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¿Un primer ministro a la cabeza del gobierno suizo?

La elección de Christoph Blocher (izq) y de Hans-Rudolf Merz llevó al gobierno más a la derecha.

(Keystone)

Dos años después de la renovación del parlamento suizo, swissinfo hace un balance, a medio camino de esta legislatura, con el politólogo Pascal Sciarini.

Una primera etapa marcada por el deslizamiento hacia la derecha de la política federal con la llegada de la derecha dura al Parlamento y, más tarde, al gobierno.

En el 2003, la Unión Democrática del Centro (UDC/derecha dura) llegaba al Parlamento. Imponía luego al jefe de sus filas, Christoph Blocher, en el gobierno. ¿Ese viraje a la derecha se percibe ahora, de manera concreta, en la política federal? ¿Cuáles son las consecuencias de la polarización derivada de las elecciones federales?

Pascal Sciarini, director del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Ginebra, nos aporta algunos elementos para encontrar una respuesta.

swissinfo: ¿Se pueden resentir ahora los efectos del deslizamiento hacia la derecha del Parlamento y el gobierno?

Pascal Sciarini: Se constata efectivamente, un intento de la UDC de tirar hacia la derecha tanto en el gobierno como en el Parlamento.

Pienso, por ejemplo, en la voluntad de privatizar Swisscom, la aceleración en el saneamiento de las finanzas federales o en el proyecto de reforma de la administración.

swissinfo: Pero se trata esencialmente de impulsos más que de proyectos...

P.S.: Sí, pues aun cuando ha habido un desplazamiento del equilibro de las fuerzas hacia la derecha, seguimos en un sistema de multipartidismo y que se mantiene como sistema de democracia directa.

Incluso más fuerte que antes, la derecha dura no puede entonces hacer pasar sus proyectos tan fácilmente como quisiera, debe convencer al parlamento y luego contar con una mayoría suficiente para superar el requerimiento de un eventual referéndum.

En ese caso, la actitud de los radicales (PRD/derecha) y de los demócrata- cristianos (PDC/centro derecha) es decisiva. El centro tiene dificultades para ubicarse en ese nuevo contexto. Me parece que los radicales tienden a seguir la vía de la UDC. Contrariamente, el PDC no está dispuesto a jugar el mismo juego.

Eso se ha visto en los días recientes con el proyecto de privatización de Swisscom. Ya veremos luego si mantiene su línea, pero por lo pronto, el PDC se alía a la izquierda para oponerse a la privatización.

Por el momento, no hay una multitud de ejemplos de proyectos concluidos que demuestren ese deslizamiento hacia la derecha dura, fuera del endurecimiento de la política de asilo, en la que Christoph Blocher logró imponer su proyecto.

swissinfo: A medio camino, la bipolarización se confirma claramente, con un desvanecimiento del centro que pierde fuerza e identidad...

P.S.: En efecto, para el centro es siempre más difícil encontrar su lugar en un contexto más polarizado que nunca. Difícil porque no se trata solamente de saber cómo ubicarse con respecto a los proyectos de ley sino también –los partidos tienden cada vez más a hacerlo- copiar su comportamiento sobre los efectos electorales anticipados.

El centro-derecha ha experimentado, desde hace doce años, la dificultad de gobernar en el centro. Los radicales, y más aún los demócrata cristianos, son verdaderamente los partidos gubernamentales por excelencia: con frecuencia leales al gobierno incluso en votaciones populares.

Pero eso no les reditúa siempre en términos electorales puesto que sufren una erosión constante después de doce años.

swissinfo: En síntesis, ¿nuestro sistema político suizo se adapta todavía a esta nueva repartición?

P.S.: A mi ver, no. Se ha alcanzado un tal nivel de polarización, incluso en el seno del gobierno, que impide al ejecutivo tomar decisiones sobre lo que ahora es importante.

Pienso en el asunto europeo, en el que se retrasa constantemente la decisión o en el ritmo de saneamiento de las finanzas y en la reforma de las instituciones.

Se acostumbraba decir que la concordancia –la existencia de los cuatro principales partidos a nivel del gobierno- era necesaria en un sistema de democracia directa para afrontar los escrutinios populares.

Yo observo que en cuatro de cada cinco votaciones populares, el gobierno sufre al menos la oposición de uno de los partidos gubernamentales, generalmente el Partido Socialista o la UDC. Las menos de las veces, puede contar con el apoyo de los cuatro partidos.

Si el objetivo prioritario, que era levantar el obstáculo referendario, no se puede alcanzar, se plantea claramente la pregunta sobre la utilidad de la concordancia.

swissinfo: Al ingreso al gobierno de Christoph Blocher, se había predicho que sería más bien amordazado. Hoy, es evidente que no se dio el caso...

P.S.: No, y yo era de aquellos que dudaban fuertemente de su capacidad de dar muestra de una actitud colegial. Y él ha demostrado que no se le da.

Juega, de forma casi sistemática, con la colegialidad y de esa manera contribuye a debilitar al gobierno, que, al mostrar sus divisiones, necesariamente se fragiliza.

¿Qué propone usted para sanear al gobierno?

P.S.: Yo soy un poco utopista, pero preconizo un remedio de caballo para un enfermo grave: renunciar a la concordancia de cuatro partidos.

Habrá que contemplar una concordancia reducida a tres partidos, sobre la base de un verdadero contrato de coalición, y que tendrá por misión primera introducir el pasaje a un sistema parlamentario.

A saber, un mecanismo de sanción mutua entre gobierno y Parlamento con la posibilidad de disolver la asamblea por una parte y de una moción de censura por la otra, y un primer ministro en las riendas.

Eso obligaría al gobierno y al parlamento a cooperar y sobre todo forzaría a los partidos políticos a entenderse en un verdadero contrato de coalición y a renunciar, para algunos de entre ellos, a hacer ese doble juego, que consiste en estar a la vez en el gobierno y en la oposición.

swissinfo, Alexandra Richard
(Traducción, Marcela Águila Rubín)

Contexto

En las elecciones federales de octubre del 2003, la UDC obtuvo 11 escaños en el Consejo Nacional (Cámara de Diputados). Es decir, 55 en total.

Otros vencedores, pero en menor medida: el Partido Socialista (PS) logró un sitio de más (52 en total) y los Verdes, otros 4 (para una suma de 13).

Contrariamente, los dos partidos de centro derecha perdieron siete curules cada uno. Los demócrata cristianos tienen ahora 28 y 36 los radicales.

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