Análisis Democracia en 2016: bien está (casi todo) lo que bien acaba




Cerca del 60% de los ciudadanos italianos dijeron no al proyecto de reforma constitucional. Una derrota para el primer ministro Matteo Renzi. 

Cerca del 60% de los ciudadanos italianos dijeron no al proyecto de reforma constitucional. Una derrota para el primer ministro Matteo Renzi. 

(AFP)

Alexandre Van der Bellen elegido presidente de Austria, el primer ministro italiano Matteo Renzi dimite tras el fracaso del referéndum constitucional: Termina un año político lleno de votaciones significativas. No se puede hablar de ‘fatiga democrática’. Al contrario, en todo el mundo los ciudadanos se involucran cada vez más.

Este artículo forma parte de #DearDemocracy, la plataforma de swissinfo.ch sobre democracia directa.

El domingo 4 de diciembre, los austriacos eligieron –en el tercer intento– a un nuevo presidente. Y los italianos estaban llamados a las urnas para pronunciarse sobre la reforma constitucional más importante de las últimas décadas. Los dos escrutinios movilizaron a un número récord de ciudadanos: la participación fue del 68,5% en Italia y del 74,1% en Austria.

Alexander Van der Bellen, el nuevo presidente de Austria. 

(AFP)

Son cifras impresionantes. Sin embargo, la elevada participación de los italianos y austriacos no tiene nada de extraordinario. En todo el mundo, los ciudadanos se han implicado en la vida política de sus países como jamás antes en la historia.

Y en la mayoría de los casos, la población no tomó decisiones irracionales y cortoplacistas, como pretenden hacernos creer los líderes de opinión.

Todo comenzó en enero, con la histórica elección en Taiwán de la primera mujer presidenta y la victoria de las fuerzas democráticas en este Estado insular asiático.

A finales de febrero, el referéndum en Suiza para poner en práctica la polémica iniciativa de la derecha conservadora sobre la expulsión de los delincuentes extranjeros abrió muchos interrogantes sobre principios fundamentales en un Estado de derecho.

La afluencia a las urnas fue alta: casi un 64%, un porcentaje bien superior a la participación media en las votaciones federales.

El primer ministro italiano Matteo Renzi dimite tras perder el referéndum constitucional que proponía.

(AFP)

Los escrutinios en el año 2016 han arrojado resultados muy diferentes desde un punto de vista político e ideológico, pero de ellos podemos extraer la siguiente enseñanza: los plebiscitos y la democracia directa son dos cosas totalmente distintas.

Cuatro plebiscitos, cuatro fracasos

Esta aseveración puede sonar abstracta, pero es fácil de ilustrar con hechos: con ayuda del plebiscito –una consulta popular convocada ‘desde arriba’– cuatro gobiernos y jefes de Estado han intentado reforzar su propio poder y legitimidad política. Y para su sorpresa, los cuatro sufrieron un sonoro revés en las urnas.

El primer ejemplo fue el referéndum sobre la permanencia o no del Reino Unido en la Unión Europea (UE). El 52% de los británicos optaron por abandonarla (Brexit).

Después llegó la consulta popular sobre el endurecimiento de la política migratoria de Hungría, que también fue un fracaso. Dada la elevada abstención, los resultados no pudieron ser tomados en cuenta.

Simultáneamente, el 50,2% de los colombianos rechazaron el acuerdo de paz que alcanzaron el gobierno y las FARC. Y el último de estos plebiscitos fallidos fue el rechazo por parte del 60% de los italianos a la reforma constitucional que proponía el primer ministro Matteo Renzi.

En todos estos casos, los dirigentes políticos calcularon mal: sobreestimaron su poder y se equivocaron. Las consecuencias de estos tropiezos han sido diversas. Mientras el primer ministro británico, David Cameron, y su homólogo italiano, Matteo Renzi, presentaron de inmediato su dimisión, el presidente Viktor Orban, quien no otorga demasiado peso a la democracia, no dudó en calificar al fallido referéndum como un “gran éxito” de su Gobierno.

Y en Colombia, el presidente Juan Manuel Santos consiguió legitimar su derrota en las urnas con el Premio Nobel de la Paz que recibirá este 10 de diciembre en la ciudad de Oslo. Cabe señalar que el nuevo acuerdo de paz no ha sido sometido a votación popular, sino que ha sido el Parlamento quien lo ha ratificado.

Más democracia… ¡sí es posible!

Los fracasos de estos plebiscitos fueron en algunos casos dolorosos. El caso italiano podría afectar a todo el continente, ya que este país se erige como la tercera economía más importante de la zona euro.

Los plebiscitos son instrumentos apreciados por los líderes con tendencias autoritarias. En las democracias modernas y representativas debería evitarse recurrir a ellos. Pues los plebiscitos sirven para acrecentar de forma unilateral el poder, se pueden manipular fácilmente y ponen en entredicho las bases de la democracia moderna: el Estado de derecho, la separación de poderes y la protección de las minorías.

Es por ello que muchos ciudadanos británicos, húngaros, italianos y colombianos castigaron a sus líderes con la ‘tarjeta roja’. Sin embargo, renunciar a los plebiscitos significa renunciar a los referéndums y otros instrumentos de la democracia directa. Todo lo contrario: las democracias representativas modernas necesitan desarrollar formas de participación que permitan a los ciudadanos expresarse entre una cita electoral y otra.

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Gracias al derecho de iniciativa y de referéndum, los ciudadanos pueden intervenir para que en la agenda política se incluyan problemas importantes y se tomen las decisiones necesarias. Esto contribuye a que nuestras democracias sean un poco más representativas.

Visto en retrospectiva, el año democrático 2016 puede parecer dramático y conflictivo a primera vista, pero no lo es. Si lo evaluamos en detalle, el número récord de votaciones y elecciones que se celebraron en el mundo debe generarnos confianza: Más democracia es posible. Pero no basta solo con quererlo, sino que tenemos que arremangarnos todos los días para conseguirlo.

¿Qué destacaría del año democrático 2016? Su opinión nos interesa.


Traducción: Andrea Ornelas

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