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Renta básica incondicional


¿Establecerá Suiza una renta mensual universal?




¿Mera utopía o solución concreta a la robotización del trabajo? Los suizos deciden el 5 de junio en las urnas si el Estado debe abonar a todos los ciudadanos una renta básica universal. (Keystone)

¿Mera utopía o solución concreta a la robotización del trabajo? Los suizos deciden el 5 de junio en las urnas si el Estado debe abonar a todos los ciudadanos una renta básica universal.

(Keystone)

Los suizos serán los primeros del mundo en decidir si el Estado debe pagar a cada ciudadano, durante toda su vida y con independencia de los ingresos de los que ya disponga, una renta mensual digna y suficiente para vivir. ¿Se trata de una solución a los problemas derivados de la digitalización del trabajo o es una utopía irrealizable?

La iniciativa popular ‘Por una renta básica incondicional’, sobre la que el pueblo suizo deberá pronunciarse el 5 de junio, se inscribe en el debate de una sociedad a dos velocidades y en la que continúan aumentando las diferencias salariales. A diferencia de iniciativas precedentes, esta se sitúa en una dimensión nueva, relacionada con la revolución digital y la eliminación de empleos que conlleva. Asimismo, el salario y la seguridad social se desvinculan parcialmente del trabajo.

Para los promotores de la iniciativa, el abono de una renta básica incondicional (RBI) que cubra las necesidades más elementales podría eliminar la pobreza y la dependencia de la asistencia social de aquellos que no disponen de los medios de subsistencia necesarios, permitiría a todo el mundo elegir el trabajo que quisiera, estimularía la formación, la creatividad y el voluntariado y aumentaría las posibilidades de atender a los hijos y a las personas mayores o enfermas.

Una iniciativa de origen popular

La iniciativa, surgida en el seno de un grupo de ciudadanos independientes, no ha conseguido hacerse un hueco entre los partidos políticos. En el Parlamento obtuvo un rechazo general por parte de la derecha y el centro y escaso consenso entre la izquierda. En la cámara baja fue rechazada por 157 votos contra 19 y 16 abstenciones. En la cámara alta la iniciativa fue apoyada exclusivamente por la socialista Anita Fetz.

“Creo que vale la pena reflexionar y debatir sobre esta propuesta porque es una idea que puede convertirse en una solución concreta dentro de 20 o 30 años, cuando la digitalización del trabajo suponga la pérdida de numerosos empleos”, señala la senadora basiliense.

“Me parece una idea vanguardista, pero irrealizable”, afirma Raymond Clottu, diputado de la Unión Democrática de Centro (UDC, derecha conservadora), haciendo notar “el enorme coste” que supondría.

Cómo funcionaría

De acuerdo con una propuesta de los promotores de la iniciativa, todo aquel ciudadano que no ejerciera ninguna actividad lucrativa recibiría la RBI, mientras que todo ingreso procedente de una actividad lucrativa, hasta el importe de la RBI, sería sustituido por esta última. Para financiarlo, se retendría hasta el máximo del importe de la RBI sobre el ingreso por actividad lucrativa.

Es decir, partiendo de la hipótesis de una RBI mensual de 2 500 francos, por ejemplo, una persona que ganara hoy un salario de 1 500 francos recibiría 1 000 francos más gracias a la RBI, mientras que la suma total percibida por una persona con un salario de 2 500 francos permanecería invariable. En sentido contrario, a un salario de 6 500 francos le serían retenidos 2 500 de contribución a la caja de financiación de la RBI. El ingreso sería entonces de 4 000 francos a los que se añadirían los 2 500 de la RBI pagados por la Confederación. En suma, esa persona cobraría 6 500 francos.

El mismo mecanismo se aplicaría a las prestaciones de la seguridad social; hasta el importe de 2 500 francos se sustituiría por la RBI, mientras que la parte que sobrepasara esa cantidad seguiría siendo abonada por la seguridad social.

De este modo, se calcula que se cubriría cerca del 88% de los costes de la RBI. Para el 12% restante habría que encontrar otras fuentes de financiación.

El texto que votarán los electores suizos instaura el pago de una RBI que garantice a todo el mundo una vida digna, pero no establece importe alguno. Deja esa tarea en manos del legislador.

No obstante, los promotores de la iniciativa parten de una base de renta mensual en torno a los 2 500 francos para los adultos y de 625 para los menores. “De acuerdo con los datos estadísticos de población de 2012, esto significaría un coste de 208 000 millones de francos al año para la Confederación, lo que equivale a cerca de un 35% del Producto Interior Bruto (PIB). ¡Sencillamente alucinante!”, afirma el parlamentario de Neuchâtel, Raymond Clottu.

Tampoco define el texto sometido a votación el modo de financiación, por lo que deberá ser establecido por la ley de aplicación en el caso de que la iniciativa sea aprobada. De acuerdo con el modelo sugerido por los promotores, la RBI podría ser financiada en su mayoría por medio de deducciones sobre los salarios y las prestaciones de la seguridad social. Para la parte que falta, estimada en unos 25 000 millones de francos, podría recurrirse a impuestos o reducciones de otras partidas en el presupuesto del Estado.

“Recaudar 25 000 millones de francos en impuestos suplementarios me parece imposible, teniendo en cuenta los tiempos que corren”, sostiene Raymond Clottu. Una propuesta de los promotores consistiría en recurrir al impuesto sobre el valor añadido (IVA). Concretamente, esto se traduciría en un aumento lineal de 8 puntos porcentuales, “lo que significaría que el poder de adquisición de los suizos disminuiría y, por tanto, la economía nacional se debilitaría”, pronostica el diputado.

“Yo también soy contraria a un aumento del IVA. Se trata solo de una propuesta entre otras. Otros promotores de la iniciativa han sugerido una microtasa sobre las transacciones financieras. Para mí, este sería el camino a seguir, así como una tasa sobre los ordenadores. Ya que el debate se hace desde la óptica de la digitalización del trabajo, la financiación debería también orientarse en la misma dirección”, sostiene Anita Fetz.

Anticiparse, pero cómo

En cualquier caso, según la senadora socialista, “es un error discutir ahora sobre la financiación. La RBI no está pensada para hoy o mañana. La cuestión es la siguiente: ¿Qué debe hacer una sociedad cuando falten los ingresos tradicionales procedentes del trabajo? Cuando la automatización y los programas informáticos hayan liquidado una gran cantidad de empleos en todas las profesiones, desde las más simples a las más cualificadas, habrá entonces que buscar una respuesta a la fuerza”. Y más vale prevenir que curar, según Anita Fetz.

Raymond Clottu replica que “con esta iniciativa no se está anticipando una situación, sino poniendo el carro delante de los bueyes. Con el tiempo habrá que analizar cómo generar rentas, pero a pesar de la robotización del trabajo siempre será necesario el ser humano. Detrás de un ordenador, en principio, tendrá que haber un ser humano. Algunos empleos desaparecerán, pero surgirán otros nuevos. Anticipar significa reforzar la relación entre la formación y la economía. Es precisamente en el nivel de la formación donde debemos fijar nuestra atención, donde tenemos que evolucionar en función de las necesidades de la economía y de los desarrollos tecnológicos”.

Una de las críticas más comunes a la RBI –compartida tanto por la derecha como por la izquierda– es la de poner en entredicho todo el sistema de seguridad social suizo. “La RBI no sustituiría a todos los seguros sociales. En la actualidad existen 13 en total. Reducir su número podría ser una oportunidad para adaptar el sistema a los nuevos desafíos”, afirma Anita Fetz, quien considera que no se puede continuar con un sistema fundado sobre el principio del pleno empleo cuando en el horizonte se perfilan grandes cambios.

Por el contrario, para Raymond Clottu, la RBI significaría “comprometer un sistema que, ciertamente, no es perfecto pero que funciona bastante bien, que anima a la gente a trabajar y formarse. Por lo tanto, hay que intentar mejorarlo y consolidarlo”, y no introducir una renta pesada sobre los salarios y las empresas que, además, “disminuiría la motivación al trabajo”.

¿Qué haría usted?

Solo el 2% de los suizos dejarían de trabajar si la Confederación les pagara una renta básica incondicional de 2 500 francos al mes. El 8% estudiaría la posibilidad de dejar de trabajar según las circunstancias. Esto es al menos lo que se deduce de un sondeo que realizó, por mandato de los promotores de la iniciativa en noviembre de 2015 en la Suiza de expresión alemana y francesa, el instituto Demoscope sobre una muestra de 1 076 personas con derecho a voto.

Fuente: Agencia Telegráfica Suiza (ATS)


Traducción del italiano: José M. Wolff, swissinfo.ch



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