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¿En qué medida es neutral Suiza?

"Suiza y su neutralidad se enfrentan a grandes desafíos”

Micheline Calmy-Rey fue ministra de Asuntos Exteriores entre 2003 y 2011 y presidenta de Suiza en 2007 y 2011. Alex Spichale Fotografie

¿Es concebible una Unión Europea neutral? La exministra suiza de Asuntos Exteriores Micheline Calmy-Rey plantea esta pregunta en un nuevo libro.

Este contenido fue publicado el 24 enero 2021 - 11:00

La neutralidad suiza es una fuente recurrente de debate. En un libroEnlace externo, la exministra Micheline Calmy-Rey, que acuñó el término de “política exterior activa”, recopila la historia, la teoría y la práctica de la neutralidad suiza y formula algunas propuestas rompedoras.

swissinfo.ch: Suiza es candidata a un puesto de miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. ¿Por qué, en su opinión, esta candidatura es compatible con la neutralidad?

Micheline Calmy-Rey: En la gran mayoría de las situaciones, el Consejo de Seguridad no actúa militar, sino políticamente. Solamente ha tomado decisiones militares en cuatro situaciones: Corea, Irak, Kosovo en el año 1999 y Libia en 2011. En estos casos el Consejo de Seguridad actuó al unísono. Es decir, en nombre de la comunidad internacional.

La neutralidad suiza es una fuente recurrente de debate. En un libro, la exministra Micheline Calmy-Rey, que acuñó el término de “política exterior activa”, recopila la historia, la teoría y la práctica de la neutralidad suiza y formula algunas propuestas rompedoras.  

Pero, ¿Suiza no tendría que posicionarse en el Consejo de Seguridad o no estaría expuesta a presiones?

Suiza ya está activa en la ONU. Se posiciona, habla –no permanece sentada en silencio. Y un puesto en el Consejo de Seguridad ampliaría sus posibilidades de acción y le otorgaría más influencia.

¿Significa que es también una cuestión de interés propio, o sea, de que un Estado pequeño como Suiza tenga peso en la escena internacional?

Así es. Gracias a los intensos contactos internacionales que implica el estar en el Consejo de Seguridad, Suiza podría ampliar su red de contactos, lo cual es fundamental para la eficacia de nuestra política exterior. Esto le da acceso a los grandes actores y le ayuda a defender sus propios intereses.

En Suecia, por cierto, también hubo un debate sobre la compatibilidad de la neutralidad con un escaño en el Consejo de Seguridad. Suecia asumió el papel de mediador. Como usted sabe, no es sencillo llegar a un acuerdo en el Consejo de Seguridad. Suiza también podría asumir este papel, porque [en nuestro sistema político] estamos acostumbrados a buscar soluciones consensuadas. Y tenemos buenos diplomáticos. Es un papel que nos viene como anillo al dedo.

En el libro, usted cita a Jean Ziegler, que tilda a Suiza de hipócrita. En su opinión, ¿qué debería cambiar Suiza para no ser tachada de hipócrita?

La cuestión es si es compatible con la neutralidad que Suiza mantenga estrechas relaciones políticas y económicas con Estados que violan sistemáticamente los derechos humanos o están involucrados en conflictos.

Tomemos el ejemplo de Arabia Saudí: en la primavera de 2019, Suiza se negó a dar su consentimiento a la declaración conjunta de una treintena de Estados que exigían la liberación de los activistas de derechos humanos y que la relatora de la ONU investigara las ejecuciones extrajudiciales en el caso Jamal Kashoggi. Suiza se abstuvo.

Esto plantea la siguiente pregunta: ¿Nos hemos olvidado de nuestra tradición humanitaria? ¿Va en el interés de Suiza, que busca ampliar su influencia, que el país se muestre tan cauteloso?

Lo que está en juego es nuestra credibilidad y poder de convicción. Personalmente considero que no hay que oponer la economía a la neutralidad, sino actuar de forma coherente en la escena internacional.

Jurídicamente, Suiza no está obligada a una política de neutralidad. ¿Por qué la aplica entonces a raja tabla?

La neutralidad suiza ha evolucionado y ya no es lo que era en el siglo XVI. Nació de una situación concreta, de una necesidad de seguridad. Ahora se ha convertido en una neutralidad activa que se sustenta en el derecho internacional.

La neutralidad ha evolucionado para hacer frente a riesgos y desafíos globales como –el que vivimos en la actualidad– una pandemia o el desarrollo sostenible. La prevención y solución de los problemas globales constituyen una parte importante de la seguridad nacional de Suiza y de la salvaguarda de sus intereses en el mundo.

Pero usted tiene razón: Las reglas del derecho de la neutralidad solo se aplican a los conflictos entre Estados. La política de neutralidad no está regulada por ley, sino que surge de la voluntad del país neutral de preservar su neutralidad en el caso de un conflicto entre Estados. El contenido político concreto de la política de neutralidad es, por lo tanto, abierto y debe tener en cuenta los intereses de seguridad.

Suecia y Austria están dando la espalda a la neutralidad. Solo Suiza se aferra a la antigua interpretación que se tenía de la neutralidad. ¿Somos ingenuos y creemos que la neutralidad puede protegernos?

Personalmente abogo por una política de neutralidad activa. No abogo por que Suiza renuncie a la neutralidad.

Una política de neutralidad activa significa: Suiza está del lado del derecho internacional, no toma partido por una parte u otra en un conflicto, sino a favor del derecho. Evidentemente, procede manifestar su posición y denunciar las violaciones del derecho internacional. No es suficiente permanecer quieto y guardar silencio.

¿No tendría Suiza que dar un paso y colocarse, a través de la OTAN, bajo el escudo protector estadounidense en estos tiempos convulsos?

NZZ Libro

Lo digo en el libro: Suiza y su neutralidad se enfrentan a grandes desafíos. El sistema de seguridad colectiva de la ONU está debilitado, están surgiendo nuevas formas de conflictos.

Otro desafío es la capacidad del ejército suizo para defender al país. El objetivo de la neutralidad armada [Suiza es un Estado neutral, pero tiene un ejército] es poder defender nuestro territorio. Y las exportaciones de armas ponen en tela de juicio la credibilidad de Suiza en la aplicación de la neutralidad.

Por lo tanto, la neutralidad suiza se enfrenta a desafíos, pero esto no significa que ya no sea útil. Sigue siendo un triunfo que tenemos en las manos. Le otorga a Suiza un papel en la comunidad de Estados a través de su compromiso humanitario, los buenos oficios y una política de soft power, es decir, de diplomacia y promoción de la paz.

En el libro usted plantea si es concebible una Unión Europea neutral. ¿Si la UE se volviera neutral, habría que disolver la OTAN? ¿Es realista este escenario?

Veamos, el modelo de neutralidad de Suiza no se puede extrapolar tal cual a otro país o a una institución como la UE. Yo no abogo por eso. Tal vez no me he expresado bien y no hubiera tenido que utilizar el término “neutralidad” con relación a la Unión Europea. Lo que quiero decir es que los fundamentos y los principios de la neutralidad pueden ser una fuente de inspiración.

El núcleo duro de la neutralidad es la voluntad de seguir una política no violenta basada en la ley. Se trata de renunciar al uso agresivo de la fuerza. Esto no es compatible con la política de defensa de la UE ni con el concepto transnacional de la defensa. En realidad, yo abogo por un sistema de seguridad colectiva en la UE.

Si la Unión Europea se desarrollara en esa dirección, ¿Suiza podría adherirse a la UE?

En el caso de una adhesión a la UE, jurídicamente Suiza no estaría obligada a renunciar a la neutralidad, pero políticamente sería una cuestión delicada. No olvidemos que el objetivo de la política exterior común de la UE es una política de defensa común. Si la UE consiguiera ponerla en marcha, esto difícilmente sería compatible con nuestra neutralidad.

Micheline Calmy-Rey

Micheline Calmy-Rey (*1945) es miembro del Partido Socialista y durante muchos años tuvo cargos políticos en el cantón de Ginebra antes de dar el salto a la política nacional.

Entre 2003 y 2011 fue ministra de Asuntos Exteriores y en 2007 y 2011 ocupó la presidencia rotativa de Suiza.

En 2010 fue presidenta del Consejo de Europa. Desde 2012 es profesora en el Global Studies Institute de la Universidad de Ginebra.

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Traducción del alemán: Belén Couceiro 

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