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Igualdad de oportunidades Una educación temprana para combatir la pobreza

Los niños se dirigen a casa, después de participar en un grupo de juego en San Gall.

Los niños se dirigen a casa, después de participar en un grupo de juego en San Gall.

(swissinfo.ch)

Al salir del colegio, la mayoría de los niños suizos se dirige hacia alguna actividad extraescolar, como la danza, la música el deporte. Pero los pequeños que no pueden permitirse este lujo suelen quedarse abandonados a su suerte. Por primera vez, el Gobierno toma cartas en el asunto.

En San Gall, ciudad que alberga poco más de 70.000 habitantes, se dice que la altura a la que uno vive -con respecto al nivel del mar- es proporcional a los ingresos que tiene. Así, mientras la población acaudalada reside en una cima con vista panorámica sobre la ciudad, los pobres y la clase trabajadora habitan el amplio valle que flanquea los dos costados del centro. Una estratificación que se hace manifiesta en todos los aspectos de la vida cotidiana, particularmente en el caso de los niños.

"Crecí un barrio en el que nosotros éramos los más pobres. Formábamos parte de la clase obrera. Éramos el peldaño más bajo de la escalera", recuerda Nicole Schönthal, una madre de cinco hijos que se crió en un pueblo ubicado en la colina de San Georgen, pero que actualmente vive en Tschudiwies, uno de los barrios de los suburbios del citado valle de San Gall.

“Aquí simplemente se observa otro tipo de pobreza. Esto fue duro para mí, porque al llegar me encontré con jóvenes y niños que no saben qué hacer con su vida”, recuerda.

Para Schönthal y su esposo, quienes trabajan como guardianes en la escuela del barrio, financiar actividades extraescolares para sus hijos es algo “sencillamente imposible“. Y afirman que para la mayoría de las familias de bajos ingresos de la zona la situación es muy parecida.

Patrones de rezago

En Suiza, gracias a la red de seguridad social, la mayoría de la gente goza de comida y techo. No obstante, la pobreza se transmite de generación en generación y se manifiesta desde una edad muy temprana, refiere Bettina Fredrich, de la sección suiza de Caritas, una ONG que lucha contra la pobreza.

"Los niños de las familias menos favorecidas carecen de las oportunidades (educativas) que tienen otros niños. Y como las actividades para los pequeños son frecuentemente financiadas de forma privada, las familias que viven en la pobreza no están en condiciones de pagarlas”, dice.

¿Qué consecuencias trae todo lo anterior? En opinión de Fredrich, los niños que no tienen la posibilidad de desarrollar en otro sitio las aptitudes que han aprendido en la escuela y que carecen de una red de apoyo personal más allá de las aulas, son mucho más proclives al rezago académico y a reproducir el patrón de sus padres: ir tirando y aislarse del resto de la sociedad.

A este respecto, Bettina Fredrich recuerda que un reciente estudio de Unicef clasificó a Suiza en el sitio número 16 de un total de 29 países analizados por su nivel de “bienestar educativo”, justamente porque no todos los niños gozan de las mismas oportunidades.

Combatir esta disparidad - y todas las desventajas que afectarán el resto de la vida de un niño pobre- es el objetivo que se ha fijado la primera iniciativa gubernamental para erradicar la pobreza en  Suiza. Un proyecto que dispondrá de 9 millones de francos suizos (9,5 millones de dólares) a desembolsarse en cinco años. El monto no luce ostentoso, pero según Ludwig Gärtner, miembro de la Oficina Federal de Seguridad Social, permitirá al Gobierno identificar claramente las iniciativas que existen en el país para ofrecer las mismas oportunidades de éxito para todo el mundo.

"Ya se hace mucho en este ámbito, especialmente en lo relativo a la educación temprana. Pero no existe una revisión sistemática, y con frecuencia tampoco hay una evaluación de lo que están haciendo los programas ni de la forma en la que pueden ser mejorados. No tenemos una idea clara de lo que está sucediendo ni del sitio en el que tiene lugar”, afirma.

Y una parte de los fondos gubernamentales podrían dirigirse a programas dedicados a cerrar la brecha que existe entre los niños ricos y pobres a través de “caminos innovadores”, explica Gärtner.

Pobreza en Suiza

Según la Oficina Federal de Estadística, de los 8 millones de habitantes que tiene Suiza 580.000 viven bajo el límite de pobreza, esto es, con un ingreso inferior a los 2.250 francos mensuales por persona o 4.050 francos para un hogar integrado por dos adultos y dos menores de 14 años.

Del total de personas en condiciones precarias, 260.000 tienen menos de 18 años.

En Suiza, el número de ciudadanos que requieren ayuda social se ha mantenido estable en un 3% durante varios años. Pero la población aumenta y con ella lo hace también la proporción de personas que necesitan apoyos.

De acuerdo con Bettina Fredrich, de Caritas, no existen estadísticas oficiales sobre la pobreza infantil en Suiza que permitan estudiar su evolución, aunque la realidad cotidiana evidencia que el problema gana terreno.

“Si observamos el número de hogares monoparentales, veremos que están representados en las cifras de la pobreza, y en Suiza hay cada vez más divorcios", dice Fredrich. En su opinión, el número de niños en situación de pobreza aumenta, o en el mejor de los casos se mantiene estables, pero “definitivamente no se reduce”.

Caritas tiene en marcha una campaña para reducir el número de pobres en Suiza. Se ha fijado como meta llevarlos de 600.000 a 300.000 para el año 2020.

Los niños a cargo

En San Gall, el programa conocido como Trabajo abierto para los niños podría ser un buen ejemplo del tipo de iniciativas que permiten igualar las oportunidades de los menores.

El proyecto se desarrolla en un barrio de la zona oeste de la ciudad y la jornada se encuentra en plena ebullición. En el área de construcción observamos a una pequeña rubia con una cola de caballo que trabaja frenéticamente en un proyecto de diseño propio: una casa para sus muñecas.

Los asesores del programa explican que la niña asiste cada vez que el grupo está en operación y siempre lo hace el mayor tiempo posible. Cerca de ella se aprecian esculturas de arcilla que secan al sol, y un grupo de chicos que construye y decora falsas armas -sí, armas- de cartón.

“Establecimos reglas de juego muy claras. Los niños no pueden dispararse con ellas ni utilizarlas para jugar en los espacios abiertos. Pero querían fabricarlas, y se lo permitimos”, explica uno de los facilitadores de estos talleres.

Y esa es justo la idea que está detrás del programa: que los niños tengan la última palabra en todo, porque esto les permitirá desarrollar múltiples habilidades. Ellos diseñan sus actividades y tienen derecho a  entrar y a salir con toda libertad. No obstante, la mayoría de ellos permanece hasta el final porque, como explican los asesores, no carecen de otro lugar a donde ir.

Hace algunos años, cuando el proyecto se hallaba en la fase piloto, nadie sabía si habría menores que asistirían al llamado. Pero sucedió lo contrario, se vieron desbordados desde el primer día, especialmente por niños del valle de San Gall, explica Nicole Bruderer, jefa de la secretaría de Trabajo abierto para los niños.

"Los menores de las zonas pudientes tienen otras alternativas a su alcance y sus agendas de actividades extraescolares están completas”, dice a swissinfo.ch Bruderer. "Los pequeños que habitan el valle podrían sumarse a estos programas, pero generalmente no lo hacen porque la cultura allá arriba es diferente; además de que es caro y el camino por recorrer es largo... así que los grupos (de niños) no se mezclan”.

Trabajo abierto para los niños

Las grandes ciudades suizas, como Zúrich, Berna y Basilea, han ofrecido durante años grupos de juego gratuitos en horarios extraescolares o los fines de semana, que es cuando los niños suelen verse abandonados a su suerte.

Sin embargo, esta oferta no siempre está disponible en las ciudades pequeñas o medianas como San Gall, donde Trabajo abierto para los niños inició como un el programa piloto en 2009 y sigue extendiéndose a diversos barrios.

En la actualidad, San Gall ofrece además otro tipo de estructuras como Alimento Feliz, donde los niños eligen ingredientes para aprender a preparar platos saludables; o el taller Werkmobil que anima a los niños a diseñar y ejecutar sus propios proyectos.

Los menores tienen derecho a entrar y salir cuando les plazca, ya que con frecuencia están acostumbrados desde los seis años de edad a desplazarse solos por la ciudad.

Alguien con quien hablar

Como madre, Schönthal ha visto crecer día tras día la brecha entre los niños ricos y los pobres. Y ha mirado también a muchos menores sin recursos deambular por las calles al salir de la escuela, buscándose problemas o compartiendo las calles con personajes complejos como adictos y alcohólicos.

Por ello, la decisión de inaugurar un nuevo grupo abierto de juego cercano a donde vive no podía ser más oportuna.

Aunque el programa tiene solo un mes de operación en su barrio, Schönthal asegura que puede observarse una diferencia “increíble”. Por ejemplo, ya hay familias que salen de su aislamiento para reunirse con sus hijos y, por ende, con otras familias. Los facilitadores del programa se convierten para los niños en un modelo y una caja de resonancia que les sirve de apoyo cuando las cosas se ponen difíciles para ellos en casa o en la escuela.

Programa nacional contra la pobreza

El primer programa financiado por el Gobierno suizo para combatir la pobreza en el país está dotado con 9 millones de francos para un periodo de cinco años (a partir de 2014).

Sus principales objetivos son:

• Establecer bases sólidas para resolver el problema

• Identificar y difundir las mejores prácticas para lograr este objetivo

• Establecer una red de asociaciones que trabajan en temas de pobreza

Un hito

Aunque Fredrich, considera que hay “pocos objetivos y medidas concretas” diseñadas por el Gobierno en este momento, confía en que su organización y algunas otras dedicadas a combatir la pobreza en Suiza podrán verse beneficiadas de alguna forma con esta bocanada de conciencia que surge el sector público. “Este programa (gubernamental) es un hito”, expresa.

“Es la primera vez que el Gobierno federal acepta que la pobreza es un fenómeno y un problema que existe en Suiza, y que deja claro que es necesario hacer algo al respecto”.


(Traducción: Andrea Ornelas), swissinfo.ch


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