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Torre de reloj renovada El tiempo se detuvo en el pueblo

Las agujas del reloj de la torre de la iglesia protestante de Möriken vuelven a brillar. El pueblo del cantón de Argovia se quedó sin tiempo, es decir, el reloj del pueblo desapareció y las campanas de la torre anunciando la hora, también.

La historia de los relojes mecánicos en las torres se remonta al siglo XIV. Uno de estas primeras obras fue montada en Lucerna en 1385 por Heinrich Halder, relojero de Basilea. En 1408, el mismo reloj fue trasladado a la torre del reloj en Musegg, y los barcos del lago Lucerna pudieron ajustar sus tiempos de navegación según ese reloj.

El reloj de la torre de la iglesia de Möriken no es tan viejo. El templo fue inaugurado el 15 de octubre de 1950 y su aspecto original se ha conservado hasta nuestros días. El mecanismo del reloj fue elaborado por J. G. Baer de Sumiswald en el Emmental, también en 1950.

En el marco de las extensas obras de renovación de la parroquia se decidió revisar el mecanismo del reloj y todas las partes visibles de la torre del reloj. La empresa Muribaer.ch, en Büron, en el cantón de Lucerna, se adjudicó este contrato. En Suiza solo quedan tres empresas que se reparten el mercado de las torres de reloj en las iglesias. Unos 5 000 de estos relojes necesitan mantenimiento.

El reloj de Möriken fue desmontado en el taller de Büron: más de 100 piezas fueron limpiadas, pulidas y vueltas a motntar. En la torre de la iglesia, el péndulo original del reloj volvió a funcionar, tras las reparaciones. En los últimos años había sido reemplazado por un accionamiento electromecánico, pero hoy día, el reloj está casi restaurado en su estado original.  En la parte superior del péndulo, los técnicos montaron un nuevo imán. La exactitud del reloj puede comprobarse y, en caso necesario, corregirse mediante impulsos eléctricos.

La carátula del reloj ha sido laqueada. Los números y las agujas del reloj fueron cuidadosamente limpiados y recubiertos con un adhesivo sobre el cual se aplica la fina hoja de oro.

A finales de septiembre, los montadores subieron al andamio y atornillaron las partes visibles del reloj a la fachada. Así, la iglesia ha recuperado su rostro y los transeúntes pueden asegurarse de que podrán llegar a tiempo a su próxima cita.