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Punto de vista La campeona imaginaria

Eine Frau sitzt auf einer Holzkuh

La señorita Suiza en Río de Janeiro en 2016 durante la inauguración de la Casa de Suiza.

(Keystone)

Suiza destaca en la clasificación de desarrollo económico a escala mundial, pero tiene malas notas a causa de los costes sociales y ecológicos que genera en todo el globo. Jakob Tanner considera que el país debe evitar cegarse con su autofabricada versión de una Suiza brillante.

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Por Jakob Tanner

Según su propio sitio web, su aparición se propició luego del escándalo de las cuentas judías dormidas en bancos suizos en la época del Holocausto. Sorprendida por los acontecimientos, Suiza en los 90 quedó sumergida en una crisis de imagen. Había que reparar el daño y mejorar la percepción del país alpino con una promoción de imagen de un costo millonario.

Jakob Tanner es profesor emérito de Historia y Actualidad y de Histoira de Suiza en el Seminario de Historia de la Universidad de Zúrich. 

(Keystone / Steffen Schmidt)

Antes se le llamaba a este tipo de operación propaganda y nunca tuvo fama de ser fiel a los hechos. La posición de liderazgo puede ser engañosa y tener un impacto político desastroso si un país, pequeño y neutral, tiene la tendencia fatal de asumir las historias de éxito al pie de la letra con el propósito de ser optimista, ya que después puede enfrentarse a una emergencia política interna, como fue el caso con las cuentas dormidas. En este sentido, Suiza no ha aprendido de la lección.

Hoy, Suiza es un país próspero, conocido por la alta calidad de vida y la belleza de sus paisajes. En vista del impresionante auge de los indicadores de bienestar y riqueza no es difícil reunir ejemplos que transmitan una sensación de que el país se encuentra en la cumbre:

El Foro Económico Mundial (WEF, en sus siglas en inglés), que se reúne anualmente en Davos, coloca a Suiza en el cuarto lugar de su índice de competencia mundial. También ocupa el cuarto lugar en el Índice de Libertad Económica de la ‘Heritage Foundation’ y el tercero en el informe Global del Monitor ‘Entrepreneurship’. En el Índice de Desarrollo Humano de la ONU ocupa el segundo lugar después de Noruega. En el Índice de Desempeño Ambiental, publicado por el WEF con la colaboración de varias universidades americanas, brilla en primer lugar. Esta lista podría ampliarse.

Presencia SuizaEnlace externo pertenece al Ministerio de Asuntos Exteriores y es responsable de promocionar la imagen de Suiza en el extranjero. Presencia Suiza apoya la protección de los intereses de Suiza con instrumentos de relaciones públicas. Según la página web, esto incluye "la creación de simpatías por Suiza y la presentación de la diversidad y el atractivo de Suiza.

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Por otro lado, cuando se estiman los costes sociales y ecológicos causados por Suiza en otras partes del mundo, la mirada es sombría. Suiza también ocupa el primer lugar en el Informe de Desarrollo Sostenible 2019 de Fundación Bertelsmann, que examina qué países impiden que otros alcancen los objetivos de desarrollo sostenible. A diferencia de Suecia, que también es un país rico, Suiza se coloca como uno de los países que más se aprovechan de los beneficios de la distribución de la riqueza a escala global. 

Punto de vista

swissinfo.ch publica artículos de opinión de colaboradores externos sobre una amplia gama de asuntos: temas suizos o que afectan a Suiza. La selección de artículos presenta una diversidad de opiniones que busca enriquecer el debate.

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Tampoco tiene buena imagen su sector financiero. Suiza no destaca ni en transparencia fiscal y ni en transparencia en las inyecciones a los partidos políticos. Tampoco en la lucha contra el blanqueo. En el índice del Banco Mundial que documenta la facilidad para hacer negocios y la regulación corporativa (‘Ease of Doing Business Index’), Suiza ha caído del 15º al 38º lugar en los últimos 12 años. Incluso si se mide la calidad de la democracia y la igualdad de oportunidades entre los sexos, las notas no son buenas.

Además, la industria encargada de hacer estas clasificaciones mundiales tiene sus propios problemas de credibilidad. No obstante, la comunicación global hoy se basa en gran medida en tales instrumentos de medición y evaluación, por lo que la crítica fundamental no llega muy lejos.

El culto a la cuantificación y a estas clasificaciones fomenta una comprensión tecnocrática del Estado. La fijación en estas comparaciones internacionales amenaza la toma de decisiones políticas prudentes. Suiza debe tener cuidado de no dejarse cegar por una versión brillante de su imagen.

Este comentario fue publicado por primera vez en ‘Das MagazinEnlace externo'.

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Las opiniones expresadas en este artículo son del autor y no muestran posición alguna de swissinfo.ch.


(Adaptación del original en alemán: Patricia Islas)

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