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Fleur de passion


Un velero suizo tras la estela de Magallanes


Por José M. Wolff, Madrid


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Fleur de Passion, un velero de 33 metros de eslora, es propiedad de la Fundación Pacifique. Pesa cerca de 100 toneladas y tiene capacidad en navegación para una quincena de personas. (David Firn/omexpedition.ch                                            )

Fleur de Passion, un velero de 33 metros de eslora, es propiedad de la Fundación Pacifique. Pesa cerca de 100 toneladas y tiene capacidad en navegación para una quincena de personas.

(David Firn/omexpedition.ch )

La Fundación Pacifique, con sede en Ginebra, se embarca en la Ocean Mapping Expedition, un viaje que durará cuatro años. El objetivo es medir y cartografiar el impacto de la actividad humana en los mares.

La aventura de Fernando Magallanes es de sobra conocida por todo el mundo. Al servicio de la corona española, emprendió un viaje que debía acercarle, por la ruta del oeste, a la codiciada Isla de las Especias, identificada hoy con las islas Molucas.

El marino portugués no pudo ver coronada su hazaña, ya que perdió la vida en un enfrentamiento con los nativos de las islas Filipinas. Pero su empresa reveló un mundo mucho más vasto de lo que hasta entonces se creía.

Fundación Pacifique

Nació en Ginebra en 2002 y cuenta hoy con algo más de 120 miembros. La ONG diseña y lleva a cabo proyectos de navegación científicos, sociales y culturales a bordo del velero Fleur de Passion.

Uno de sus objetivos es ofrecer a jóvenes en riesgo de exclusión social la posibilidad de tener una experiencia de vida en común a bordo de un barco y conocer el mundo marino, al tiempo que aprenden a conocerse a sí mismos.

Desde 2009 han pasado por Fleur de Passion más de 1.700 personas de todas las edades y condiciones, surcando distintos mares desde el Báltico al mar Rojo. La asociación cuenta con el patrocinio de la Villa de Ginebra. 

Ese espíritu, mitad aventurero, mitad explorador, se adivina también en la tripulación del velero de la fundación suiza Pacifique, que el 13 de abril suelta amarras del puerto de Sevilla para rehacer el viaje que hace cinco siglos llevó a un puñado de hombres a dar la vuelta al mundo.

“El desafío del descubrimiento ha estado presente en todas las épocas de la humanidad”, afirma Samuel Gardaz, vicepresidente y responsable de comunicación de la Fundación Pacifique.

“Ahora tampoco conocemos del todo el planeta. La problemática de la polución marina, por ejemplo, es enorme, y queda por descubrir su alcance e impacto”, añade Gardaz. “A través de la visión de Magallanes, queremos interrogar el presente y salir a descubrirlo”.

Durante cuatro años (ver recorrido), el velero Fleur de Passion surcará los tres principales océanos con el objetivo, entre otros, de cartografiar el estado de los mares y sensibilizar a la comunidad científica y a la opinión pública sobre los riesgos medioambientales.

Pero hay también previstos otros proyectos sociales y culturales que reunirán a personas de distintas nacionalidades, profesiones y condiciones a bordo del velero. “A diferencia de otras expediciones, este proyecto tiene un carácter sumamente abierto e inclusivo”, indica el vicepresidente de la fundación.

Fleur de passion

El protagonista de este proyecto es Fleur de passion, un cúter de guerra que esconde una azarosa historia desde su construcción en la Alemania de 1941 hasta su restauración completa en 2009, convertido ya en velero y propiedad de la Fundación Pacifique.

Con 33 metros de eslora, un peso total de cerca de 100 toneladas y capacidad en navegación para una quincena de personas, este barco será el centro de operaciones de todos los proyectos que se desarrollarán durante estos cuatro próximos años en el marco de la expedición.

“Está previsto”, señala Samuel Gardaz, “que la tripulación esté a bordo un máximo de dos meses y luego sea sustituida por otra, y así sucesivamente”. El mismo tiempo límite para los jóvenes que participen en el programa socioeducativo o los dibujantes del proyecto cultural.

Programa científico

Evocando una de las obras más conocidas de Julio Verne, el programa ‘20.000 sonidos submarinos’ pretende registrar los sonidos naturales y los de origen humano que se producen en los océanos y abrir así nuevas líneas de investigación para evaluar el impacto de estos últimos en el medio marino.

Michel André, director de este programa y jefe del Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas (LAB) de la Universidad Politécnica de Cataluña, señala que “es la primera vez que se llevará a cabo una experiencia científica de este tipo”.

Esta iniciativa, que es impulsada y gestionada por el LAB, “permitirá por primera vez en la historia”, afirma André,  “disponer de una plataforma móvil que irá registrando los niveles de ruido durante cuatro años consecutivos”.

Fleur de passion

Fue construido en 1941 para la marina alemana como guardacostas y dedicado, durante la guerra, a tareas de dragaminas y avituallamiento de submarinos. Al término del conflicto bélico pasó a la armada francesa antes de ser vendido en los años 70 a un particular que lo desarmó y lo convirtió en velero, bautizándolo como Fleur de Passion, Flor de Pasión.

Durante 20 años surcó en numerosas ocasiones el Mediterráneo y el Atlántico en el marco de proyectos socioeducativos y científicos. La asociación ginebrina Pacifique lo adquirió en 2002. Desde 2003 a 2009 estuvo varado en un arsenal para ser completamente restaurado. Desde esa fecha ha navegado por el Mediterráneo, Báltico, y Océano Atlántico bajo el patrocinio de la UNESCO y en el marco del proyecto The Changing Oceans Expedition. Desde 2011 Fleur de Passion colabora oficialmente con el Servicio de Protección de Menores del cantón de Ginebra.

El profesor añade que “el proyecto se propone también proporcionar a la comunidad científica los datos y herramientas necesarias que permitan abrir nuevas vías de investigación sobre el impacto de la actividad humana en el mar”.

“El objetivo último de este proyecto”, puntualiza el director del proyecto, “es llegar a un compromiso entre administraciones, empresas y activistas para devolver al mar un poco del equilibrio que ha perdido en estos últimos decenios.”

El programa científico de esta expedición se completará con  el proyecto Micromega, cuyo nombre se inspira en el cuento volteriano. Consiste en una recogida periódica de muestras de agua para evaluar el contenido de contaminantes plásticos.

El proyecto se llevará a cabo con la colaboración de la asociación suiza Oceaneye y la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL), donde se analizarán las muestras. Los resultados serán remitidos al Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

Pascal Hagmann, director de proyectos de la asociación Oceaneye afirma que “los datos obtenidos nos permitirán establecer nuevos estudios sobre la contaminación en los tres principales océanos, cuantificar su nivel de contaminación y demostrar el impacto real”.

Programa social

Jóvenes en el mar es un proyecto socioeducativo que consiste en acoger a jóvenes y adolescentes suizos y de otros países que se encuentran en riesgo de exclusión. La estancia tendrá una duración variable entre un día y dos meses.

El objetivo es favorecer la reinserción de estos jóvenes a través de una experiencia en altamar, a bordo de un velero y compartiendo tiempo y trabajo con el resto de la tripulación. “Tendrán la oportunidad de descubrir la vida en el mar, de relacionarse con otros y de conocerse mejor a sí mismos”, afirma Samuel Gardaz.

Programa cultural

En el espejo de Magallanes es el título del proyecto en el que participará una docena de dibujantes suizos y extranjeros. Estos artistas irán turnándose a bordo del Fleur de Passion y serán los narradores de la expedición.

Su labor emulará, por tanto, la de Antonio Pigafetta, cronista del viaje de Magallanes y uno de los escasos supervivientes de ella. Como el italiano, los dibujantes actuales actuarán como testigos mudos del proyecto OMEX.

Con sus viñetas y dibujos reflejarán los aspectos que, ahora como antes, han llevado al ser humano a embarcarse en este tipo de aventuras: la necesidad de explorar y descubrir, el espíritu de conquista y dominación, el acceso a las riquezas naturales del planeta…

El viaje de Magallanes

La figura de Magallanes ha sido objeto de numerosos estudios históricos que le definen como un personaje de espíritu aventurero y carácter decidido. Desde muy joven aparece en diferentes documentos que le colocan en el mundo de las especias. En Lisboa estudia ese exótico mundo y poco a poco va tomando cuerpo la idea de llegar a las islas de las Especias viajando hacia el oeste.

Tras unos largos y costosos preparativos, la expedición sale finalmente de Sevilla el 10 de agosto de 1519. La escuadra estaba compuesta inicialmente por cinco naves: Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago y a bordo viajaban un total de 234 tripulantes.

La expedición bordeó el continente americano hacia el sur, en busca de un paso al gran mar, que fue bautizado por el propio Magallanes como “Pacífico”, debido a su aspecto calmo y apacible. Al llegar a Filipinas la tripulación se vio implicada en una guerra entre tribus rivales. En la batalla de Mactán, Magallanes y otros miembros de su tripulación perdieron la vida.

Tres años después de su salida, el 6 de septiembre de 1522, y tras una arriesgada y ardua travesía, reflejada espléndidamente en el relato del veneciano Antonio Pigafetta, 18 hombres llegaron a Sevilla a bordo de la nave Victoria, capitaneada por Juan Sebastián Elcano.

Un tiempo después llegarían otros cuatro supervivientes de la Trinidad, capturada por los portugueses en el Índico.

swissinfo.ch

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