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Salvajes


Los zoos, ¿son buenos o malos para los animales?


Por Ariane Gigon, Basilea y Zúrich


Nouveaux zoos (Keystone)

Algunos defensores de los animales critican el nuevo hábitat de los elefantes en el zoológico de Zúrich.

(Keystone)

Los zoológicos de Zúrich y Basilea inauguran nuevos recintos, ponen en marcha novedosos proyectos y participan en programas internacionales para la preservación medioambiental. Pese a ello, hay muchas voces que cuestionan el concepto mismo de los zoos.

En verano, en invierno, con nieve, lluvia o sol, la gente adora ir a los zoológicos. Visitantes de todas las edades concentran su atención en los animales y se dejan fascinar por ellos. En Suiza hay una quincena de zoológicos y parques dedicados al reino animal, pero dos en particular acaparan los reflectores y son capaces de atraer entre 3 y 4 millones de personas cada año: los zoos de Zúrich y Basilea.

Ambas instituciones acaban de anunciar proyectos de envergadura. En Basilea, el Ozeanium, una instalación de forma elíptica que requiere una inversión de 100 millones de francos suizos, verá la luz en 2021 y acogerá 30 acuarios destinados a explicar detalladamente la vida marina. Los visitantes tendrán la oportunidad de observar a pingüinos, rayas, pulpos y otros animales, dentro y fuera del agua.

El aspecto pedagógico es una parte inherente a este concepto. “Es muy importante mostrar la increíble riqueza que existe en los océanos. Aquí, cada milímetro es ocupado por seres vivos, y es necesario comprenderlos para poder protegerlos”, explica Thomas Jermann, biólogo marino y jefe del proyecto.

En junio pasado, se inauguró en Zúrich un nuevo parque consagrado a los elefantes. El Kaeng Krachan –cuyo nombre se inspira en el parque natural tailandés homónimo– permitió multiplicar por seis la superficie que tenían disponible los siete elefantes asiáticos del zoológico. Uno de ellos, por cierto, una cría que nació recientemente en Zúrich.

La configuración de este parque incluye seis cuencas en las que los paquidermos adoran bañarse y un punto de observación subacuático que permite a los visitantes comprobar lo bien que lo pasan los elefantes dentro del agua. Un espectáculo que disfrutan ampliamente todos los públicos.

Los animales pueden desplazarse libremente de día o de noche y elegir entre los espacios cubiertos y exteriores que tienen disponibles. "Tienen la posibilidad de experimentar una vida familiar y social y de ir a buscar su propia comida esparcida en cuarenta puntos de distribución”, detalló el director del zoológico, Alex Rübel, durante la presentación del parque a los medios de comunicación.

Rübel aclaró que el zoo no pretende que unos animales devoren a otros para alimentarse –como sucedería en su medio natural–, pero sí que ejerzan algunas habilidades para encontrar su propia comida y para ello consideren la convivencia con otras especies, dado que este espacio alberga también antílopes, aves y otros animales.

El parque estrena también una nueva forma de cuidado de los paquidermos.

"Abandonamos el método de contacto directo, conocido en inglés como ‘hands on’, según el cual los entrenadores se encuentran en medio de los elefantes (en su trabajo cotidiano) para pasar a un esquema de contacto protegido”, dijo Alex Rübel. “Ahora siempre habrá un muro de protección entre el hombre y el elefante, pero a través de sus aberturas, el cuidador puede auscultar a los animales, sanarles una pata, tomarles una muestra de sangre o hacer una radiografía de uno de sus colmillos”.

Este método busca una mayor seguridad para el personal a cargo de los animales. “Cuando el ser humano está en medio de los elefantes puede convertirse en una diana fácil en caso de conflictos, ya que se trata del eslabón más débil”, explica a swissinfo.ch Robert Zing, zoólogo del parque. En 1994, el zoo de Zúrich fue escenario de un lamentable accidente, el elefante ‘Komali’ hirió gravemente a uno de sus cuidadores al desconocerlo, ya que este regresaba apenas de sus vacaciones y no había tenido contacto con los animales durante algún tiempo.

Zoo de Zúrich

Se inauguró en 1929 y se ubica sobre una colina al este y en la periferia de la ciudad. Su superficie es de 27 hectáreas. ‘Zoo Zürich AG’ es una sociedad anónima  –con participación pública y privada– que cuenta con 7.500 accionistas y un capital de 2,6 millones de francos. El 25% pertenece a la ciudad y el cantón de Zúrich, el resto a inversores privados.

En 2013, la institución recibió cerca de un millón de visitantes y contaba con 3.687 animales de 404 especies. Los donativos y legados sumaron 29,4 millones de francos.

En 20 años, tres cuartas partes del zoológico han sido rehechas. Entre ellas, la ‘Selva húmeda de Masoala’ (2003), con una superficie de 11.000 m2, en estrecha colaboración con el Parque Nacional homónimo de Madagascar.

En 2006 y 2007, los leones fueron reubicados en un nuevo recinto que está inspirado en el Bosque de Gir, de India. En 2012, se inauguró una nueva zona húmeda que recrea el hábitat sudamericano de Pantanal y cuenta con tres islotes que hoy son hogar de tapires y monos capuchinos.

“Mejor ver un documental”

Pero este tipo de proyectos y los zoológicos, en general, no tienen el respaldo de todo el mundo. La Fundación Franz Weber dedicada a la defensa de la naturaleza y la fauna se opone a la creación de ‘Ozeanium’, porque considera que “los grandes acuarios marinos ya no tienen sitio en el siglo XXI”.

“Es absurdo sustraer a los peces, y a los animales en general, de su medio natural bajo el pretexto de mostrar a otros el medio en el que viven”, afirma Vera Weber, hija del fundador y vicepresidenta de la organización. “Los peces mueren durante el transporte y, frecuentemente, es necesario recurrir a venenos para capturarlos. Se aprende mucho más sobre ellos mirando un documental”, añade.

Zoo de Basilea

Se inauguró en 1874 y fue el primero de Suiza. En el primer año vendió 62.000 entradas en una ciudad que tenía solo 50.000 habitantes. Las principales atracciones de la época eran los lobos, los osos y las nutrias.

Pero muy pronto los responsables del zoo tuvieron que reflexionar sobre las necesidades de los animales en cautiverio. “Se observó una elevada tasa de mortalidad entre los animales de origen alpino y también una alta demanda del público por ver animales exóticos”, narra el zoo en su cronología.

Actualmente, el zoo cuenta con una superficie de 11 hectáreas. En 2013 se vendieron 1,93 billetes y pases anuales. Por cada uno el zoo dona 15 centavos y 1,5 francos, respectivamente, a proyectos de protección de la naturaleza.

Donativos, legados y patrocinios en 2013: 10 millones de francos (23,5 millones en 2012, por el nuevo recinto para los monos).

A fines de 2013, el zoo acogía 7.017 animales de 628 especies.

Thomas Jermann aclara que el zoo de Basilea “no compra ninguna especie que haya sido capturada gracias a algún veneno paralizante y condena firmemente este método”. Además, rechaza categóricamente la afirmación de la FFW de que solo uno de cada 50 peces capturados es capaz de sobrevivir tras su primer año en un acuario. “Esto es completamente falso. La mayoría de los peces de coral viven incluso más tiempo en un acuario que en su medio natural”.

La inauguración de parque ‘Kaeng Krachan’ de Zúrich tampoco ha estado exenta de críticas sobre la utilidad misma de los zoos. En declaraciones a diversos medios de comunicación, el filósofo Markus Wild, de la Universidad de Basilea, pone en duda que un “zoo sea el mejor sitio para despertar el interés por los animales”.

Wild expresó al dominical ‘NZZ am Sonntag’ que “los parques quizás sean más grandes y verdes que en el pasado, pero animales como los elefantes, los depredadores o incluso las aves, requieren mucho más espacio para desplazarse que el que les ofrece un zoo urbano”. Y critica el que la vida de los animales, e incluso su proceso de reproducción, estén completamente controlados por los humanos.

Millones para Madagascar

La Asociación Mundial de Zoológicos y Acuarios (WASA en inglés) presta atención a estas críticas. En su informe ‘Construyendo un futuro la fauna y la flora’ afirma que los zoológicos y los acuarios deben involucrarse a favor de la conservación de los animales en cautiverio, pero también concienciar a la gente sobre la importancia de protegerlos en su medio natural.

Un principio que preconizan los dos principales zoos suizos. Alex Rübel recuerda que, en breve, el zoo de Zúrich habrá destinado tantos recursos como el propio Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF en inglés) en la protección de la naturaleza en el mundo. En Madagascar, el zoológico zuriqués invirtió 3,5 millones de francos para proteger la selva húmeda de Masoala, de la que retoma el nombre una de las áreas del zoo suizo. La institución también desarrolla proyectos con Tailandia.

Como otros colegas, el biólogo Martin Bauert, del zoo de Zúrich, rechaza que los documentales tengan la capacidad de sensibilizar de verdad al público occidental. “Para lograr que una persona cambie su comportamiento se necesita que experimente emociones y que tenga un acceso directo (a los animales)”. En Basilea, Olivier Pagan respalda la conveniencia del “contacto directo”.

Brutalidad humana

El director del zoo de Basilea, por su parte, destaca cierto “romanticismo” en la idea de que aún existe una naturaleza perfecta en la que la fauna puede desarrollarse. “Muchos animales han visto cómo las vías de comunicación construidas por el ser humano han dañado o interrumpido la zona en la que viven y sus rutas de migración. África es un ejemplo. Los cambios pueden ser brutales”. El director del zoo de Basilea, por su parte, destaca cierto “romanticismo” en la idea de que aún existe una naturaleza perfecta en la que la fauna puede desarrollarse. “Muchos animales han visto cómo las vías de comunicación construidas por el ser humano han dañado o interrumpido la zona en la que viven y sus rutas de migración. África es un ejemplo. Los cambios pueden ser brutales”.

El zoólogo Robert Zingg también defiende la importancia de los recintos que albergan animales. “Los zoos no son un espectáculo. Sin ellos, la destrucción de la naturaleza sería aún mayor”, sentencia.


Traducción del francés: Andrea Ornelas, swissinfo.ch

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