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Chelsea y Wil bajo la lupa de Estrasburgo

Genadi Parepandeko e Igor Belanov, presencia de Ucrania en el fútbol suizo.

(Keystone)

La adquisición de los clubes de fútbol inglés y suizo por inversionistas procedentes de países del Este sacude al mundo político internacional.

Seis parlamentarios suizos y 11 de sus homólogos europeos acuden al Consejo de Europa.

Julio 2003, Inglaterra. El oligarca ruso Roman Abramovitch compra el club de fútbol inglés Chelsea por la módica suma de 315 millones de francos suizos.

El asunto provoca un escándalo puesto que el empresario y antiguo gobernador de Tchoukokta inyecta 250 millones de francos de su fortuna personal (estimada en más de 7 mil millones) en una impresionante campaña de transferencias.

También en julio del 2003, pero en Suiza. Inversionistas ucranianos adquieren –a través de su sociedad‚ ‘New Building Design SA’- el 51% del capital del FC Wil SA por mil 100 millones de francos.

La operación hace menos ruido pero es significativa en el mundo de los clubes de fútbol helvéticos que atraviesan enormes dificultades financieras

Una moción en Estrasburgo

Cuestionado sobre esas dos compras, el senador Maximilian Reinmann, presidente del grupo parlamentario ‘Sport’ y miembro del Consejo de Europa, decide presentar en Estrasburgo una moción sobre las inversiones procedentes de países del Este en beneficio del fútbol de élite de la Europa del Oeste.

Consignada por 17 representantes de países de la Europa del Este y del Oeste, esa moción invita al Consejo de Europa a “examinar de cerca las inversiones financieras, cada vez más frecuentes, de países como Rusia, Ucrania, etc., en los clubes de fútbol europeos de alto nivel”.

Concretamente, solicita responder a interrogantes tales como: ¿Es claro el origen de los fondos? ¿Es legal su transferencia? ¿El uso previsto de esos fondos y el riesgo de pérdidas son admisibles desde el punto de vista económico? ¿La fuga de esos capitales afecta a los países concernidos?

Más lejos que el simple fútbol

“En definitiva, lo que queremos saber es si el dinero invertido es dinero sucio, si invertir en los clubes permite lavar ese dinero o si esos fondos escapan al fisco de los países concernidos”, resume Andreas Gross.

El diputado y jefe de la delegación suiza en el Consejo de Europa defiende esa nueva “injerencia” de la política en la esfera deportiva.

“La democratización de la antigua URSS es un tema esencial en el futuro del mundo”, subraya el legislador zuriqués.

“Lo que hacen los oligarcas de esos países con las riquezas que han acumulado es importante. Tienen que compartirlas con la población y, al menos, no evadir el fisco. Y eso va mucho más lejos que el puro aspecto deportivo del fútbol”.

El ejemplo suizo

Los montos procedentes de Ucrania e invertidos en Wil debieron ser depositados en una cuenta bancaria.

“Estamos obligados a cumplir con la reglamentación sobre la procedencia de los fondos. Para llegar a Wil, el dinero pasó por un banco suizo y obligatoriamente fue objeto de un control”, confirma Christian Constantin.

Figura emblemática del FC Sion, del que ha sido y es nuevamente presidente, el arquitecto de Martigny conoce bien las formas del financiamiento del fútbol suizo.

Comprende la voluntad de los políticos de crear condiciones marco propias al desarrollo armónico de los clubes de fútbol, pero rechaza la idea de que los fondos procedentes del Este sean más dudosos que otros.

“Por una parte, los fondos extranjeros invertidos en el fútbol suizo son muy escasos. Por otra parte, estoy convencido de que los países del Este no detentan el monopolio de los fondos turbios”, afirma.

Para concluir, expone una fórmula de la que conoce el secreto. “Para los políticos es conveniente ocuparse del fútbol por la mediatización de la actividad y el retorno mediático del que pueden sacar provecho”.

swissinfo, Mathias Froidevaux
Traducción, Marcela Águila Rubín

Contexto

En el mes de julio del 2003, el millonario ruso Roman Abramovitch adquirió el club de fútbol inglés Chelsea por más de 300 millones de francos suizos.

Invirtió también cerca de 250 millones de francos en el mercado de transferencias para contratar jugadores afamados como los argentinos Veron y Crespo, el francés Makele, el irlandés Duff y el rumano Mutu.

En Suiza, los inversionistas ucranios destinaron mil 100 millones de francos al Club Wil, del cantón de Saint Gall.

Representada por los ex jugadores ucranios Igor Belanov, la sociedad española ‘New Building Design’ es la accionista mayoritaria del club.

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