente de ello es la reunión entre los representantes de Estados Unidos con los de Irán y Rusia.

Pero Suiza también ha atravesado momentos difíciles en sus relaciones diplomáticas. La detención en Ginebra de Hanibal, el hijo de Muamar Gadafi, desató una crisis que llevó a Trípoli a cerrar las empresas suizas en Libia, suspender los vuelos y prohibir durante meses que los empresarios suizos salieran de Libia. Gadafi dejó libre a uno de ellos y envió al otro a la cárcel (fue puesto en libertad posteriormente). Las relaciones bilaterales fueron gélidas hasta el derrocamiento del coronel libio.

Para más información consulte la página del Ministerio suizo de Asuntos Exteriores.

Buenos oficios

El proporcionar ‘buenos oficios’ sigue siendo una finalidad de la política exterior suiza. Suiza representa actualmente los intereses de EEUU, Rusia, Irán y Georgia en diferentes casos. De 1961 a 2015, Suiza representó también los intereses de EEUU en Cuba y viceversa.

Entre otras de sus metas figuran igualmente la protección de los intereses suizos, la promoción mundial de los derechos humanos y el buen gobierno, así como la protección del medio ambiente y los recursos naturales.

Los esfuerzos más visibles son los proyectos de cooperación al desarrollo de Suiza que, en términos generales, centran su atención en las naciones más pobres bajo el principio de la autoayuda.

Suiza y la UE

Suiza no es miembro de la Unión Europea. Sin embargo, cuando la mayoría de los suizos esté convencida de que la UE es una sólida realidad, aumentarán las posibilidades de ingreso en ella.

Aún así, el país forma parte del Espacio Schengen, un área libre de controles fronterizos externos y con una política común de visados. 

En 1992, los electores rechazaron por estrecho margen la adhesión el Espacio Económico Europeo. Los otros tres países miembros de la Asociación Europea de Libre Comercio (EFTA), Islandia, Liechtenstein y Noruega, decidieron entrar a formar parte del EEE, aunque la EFTA sigue existiendo. En Bruselas permanece adormecida una solicitud de ingreso presentada por Suiza. En vista del sistema suizo de democracia directa, una solicitud efectiva de entrada a la UE tendría que ser sometida a votación nacional y obtener la mayoría de votos de los ciudadanos y de los cantones (doble mayoría). 

Esta tibia actitud con respecto a la UE obedece a ciertos factores. La Unión es percibida como escasa en materia de instituciones democráticas y se considera que harían falta muchas restricciones en el habitual sistema suizo de la iniciativa popular y el referéndum para compatibilizarlo con las normas de la UE. Los costes también preocupan, porque Suiza se convertiría en un contribuyente neto a las arcas de la UE, y hay dudas también sobre la compatibilidad de la neutralidad helvética con la normativa de la UE. 

La respuesta pragmática del gobierno suizo desde 1992 es el establecimiento de conversaciones bilaterales con la UE y la firma de más de 20 acuerdos bilaterales importantes.

Sin embargo, estos acuerdos bilaterales quedaron en entredicho el 9 de febrero de 2014, cuando los suizos aprobaron una iniciativa para limitar la llegada de inmigrantes. Para Bruselas, esta decisión viola el acuerdo de libre circulación de personas entre países miembros de la UE que Suiza ha firmado.

Suiza es también miembro del Pacto de Estabilización en el Sureste de Europa y ha aportado más de 1.000 millones de francos a favor de los nuevos países de la Europa Oriental.

Para asegurarse de que Suiza no sufrirá discriminación al no ser miembro de la UE, la legislación suiza en muchos campos, incluyendo el del comercio, ha sido redactada conforme a la de la UE. Pero la indicación más clara de que el asunto está en suspenso es que el gobierno suizo ya no tiene como un objetivo inmediato el ingreso en la Unión Europea. Tal afiliación es señalada ahora como “una opción”.

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