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Pequeños efectos de la llegada a la Luna en Suiza

Un grupo de personas contempla ante una tienda de televisores de Zúrich la llegada del Apolo XI a la Luna, el 21 de julio de 1969. Keystone

Arte, exposiciones, helados: distintas formas de recordar en Suiza el primer alunizaje el 21 de julio de 1969.

Este contenido fue publicado el 12 julio 2019 - 11:00
David Eugster

La llegada a la Luna el 21 de julio de 1969 constituyó en Suiza un hito histórico en la era de la televisión que acababa de empezar. La difusión de las imágenes del primer paseo sobre la Luna animó a muchas personas a comprarse un televisor. Algunos incluso llegaron a colocar su cámara de fotos delante de la pantalla del televisor para inmortalizar el histórico acontecimientoEnlace externo.

Fue una espera mágica y emocionante. Luego, después de un montón de crepitantes mensajes de radio, a las 03:56 de la madrugada Neil Armstrong pronunció su famosa frase e inició su breve paseo a saltos sobre la superficie lunar. Muchos padres permitieron esa noche que sus hijos permanecieran despiertos para poder asistir al histórico momento. En las ciudades, los restaurantes que disponían de televisor permanecieron abiertos toda la noche. En los cuarteles los soldados fueron autorizados a permanecer frente a la pequeña pantalla. Sin duda, fue uno de esos momentos televisivos de los que todo el mundo recuerda luego dónde lo vio.

El arte bajo la influencia de la Luna

Dos obras de Max Grüter inspiradas en la aventura espacial: a la izquierda “Rakete” (Cohete) 2008, a la derecha “Umarmung” (Abrazo) 2008. Max Grüter

El artista suizo Max GrüterEnlace externo guarda un recuerdo muy preciso de aquella noche. En 1969 tenía trece años y vivía en el campo, “donde no había muchos productos tecnológicos”.  Ya se había sentido fascinado con el cosmonauta ruso Yuri Gagarin y algunas veces había intentado descubrir en el cielo satélites como el Sputnik.

Aquella noche Max Grüter se sentó junto a su familia delante del televisor y pudo contemplar “aquellas imágenes temblorosas en las que apenas podía verse algo”. Desde los años 90 Grüter ha estado experimentando con imágenes de astronautas y tecnología espacial generadas por ordenador. Esas imágenes representan para el artista un nuevo punto de partida para la humanidad, la entrada al mundo virtual.

El sueño de un museo espacial suizo

Guido Schwarz es uno de los organizadores de distintas exposiciones y actos que conmemoran este año el primer paseo sobre la Luna. Su objetivo es crear su propio Museo EspacialEnlace externo en el que exponer su amplia colecciónEnlace externo.

“Tenía solo cuatro años y mis padres no me despertaron. Todavía no les he perdonado”, dice Schwarz. Desde entonces, nunca ha dejado de soñar con el universo: “Tenía dos hermanos mayores. Nuestra habitación estaba llena de carteles de astronautas y teníamos también una maqueta de cohete de un metro y medio de alto”. Ha vuelto a ver mil veces aquel primer paseo sobre la Luna en un viewmaster, una especie de gafas virtuales al estilo de los años 60 que muestra imágenes en 3D.

El helado Cohete, un recuerdo de la era espacial

A la izquierda, Louis Wälti ganó en 2013 el cartel anunciador del Kindermuseum (Museo suizo de niños) con un tema sobre cohetes. A la derecha, tejido con helados de naranja de Carla Rickenbacher. Kindermuseum


El recuerdo que más ha perdurado de aquel “gran paso para la humanidad” es el helado “Cohete”, un polo de hielo pequeño, con sabor a piña y naranja.

Envoltorio original del helado Cohete. Frisco/Nestlé Archiv

Fascinados por el aterrizaje sobre la Luna, la empresa Frisco, productores de helados de Rorschach (cantón de San Galo), lanzó al mercado este helado en forma de cohete pocas semanas después del 21 de julio. Costaba entonces 30 céntimos. Fue el mayor éxito de la empresa FriscoEnlace externo, que hoy pertenece a Nestlé. Hasta hoy se han producido casi 400 millones de estos helados, es decir, cerca de 8 millones al año.

El helado en forma de cohete se convirtió en un clásico del diseño y ha sido ampliamente copiado. Y al ser una de las variedades de helado más baratas y perdurables del mercado se ha convertido también en un símbolo de los sueños de la infancia.

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