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Quinten Un pueblo soleado que quiere salir de la sombra

Anfahrt nach Quinten


El pequeño pueblo suizo de Quinten, en San Gallen, al que solo se puede acceder en barco, está luchando por sobrevivir. Una fundación local quiere traer gente más joven al pueblo. Una "prima para niños" causa hoy gran revuelo. Una visita.

Le llaman "La Riviera de la Suiza Oriental". Forma parte de la comuna de Quarten. En su territorio, al pie del macizo de Churfirsten, las palmeras, los higos y los kiwis prosperan junto a las vides. Pero Quinten sufre la enfermedad de las regiones periféricas: el envejecimiento.

En este pueblo viven 38 personas, con una edad media de 56 años. Quinten es una zona periférica y un área recreativa. Su parte soleada a orillas del lago Walen es un destino popular para los excursionistas. Se encuentra a solo una hora de Zúrich. Sin embargo, los que viven en Quinten dependen del servicio de botes que cruza el lago, aunque sólo sea para hacer compras.

Con este telón de fondo y la falta de nueva sangre en el pueblo, los habitantes tuvieron una idea: ofrecer una "prima por cada niño en el pueblo" para atraer a las familias. Quien se establezca recibirá 200 francos al mes. Una fundación creada con este fin pagaría un máximo de 20 000 francos por niño hasta los 20 años. "Todavía tenemos tres niños en el pueblo", indica el presidente de la fundación Joel Schmid.

La maestra

"En 1960, la escuela de Quinten tenía 23 alumnos", recuerda Marianne Giger, de 83 años. En 1973 la escuela cerró. Giger llegó en 1959 a la edad de 21 años y se quedó. Se casó con un pescador profesional y tuvo siete hijos. "El subsidio infantil que ahora ofrecen les habría salido muy caro con nuestros hijos", se ríe.

Lehrerin zeigt Bild einer Schulklasse

Marianne Giger, otrora maestra de la escuela, hoy cerrada, en Quinten. En sus manos muestra una imagen con sus alumnos en el año 1960.

(Roger Wehrli)

Ella piensa que el proyecto es bueno, pero enfatiza: "Las familias tienen que ser capaces de pasar el invierno aquí”.

El turismo

La fundación ya ha utilizado otros medios para dar nueva vida al único pueblo que verdaderamente está libre de coches en Suiza. 

Un ejemplo de ello es el RaupenhotelEnlace externo, una instalación donde se crían gusanos de seda. La Fundación ha sido capaz de crear tres nuevos puestos de trabajo en el pueblo, que por lo demás vive principalmente de la viticultura y el turismo. 

Para toda la comuna de Quarten, que consta de siete pueblos, el turismo es importante en un sitio muy bien ubicado, cerca del lago de Walen, al pie de las montañas que ofrecen una estación de esquí arriba y todo esto cerca de la principal ciudad de Suiza, Zúrich.

La autoabastecedora

En medio del pueblito vive Margrit Bärlocher. En su bodega vende productos naturales, todos cultivados y procesados en el pueblo. Justo al lado se construyen dos apartamentos en una casa hoy vacía. "Estaría bien que la casa se ocupara y ofreciera un ingreso básico a una familia", dice.

Frau im Laden

Margrit Bärlocher en su negocio de productos naturales.

(Roger Wehrli)

El organizador

Un poco más lejos del centro del pueblo, más arriba - con una vista del lago, por supuesto - vive Hanspeter Cadonau, (52). "Los días en los que no se puede cruzar el lago son los más hermosos", dice el viticultor, que también cría cerdos lanudos y tiene tres burros: Picasso, Maradona y Jackson.

Cadonau era un constructor de túneles y vino aquí por casualidad. "No te mudas aquí cuando tienes 20 años. Pero he visto el mundo. Ahora me gusta la paz y la tranquilidad".

"Con un ‘B&B’ podríamos mantener a más gente aquí", reflexiona. Un ‘Bed & Breakfast’ es otra medida del plan de acción de la Fundación "Quinten vive".

"Un pueblo sin niños está muerto", advierte.

Veranstalter am Tisch

Hanspeter Cadonau, productor de vinos y organizador de los eventos culturales.

(Roger Wehrli)


Otros intentos de rescate

Campañas para repoblar un pueblo ya han existido en otros sitios en Suiza. Por ejemplo, el pueblo valesano de Albinen trata de atraer nuevos residentes con primas de hasta 25 000 francos por persona. En el pueblo de Vnà, en los Grisones, una fundación ha hecho de las casas vacías un hotel descentralizado. Y en el pequeño pueblo tesinés de Monti Scìaga se ofrecen casas rústicas de piedra por un franco suizo, siempre que los compradores se comprometan a renovar una casa.

Fin del recuadro


Traducción del alemán: Patricia Islas

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