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Preocupación en el arco del Jura


La relojería suiza camina con el viento en contra


Por Samuel Jaberg, Le Locle y Les Brenets (cantón de Neuchâtel)


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El taller de Gilbert Petit-Jean en Les Brenets ha anunciado que suprimirá 60 empleos. (swissinfo.ch)

El taller de Gilbert Petit-Jean en Les Brenets ha anunciado que suprimirá 60 empleos.

(swissinfo.ch)

Tras varios años de fuerte crecimiento, el sector relojero helvético experimenta una desaceleración que no veía desde la crisis económica de 2009. En las empresas del Arco del Jura, cuna de la relojería suiza, los anuncios de despidos se multiplican desde hace unas semanas y el 2016 no parece traer mejores augurios.

En apariencia, los valles del Jura respiran serenidad bajo un intenso sol otoñal poco habitual en esta época del año. Los aparcamientos repletos delante de las imponentes manufacturas –símbolo de un auge sin precedentes– que en la última década brotaron como setas alrededor de las principales metrópolis relojeras, parecen reflejar una actividad sostenida.

Despidos y cierres

Neuchâtel es el cantón con más empresas relojeras del país. Cuenta con numerosas firmas dedicadas a la subcontratación que se han visto seriamente afectadas por el bache que atraviesa el sector desde hace unos meses.

En mayo, la crisis entre Rusia y Ucrania tuvo un impacto en la demanda de relojes suizos y llevó a Ulysse Nardin a anunciar el despido de 26 de sus 320 colaboradores en la Chaux-de-Fonds y Le Locle. Bulgari cerró uno de los dos centros de producción que tenía en Chaux-de-Fonds, donde trabajaban 20 personas.

En julio pasado, la empresa Christophe Claret recortó 20 empleos. En octubre, Parmigiani despidió a 17 de sus 100 asalariados en el centro que tiene en Fleurier. Los talleres Gilbert Petit-Jean, en Brenets, tendrán que recortar un tercio de la plantilla de 207 efectivos. Y Prototec, en La Joux-Perret, prevé una quincena de despidos.

Los sindicatos no descartan otros anuncios de aquí a fines de año. Un fenómeno que afecta a otras regiones relojeras en Suiza, pero hasta ahora en menor proporción.

El esplendor se desvanece, sin embargo, en el interior de las fábricas. Una desesperante morosidad parece haberse hecho del mando, presagio de una crisis que no se atreve aún a pronunciar su nombre. “La mayoría de las grandes marcas relojeras han conseguido evitar, al menos por el momento, los despidos o el recurso al desempleo parcial gracias a las ganancias que atesoraron en los años previos. Pero todos los talleres avanzan hacia una desaceleración”, afirma un experto del sector que pide el anonimato, porque forma parte de un microcosmos donde la discreción es un valor cardinal.

Para las marcas pequeñas y los proveedores independientes, no obstante, la realidad es una muy distinta, pues han sido los primeros afectados por un viraje coyuntural que ya es imposible ocultar: los anuncios de despidos y de desempleo parcial se multiplican desde el verano pasado. Esto, sin contar con que muchos trabajadores temporales escapan al radar de los sindicatos y no ven reflejada su situación en las estadísticas oficiales.

Candado en la puerta y patrón ausente

En Brenets, en el cantón de Neuchâtel, a unos metros del río Doubs que delimita la frontera entre Suiza y Francia, Philippe Petit-Jean, director de los talleres que llevan su nombre, anunció recientemente el despido de 60 de sus 207 empleados.

Hace unos días, y no sin vacilar antes, el directivo había aceptado recibirnos para hablar sobre las dificultades que atraviesa su empresa familiar, conocida en el medio por su especialización en el ensamblaje de movimientos mecánicos para relojes. Pero los planes cambiaron en el último minuto. “Lo sentimos, no podrá recibirlo, tuvo que ausentarse esta tarde”, nos comunica la lacónica voz de una de sus empleadas tras habernos hecho esperar un largo rato frente a la puerta de entrada.

“Philippe Petit-Jean es un patrón honesto que goza de una gran consideración entre sus empleados. Si ha tenido que realizar un recorte de personal tan radical es porque seguramente no tenía otro camino, la recuperación se anticipa difícil en 2016”, dice en su defensa Francisco Pires, especialista en el sector relojero del sindicato UNIA, en La Chaux-de-Fonds.

Los inventarios están desbordados

Francisco Pires refiere que esta desaceleración no fue súbita. “Observamos una caída en los pedidos hace un año más o menos, pero la situación empeoró en los últimos meses”. Las exportaciones relojeras cayeron un 7,9% en septiembre con respecto al mismo mes de 2014. Algo que no se observaba desde la crisis económica de 2009. Sin embargo, estas cifras no reflejan una realidad que es más inquietante aún: Desde hace más de un año, posiblemente dos, los almacenes de muchas marcas rebosan de mercancías, afirman los expertos de esta rama productiva.

Varios factores explican lo anterior: el conflicto ucraniano, la caída del rublo, la explosiva situación que vive Oriente Medio, la  campaña china contra la corrupción y la pérdida de ritmo económico que vive China, así como la llegada de relojes inteligentes o la fuerte apreciación del franco suizo desde principios de año. “La decisión [del Banco Nacional Suizo] de suprimir el tipo de cambio mínimo frente al euro el pasado 15 de enero nos ha hecho perder 1 000 millones de francos suizos en ingresos”, declaraba a principios de noviembre Nick Hayek, director del Grupo Swatch, el principal gigante relojero del mundo, en una de las columnas del dominical ‘NZZ am Sonntag’.

La decisión de suprimir el tipo de cambio mínimo frente al euro el pasado 15 de enero nos ha hecho perder 1 000 millones de francos en ingresos

Nick Hayek, patrón del Grupo Swatch

En opinión de varios observadores, sin embargo, los relojeros suizos tampoco pueden atribuir a factores externos todos los males que padecen, pues ellos también tienen una dosis de culpa. “Se hartaron de ganancias fáciles durante años; ingresos derivados de un crecimiento que parecía infinito y que no era producto de sus méritos, sino de un imprevisto crecimiento de la tarta que se repartían. Y muchos integrantes de la industria relojera dedicaron esos inusuales beneficios a financiar alucinantes campañas publicitarias, a realizar manufacturas fastuosas y a materializar inversiones irracionales para quiméricas ’verticalizaciones’ [una compañía crea subsidiarias para que sean sus proveedoras de materiales] de sus empresas”, dice Grégory Pos, editor del sitio web business montres & joaillerie.

Sobreproducción

“No se puede reprochar a las empresas que hayan realizado grandes inversiones durante los últimos años”, afirma Romain Galeuchet, responsable de Comunicación la Convención Patronal de la Industria Relojera (CP). A su juicio, lo que hicieron muchas marcas fue simplemente adaptar sus estructuras de producción a las necesidades de un mercado, en el que el Grupo Swatch les advirtió de que ya no seguiría vendiéndoles los componentes de movimientos mecánicos que requerían sus competidores. Pero reconoce que, posiblemente, algunos relojeros vieron las cosas demasiado en grande e intentaron adaptar sus estructuras de producción demasiado rápido”.

Las cifras, de hecho, dan cuenta del apogeo que se vivió en el pasado reciente. Hoy, la industria relojera cuenta con 60 000 empleados, 10 000 más que hace solo cuatro años. Solo durante los años 70, en la fase previa a la crisis del cuarzo, se había observado tal número de efectivos.

Para este año, la CP espera un estancamiento del empleo o, incluso, un retroceso de hasta 5%. “En 2009, tras la crisis financiera mundial, la relojería perdió 4 000 empleos, que representaban entre 8 y 9% de su plantilla”, recuerda Romain Galeuchet.

Trabajadores transfronterizos franceses

Desde su oficina en Le Locle, patrimonio de la Unesco por la belleza de su urbanismo relojero, el alcalde de izquierda Denis de la Reusille comparte las inquietudes sobre lo que sucede en este sector y el impacto que tendrá para las arcas locales.

“Habrá una ligera caída en los ingresos fiscales repercutirá en las finanzas públicas de la ciudad, pero no estamos ante la peor crisis que ha vivido el sector relojero. La situación varía mucho de una empresa a otra. Las más pequeñas sufren intensamente, mientras que las grandes marcas de la región siguen ganando dinero”, anota.

El alcalde de Le Locle hace referencia tácita a Tissot, una de las principales marcas del Grupo Swatch, que aún reporta resultados radiantes. Esta ciudad, enclavada en las montañas de Neuchâtel, registra una cifra récord de empleo, con 8 000 puestos para un total de 10 500 habitantes, la mayoría de ellos en la industria relojera, destaca De la Reusille.

Sin embargo, esta elevada tasa de ocupación se debe en gran medida a que en el 40% de los casos, los trabajadores del municipio de Le Locle son transfronterizos. Por ejemplo, en Gilbert Petit-Jean, en la vecina localidad de Brenets, cuatro de cada cinco trabajadores atraviesan cada día la frontera para venir a trabajar a Suiza. “En los meses por venir, y particularmente en las regiones limítrofes con Francia, se observará un pronunciado aumento del desempleo”, predice el sindicalista Francisco Pires para un sector que camina con el viento en contra.


Traducción del francés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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