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Punto de vista


Una explicación del ‘shock’ suizo


Por Markus Brunnermeier y Harold James


Por Markus Brunnermeier y Harold James

La decisión del banco central de abandonar la vinculación del franco del euro tiene un precedente histórico: en la Alemania de finales de los años 1970, sostienen Markus Brunnermeier y Harold James, profesores en Princeton.

Desde que estalló la crisis de la deuda soberana europea en 2009, todo el mundo se ha preguntado qué pasaría si un país saliera de la eurozona. En un principio el debate se centró en los países que estaban en crisis, Grecia o tal vez Portugal, España o Italia. Luego vino una discusión más bien hipotética sobre lo que sucedería si un país con gran superávit, como Finlandia o Alemania, saliera.

Al final surgió el consenso de que la salida de un país podría provocar un colapso más generalizado, como la caída de Lehman Brothers en 2008. Ahora, el caso de Suiza nos ilustra algunos de los riesgos que podrían surgir si un país con superávit dejara la eurozona.

En septiembre de 2011, Suiza vinculó su moneda al euro para frenar la rápida apreciación del franco tras la crisis financiera global que estalló en 2008. Así, el país se convirtió en un miembro adjunto temporal de la unión monetaria europea. Pero el 15 de enero, el Banco Nacional Suizo (BNS), de forma súbita y sorprendente, abandonó la vinculación al euro.

Desde luego, salir de una unión monetaria real es mucho más complejo y tiene más consecuencias jurídicas que dar por terminado un acuerdo temporal de tipo de cambio. El efecto de tal maniobra se amplificaría en gran medida. No obstante, las acciones de Suiza revelan al menos algunas incertidumbres que provocaría la salida de un miembro de la Unión Europea.

El BNS no se vio obligado a actuar por una ola de especulaciones. No hubo una crisis financiera que lo forzara a dar ese paso y, en teoría, la dirección del BNS podía haber mantenido el tipo de cambio y comprado activos extranjeros indefinidamente. Sin embargo, las críticas contra el BNS por acumular grandes reservas en monedas extranjeras (activos denominados en euros) estaban creciendo en el país.

La derecha conservadora, en particular, no veía con buenos ojos el riesgo al que estaba expuesto el BNS. Por temor a que los bonos de la eurozona no fueran seguros, pusieron el grito en el cielo para exigir que el banco central adquiriera reservas en oro y consiguieron incluso someter el tema a referéndum. Aunque la iniciativa que determinaba una parte fija de reservas en oro no prosperó, la perspectiva de mayores facilidades cuantitativas por parte del Banco Central Europeo, así como la reciente caída del euro frente al dólar, acentuaron la presión política para abandonar la vinculación al euro.

Mientras los economistas han desarrollado buenos modelos para los ataques financieros, apenas hay estudios sobre situaciones donde la presión política se vuelve insoportable y los bancos centrales ceden. El BNS, por ejemplo, proclamó que mantendría la vinculación incluso días antes de anunciar su decisión. Ahora los mercados dudarán si dar crédito a las declaraciones de los bancos centrales sobre las medidas que se plantean adoptar, y será mucho más difícil aportar ayudas de orientación para la futura política monetaria (un instrumento muy importante después de la crisis).

Hay antecedentes históricos del triunfo de las presiones políticas y de la reciente conducta de Suiza. A finales de los años sesenta, el Bundesbank tuvo que comprar valores en dólares para impedir la apreciación del marco alemán y preservar la integridad del tipo de cambio fijo. El debate en Alemania se centró en los riesgos que significaba para la hoja de balance del Bundesbank y en las presiones inflacionarias derivadas de la vinculación de la moneda. En su momento, algunos conservadores alemanes habrían querido comprar oro, pero el Bundesbank había prometido a la Reserva Federal que no presionaría el dólar a la baja intercambiando sus reservas por oro.

Markus Brunnermeier es profesor de Economía y director del Bendheim Center for Finance en la Universidad de Princeton.

Harold James es profesor de Historia y Relaciones Internacionales en la Universidad de Princeton, así como profesor de Historia en el Instituto Universitario Europeo de Florencia. 

En 1969, Alemania revaluó de forma unilateral el marco. Pero no fue suficiente para detener la entrada de divisas extranjeras y el Bundesbank tuvo que seguir interviniendo. El banco volvió a bajar su tasa de interés, pero la entrada de divisas extranjeras prosiguió. En mayo de 1971, el gobierno alemán abandonó contra la voluntad del Bundesbank la vinculación del marco al dólar y permitió su libre fluctuación.

La política se impuso a los compromisos del banco central. En menos de tres meses, la consecuencia fue la destrucción de todo el sistema monetario internacional, y el presidente estadounidense Richard Nixon retiró el dólar del patrón oro. La credibilidad del sistema de compromisos de los bancos centrales desapareció y la política monetaria internacional se volvió extremadamente inestable. El marco alemán se apreció y complicó la vida a los exportadores alemanes.

Hoy, las ramificaciones globales de las acciones de un banco central importante son mucho más pronunciadas que en 1971. Cuando el Bundesbank actuó de forma unilateral, los bancos alemanes no eran muy internacionales. Ahora, las finanzas son globales, lo que supone una gran exposición de las hojas de balance a la volatilidad de las divisas.

Los grandes bancos suizos se financian en francos suizos, porque mucha gente quiere la seguridad de los valores denominados en esa divisa. Después adquieren activos en otras partes del mundo en otras monedas. Cuando el tipo de cambio se modifica abruptamente, los bancos sufren grandes pérdidas – una versión a gran escala de la estrategia de los ingenuos propietarios de viviendas húngaros que pidieron préstamos en francos suizos para financiar sus hipotecas.

Aunque el BNS había señalado varias veces que la vinculación al euro no era permanente y pese a que había impuesto una mayor cuota de capital propio a los bancos, el anuncio de la desvinculación del euro causó una gran conmoción. Las acciones de los bancos suizos cayeron más rápido que el índice principal suizo.

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.

Los riesgos derivados de la decisión del BNS –y transmitidos a través del sistema financiero– son importantes. Las repercusiones negativas para la economía suiza –con la pérdida de competitividad de sus sectores de exportación (incluidos el turismo y la industria farmacéutica) – posiblemente ya muestran que abandonar la vinculación al euro no fue una buena decisión. 

Pero las consecuencias no se limitarán a Suiza. Después de preguntarse durante años si la salida de un país pequeño y financieramente débil como Grecia podría socavar el euro, la clase política tiene que digerir ahora una conmoción incluso mayor, la salida de un país pequeño, pero financieramente fuerte, que ni siquiera es miembro de la Unión Europea.

(Este artículo se publicó primero en el portal Project Syndicate)


Traducción de Kena Nequiz, Universidad de Princeton

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