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¿Viento renovador en la política de energía?

Una escena que podría ser más frecuente en Suiza después del 24 de septiembre.

(Keystone)

El electorado dirá este 24 de septiembre si llegó el momento de imponer cargas impositivas a las energías no renovables (fósil, mineral y nuclear) e incentivar la búsqueda de fuentes alternativas. Tres propuestas energéticas parecidas están en consulta.

Para situar mejor el alcance y la importancia de la consulta del domingo próximo es conveniente señalar algunos aspectos de la situación actual. A juzgar por las medidas adoptadas en la última década, Suiza figura entre las naciones más preocupadas por la protección del medio ambiente. Citemos algunas.

El 23 de septiembre de 1990 aprueba el artículo constitucional que reorienta la política energética del país e impone una moratoria de diez años a la construcción de nuevas centrales nucleares.

Un año después, el Gobierno promulga las bases del programa "Energía 2000" para promover el uso racional de la energía y la búsqueda de fuentes alternativas.

Varias disposiciones complementarias en la industria, la economía y la vida cotidiana, así como la participación de Suiza en varios foros internacionales confirman su propósito de afrontar el reto que supone la dependencia de las fuentes de energía convencionales.

Como consecuencia de uno de esos compromisos, el adquirido en la Cumbre Mundial sobre Cambio Climático de Kyoto, Suiza aplica, desde el pasado 1 de mayo, la ley que hasta el año 2010 permitirá reducir un 10 por ciento de las emisiones de dióxido de carbono, CO2, tomando como referencia los niveles de emisión de 1990.

Fuentes de energía en Suiza

Más de 100 plantas hidroeléctricas en todo el territorio nacional suministran el 60 por ciento de la energía eléctrica y el restante 40 por ciento proviene de las cinco centrales nucleares en actividad.

En este campo se prevé una inevitable liberalización del mercado de la energía en la Confederación Helvética, con las ventajas y desventajas que ello implica.

El fuel alimenta casi todo el sistema de calefacción en Suiza. Huelga entonces recordar la incidencia de los precios del petróleo.

Con este telón de fondo, los electores suizos se ven ante tres proposiciones concretas que podrían dar lugar a un cambio sustancial en la política energética y ecológica.

1. Iniciativa en favor de la energía solar

Lanzada en 1995 por los sectores políticos de izquierda, ecologistas e investigadores de fuentes energéticas alternativas bajo el título original de "un centavo solar" propone imponer el pago tributario de 0,1 centavos por cada kilovatio/hora anual que entraría en vigor tres años después de su aprobación.

Esta tasa sería elevada gradualmente hasta un máximo de 0,5 centavos durante un período de 25 años y permitiría recaudar 750 millones de francos por año. La mitad de esta suma fomentaría el uso de la energía solar y de otras fuentes no renovables, y la restante serviría para asegurar la existencia de las plantas hidráulicas y la promoción del uso racional de la energía convencional.

Se calcula que pagando esos 0,5 centavos (equivalentes al importe de dos tazas de café, es decir unos 6 francos) por kilovatio/hora, es posible crear varias decenas de miles de puestos de trabajo y reducir la contaminación ambiental provocada por la emisión de gases nocivos despedidos por los combustibles corrientes.

Los adversarios de la iniciativa afirman que estos postulados económicos y ecológicos no tienen asidero y perjudican tanto a la economía privada como a la doméstica, porque se trata, dicen, de una nueva carga impositiva.

2. Contraproyecto gubernamental a la iniciativa

El Gobierno y el Parlamento plantean otra alternativa que va en sentido similar, pero no igual. Proponen una tasa tributaria de 0,3 centavos por kilovatio/hora de energía fósil, mineral y nuclear durante un lapso de entre 10 y 15 años.

Se recaudaría 450 millones de francos anuales a ser distribuidos en cuatro partes exactas. Una para la conservación y mejoramiento de las plantas hidroeléctricas del país, de manera que la inminente liberalización del mercado de la energía no tenga repercusiones negativas en esta fuente de energía limpia.

El fomento de las energías renovables, particularmente la solar; el uso racional de la energía convencional y el mejoramiento del programa recibirían las otras tres cuartas partes de la suma señalada.

El pago de este impuesto equivaldría al valor de una taza de café, es decir, unos 3 francos por mes, suma que incentivaría la creación de unos 20.000 puestos de trabajo en sectores respetuosos del medio ambiente, por ejemplo en los que aplican la tecnología solar, gestionan el uso de la energía, desarrollan sistemas de calefacción y ventilación ecológicos, etc.

Esta propuesta tampoco convence a una gran parte del sector industrial privado, sobre todo a los muy dependientes de la energía convencional.

3. Impuesto de incentivo al uso racional de la energía y la protección del medio ambiente

"Es más razonable imponer una obligación tributaria al uso de la energía en vez de al trabajo". Con este argumento, el Gobierno y el Parlamento proponen el cobro de 2 centavos por cada kilovatio/hora que provenga de fuentes de energía fósil y nuclear.

Este impuesto entraría en vigor, si el pueblo lo aprueba, el año 2004 y aportaría 3.000 millones de francos anuales durante un período ilimitado. Esta suma volvería al circuito de la economía, bajaría el precio del trabajo y ayudaría a cubrir algunos costos de los aportes salariales obligatorios, entre ellos al sistema de seguridad social.

Para no perjudicar a la competitividad del sector económico, el gravamen fiscal sería introducido gradualmente y afectaría sobre todo a los recursos energéticos no renovables como el petróleo, gas, carbón, o energía de origen nuclear.

La elaboración de la ley de aplicación de este impuesto favorable a la protección del medio ambiente sería concluida, a más tardar, en el año 2004.

La derecha de los partidos burgueses y una buena parte de los sectores económicos de Suiza se oponen a este planteamiento porque so pretexto de la protección ambiental se tributará, dicen, para alimentar un nuevo sistema de subsidios.

Recomendaciones

Los medios políticos de izquierda y ecologistas recomiendan a los electores aprobar las tres propuestas energéticas. La derecha política, en cambio, no parece tener un punto de vista común. Algunos parlamentarios respaldan la iniciativa solar, otros preferirían la contrapropuesta gubernamental.

Cabe anotar que la aprobación de una, dos, o las tres proposiciones no implica carácter acumulativo. Es decir que los montos sugeridos no se suman.

La economía privada ha desplegado una intensa campaña de oposición a las tres proposiciones energéticas.

¿Dar un paso adelante y emprender el camino de una futura fiscalización ecológica? o ¿mantener las fuentes de energía actuales y los hábitos acostumbrados?. Este es el dilema que los electores deben resolver el próximo domingo depositando su voto en las urnas.

Juan Espinoza


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