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Ana Frank, una historia sin tiempo

Una exposición para reflexionar sobre la intolerancia. (foto de la muestra)

En un barrio de Höngg, Zúrich, una muestra recuerda el famoso diario de la jóven judía para sensibilizar sobre la intolerancia racial.

La idea es transmitir, sobre todo a la juventud, la gran importancia que tiene la convivencia entre diversas culturas, abierta y sin prejuicios.

La exhibición, presentada actualmente en la Parroquia Evangélica del barrio de Höngg, Zúrich, pone el acento en la facilidad de caer en la intolerancia y la falta de respeto a los derechos humanos.

A través de una serie de 30 bastidores ricamente documentados con fotografías y textos extraídos del conmovedor diario de Ana Frank (1929-1945), se revela un momento vergonzoso y triste de la historia europea.

Vivir en el exilio

Estamos en el periodo de 1929 a 1933. La situación política y económica se recrudece en Alemania y el pueblo judío, así como otras minorías, hacen el papel de chivo expiatorio. Es el momento de huir fuera de Alemania si se quiere salvar la piel, sobre todo si uno se llama Asckenasy, Steiner o Asch...

La familia de Ana Frank al igual que otras tantas escogen el camino del exilio. Sin embargo, puede decirse que la infancia de esta niña judía va a ser feliz aunque sólo por momentos... Así lo atestigua ella en su diario.

Años después la familia Frank llega a Ámsterdam, Holanda, por motivos de seguridad. El pueblo judío en la Alemania nazi era cada vez más perseguido, reprimido, y a la gente se le concentraba en barrios reservados únicamente para ellos.

Del mismo modo ya hacia 1941 se agudiza la represión llevada a cabo por los alemanes, incluso en Ámsterdam.

La familia de Anna Frank teme por su vida, pues cada vez es más frecuente oír hablar de exterminio y de campos de muerte para todo aquel que no pertenezca a la “raza aria”.

Esconderse para sobrevivir

En su diario Ana Frank constata su situación de familia ilegalmente instalada en otro país. Así ella escribe: “Nuestro escondite es ideal. Detrás de una casa un poco húmeda pero es ideal para esconderse.”

En efecto, los Frank tuvieron que vivir ilegalmente escondidos de 1942 a 1944 detrás de una vieja casona de Prinsengracht 263, a orillas de un canal en Ámsterdam.

Toda la familia de Ana, junto con la pareja van Pels y su hijo Peter, más el dentista Pfeffer, se encontraban incomunicados y espiando la vida exterior desde las ventanas.

Esta gente vivió allí recluida bajo el temor de la persecución alemana, con la angustia de ser descubierta y llevada a los campos de la muerte. Sin embargo, el coraje no les faltaba, ni los sueños de libertad desaparecían, ni las esperanzas los abandonaban, de eso da cuenta la escritura valiente de Ana Frank.

El diario personal de esta niña es un testimonio sorprendente lleno de emoción y lucidez donde narra las vicisitudes de su familia, de su grupo, de su estigma por ser judía en medio de un mundo de intolerancia, de horror y de tristeza.

En alguna parte de este diario, hoy mundialmente conocido, Ana describe con gran perspicacia el momento de 1941 a 42 cuando las reglas alemanas contra los judíos se agudizan al máximo. Y así nos dice:

“Los judíos deben traer una cruz sobre su brazo para distinguirse, no deben usar bicicletas, no deben circular libremente, ni viajar en auto ni en privado, sólo de 3 a 5 de la tarde se harán las compras, entre las 8 de la noche y las 6 de la mañana no se podrá andar en la calle...”

Una lección para aprender

La exposición sobre la vida de la familia Frank que tiene lugar en la Parroquia Evangélica de Zúrich, intenta sensibilizar particularmente a los jóvenes que asisten allí con sus clases y sus maestros.

La muestra trata de hacerles comprender que aceptar la convivencia en Suiza con otras culturas, por más distintas que éstas sean, es una forma de llegar a la paz. Y que la lección de la familia Frank es una historia que no debemos olvidar.

El fin trágico de este grupo de judíos, que en 1944 fue finalmente descubierto en su escondite de Ámsterdam y luego deportado a campos de concentración nazi, es una prueba más de que diabolizar al otro no sirve de nada; y que la tolerancia y la aceptación de los demás es la única condición para convivir pacíficamente.

Esto es lo que se concluye del diario de la niña Ana Frank, quien murió de tifo en el campo de Bergen-Belsen, Alemania, en marzo de 1945, un mes antes de que la armada británica liberara dicho campo.

La exhibición de Ana Frank y su mundo judío está hecha con testimonios vivos de la historia. Permanecerá abierta en Zúrich hasta el 3 de octubre de 2003.

swissinfo, Araceli Rico, Zúrich

Datos clave

La muestra trata de hacer comprender que en Suiza es posible vivir con otras culturas, por más distintas que éstas sean.

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