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“El virus no desaparece con los test”

Isabella Eckerle en una de las primeras ruedas de prensa sobre el coronavirus en enero de 2020. Keystone / Anthony Anex

Mientras Suiza se embarca en una gran ofensiva de pruebas para combatir una tercera oleada de COVID-19, la viróloga Isabella Eckerle, de los Hospitales Universitarios de Ginebra y abierta defensora de hacer pruebas, alerta de que los test –gratuitos desde el 15 de marzo– no son la fórmula milagrosa.

Este contenido fue publicado el 26 marzo 2021 - 11:00

Eckerle, que dirige el Centro de Enfermedades Virales Emergentes de Ginebra, durante toda la pandemia ha defendido públicamente que se realicen más pruebas generalizadas de COVID-19. Y, en ocasiones, también ha criticado el enfoque de Suiza para controlar la pandemia.   

El pasado mes de agosto, advirtió que el país no estaba “bien preparado” para una segunda ola y expresó su preocupación por la “falta de estrategia” y la “inconsistencia de las pruebas”. Las autoridades sanitarias suizas, alegando problemas de suministro, no han impulsado la realización de pruebas sistemáticas y generalizadas en todo el país. Por lo general, las pruebas gratuitas solo han estado disponibles para las personas con síntomas o para aquellas otras con la certeza de haber podido estar expuestas al virus.

Ahora el Gobierno –a la espera de la llegada de más dosis de las vacunas– ha cambiado su estrategia de detección. Y el 12 de marzo anunció que las pruebas rápidas para detectar el coronavirus serán gratuitas para todo el mundo: incluso para las personas sin síntomas. También ha prometido que toda la población cada mes recibirá cinco pruebas gratuitas de autodiagnóstico.     

Isabella Eckerle es la directora del Centro de Enfermedades Virales Emergentes de Ginebra, una institución conjunta de los Hospitales Universitarios de Ginebra y la Facultad de Medicina de la Universidad de Ginebra. Nació en Alemania y estudió Medicina en la Universidad de Heidelberg. Tras un viaje de investigación en África, se interesó por las enfermedades infecciosas y trabajó con el virólogo alemán Christian Drosten en la Universidad de Bonn.

Está especializada en virus de origen zoonótico y ha pasado la última década investigando los coronavirus. Su laboratorio dirigió el desarrollo y la validación del diagnóstico del SARS-CoV-2 en Suiza. También ha investigado el papel de los niños en la propagación del coronavirus.

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SWI swissinfo.ch: ¿Por qué Suiza ha tardado tanto en adoptar una estrategia de pruebas más generalizada?

Isabella Eckerle: Tengo la impresión de que en Suiza ha habido una tendencia a restar importancia a la pandemia en muchos ámbitos. Esto, en cierta medida, ha afectado a los test, porque cuando muchas cosas están abiertas, la gente está menos motivada a hacerse las pruebas porque no quiere enfrentarse a las consecuencias, como es estar en cuarentena.

Lo vemos en nuestra unidad [en el hospital]. En la primera ola, había tantas pruebas que apenas podíamos gestionarlas. Ahora nuestra tasa de positividad sigue siendo alta, pero a los centros de pruebas no viene más gente. La gente se ha cansado de las pruebas.

Sin embargo, el enfoque general de Suiza sobre los test ha cambiado mucho en el transcurso de la pandemia. Los criterios para las pruebas cambiaron y han variado entre los cantones, lo que dificulta la situación.

Hay algunas cuestiones que Suiza ha hecho realmente bien. Ya el año pasado se apresuraron a tener pruebas rápidas de antígenos.

SWI: ¿En qué medida el suministro de pruebas ha sido un problema?

I.E.: Al principio no estábamos equipados para realizar miles de pruebas PCR cada día. Solo teníamos capacidad para unos cientos. Ayudó que varios fabricantes sacaron sistemas automatizados, pero seguíamos sin tener suficientes reactivos. Esto se solucionó durante el verano.

Ahora hay muchas pruebas en el mercado, así que el suministro no es un problema. La situación mejorará con las pruebas de autodiagnóstico en casa.

La dificultad no estriba solo en disponer de los test, sino en su despliegue. Se requieren infraestructuras, como centros de pruebas, y formar al personal. Y luego está la cuestión de qué hacer cuando se reciben los resultados.

SWI: ¿Cree que el anuncio de Suiza sobre la gratuidad de las pruebas y los test en casa ayudará al país a controlar la pandemia?

I.E.: Pienso que este enfoque ayuda a superar la reticencia hacia las pruebas, lo cual es bueno. Pero deben establecerse objetivos prioritarios para la gestión de la pandemia. ¿Se quieren mantener las hospitalizaciones bajas o se quiere reducir la transmisión del virus? Es difícil adaptar una estrategia si no se sabe cuál es el objetivo.

Hay ámbitos en los que deberían hacerse más pruebas, como en las escuelas y en los centros de día. Sabemos que hay personas asintomáticas, y si no las encontramos, no podemos cortar la transmisión.

No hay, sin embargo, una solución única para detener la propagación del virus. Creíamos que las pruebas rápidas iban a cambiar las reglas del juego, pero no ha sido así, al igual que no podemos confiar únicamente en las vacunas. Debemos recurrir a distintas estrategias: medidas de protección, pruebas y vacunas. No podemos cambiar una medida por otra. Todas son necesarias.

SWI: ¿Cree que las pruebas masivas a toda una población en una región o ciudad son eficaces?

I.E.: No he visto datos convincentes de que esta estrategia cambie mucho la situación epidemiológica. Es una instantánea que obliga a poner a mucha gente en cuarentena, pero que no consigue erradicar el virus.

Para que sea realmente eficaz, las pruebas masivas deben repetirse con algunos días de diferencia, pero tengo mis dudas sobre una estrategia a largo plazo para detectar a personas asintomáticas.

SWI: ¿Cree que la gente debería poder mostrar una prueba negativa para poder hacer cosas como ir a restaurantes o a partidos de fútbol?

I.E.: El virus no desaparece con los test. Las pruebas sirven para limitar la propagación del coronavirus, pero no deben considerarse como una alternativa a las medidas de protección. Una prueba rápida no es un pase gratuito. Aunque hagamos muchas pruebas rápidas, no podemos volver a la normalidad. Siempre habrá algún portador que, sin saberlo, contagie el virus. La prueba solo es una instantánea del momento; puede dar positivo mañana. No es posible hacer pruebas todos los días.

El objetivo debe ser minimizar el riesgo de transmisión. Las pruebas no son la clave para reabrirlo todo. Tenemos que preguntarnos cómo utilizar mejor estas pruebas y qué riesgo podemos asumir.

En mi opinión, hacer pruebas en las escuelas está justificado porque los beneficios de mantenerlas abiertas son claros. Si un niño da positivo en una escuela, ¿por qué no enviar un equipo móvil a que haga la prueba a toda la clase? Sabemos que muchos niños pueden ser asintomáticos, entonces, con una prueba PCR, sería posible detectar a todos los positivos.

SWI: Usted ha investigado mucho sobre la transmisión en los niños, ¿qué hemos aprendido al respecto en el último año?

I.E.: Sabemos que el virus también puede afectar a los niños y que estos pueden transmitirlo. Sin embargo, no hemos descubierto por qué no enferman tan a menudo. Los niños no suelen tener problemas respiratorios, pero sí otros síntomas, como estar cansados o tener dolor de estómago. Son síntomas difíciles de detectar en los pequeños.

En Ginebra, las pruebas de seroprevalencia [que detectan el porcentaje de la población infectada incluso sin síntomas] durante la primera ola mostraron que los niños estaban menos infectados que los adultos. Sin embargo, durante la segunda ola, el porcentaje de niños mayores de seis años infectados fue casi el mismo que el de los adultos.

En cuanto a las variantes emergentes del virus, los estudios realizados en Reino Unido muestran que muchos niños se han infectado, pero puede deberse a la mayor tasa de casos registrados. En Reino Unido además vemos que los niños también pueden tener COVID persistente.

Suiza tiene un enfoque inusual con respecto a los niños. A los niños pequeños, por ejemplo, aquí no se les exige llevar máscaras, mientras sí la llevan en otros muchos países.  

También se ha discutido mucho sobre si los niños pueden contraer la COVID-19, en vez de centrarse en medidas preventivas sencillas, como aulas más pequeñas o el uso obligatorio de la mascarilla.

SWI: ¿Qué cree que sacaremos de esta pandemia?

I.E.: Espero que nos centremos en el origen de las pandemias, como la destrucción de los hábitats naturales y la explotación de los animales. Sabemos que hay muchos virus que podrían seguir el mismo camino que este coronavirus. El comercio de animales salvajes, la pérdida de hábitats naturales o la cría masiva de animales domésticos son escenarios en los que podría estar el origen de la transmisión de un virus animal a los humanos.

Debemos centrarnos en la prevención. Sabíamos que existía el riesgo de que un virus similar al primer SARS se transmitiera a los humanos, pero se hizo poco al respecto. Al igual que en el caso de la crisis climática, es probable que pasen muchas décadas antes de que se tomen medidas reales, pero ahora tenemos que centrarnos en la prevención.

Se ha producido una enorme innovación en las vacunas –es realmente una revolución en la medicina–; por eso creo que estaremos mejor preparados para responder a una crisis de este tipo en el futuro.

A nivel social, la pandemia ha hecho más evidentes las desigualdades que ya existían. Las personas con salarios bajos tienen mayor riesgo de contraer enfermedades. Hay que introducir en todo el mundo las bajas por enfermedad pagadas y las ayudas sociales.

SWI: ¿Qué es lo primero que hará cuando todo esto termine?

I.E.: Visitaré a mi familia en Alemania. Echo de menos reunirme con mis amigos y familiares.

Traducción del inglés: Lupe Calvo

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