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Suiza refrenda prohibición a OGM: ¿Qué teme?

Entre 2008 y 2010, un grupo de investigado y estudió diversas variedades de trigo transgénico en Reckenholz, cerca de Zúrich, y en Pully, cerca de Lausana Keystone / Dominic Favre

Eva Reinhard, directora Agroscope, el organismo federal suizo dedicado a la investigación agrícola, expresa su frustración ante el plan gubernamental de extender la moratoria que prohíbe los vegetales genéticamente modificados durante cuatro años más.

Este contenido fue publicado el 26 enero 2021 - 11:00

Reinhard afirma que el enfoque de solo esperar mientras se observa lo que hacen los otros hará que Suiza pierda un tiempo precioso en una coyuntura de creciente escasez mundial de alimentos.

La moratoria suiza para el cultivo de organismos genéticamente modificados y para vender productos transgénicos se introdujo por primera vez en 2005, tras la votación de una iniciativa popular. Desde entonces, el Parlamento la ha refrendado en tres ocasiones. Y en diciembre pasado, el Gobierno suizo propuso que fuera extendida hasta finales del 2025.

Hacer que la producción agrícola sea más sostenible es una cuestión de supervivencia para la población mundial, ya que habrá 9 000 millones de bocas por alimentar en 2050. Esto significa que es necesario producir 1,1% más de calorías por año para satisfacer la creciente demanda global, pero sin utilizar más tierras para la agricultura, ya que 25% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero proviene justamente de la producción del sector primario.

En este contexto, Eva Reinhard, titular de Agroscope, afirma que prohibir los transgénicos en Suiza carece de sentido. “En materia de calentamiento climático, cada grado adicional [en la temperatura global] significa entre 3 y 4% menos rendimiento [en los cultivos]. Ya tenemos un problema serio con la sequía y los transgénicos permitirían hacer algo al respecto con relativa rapidez", expresó en el LifeFair Forum, una conferencia virtual celebrada recientemente para hablar sobre alimentos producidos con tecnologías de punta.

Reinhard añade que en Suiza falta claridad sobre los métodos que pueden utilizarse legalmente para generar nuevos productos para el mercado. “Esto hace que los productores de plantas se sientan inseguros y complica el trabajo de fitomejoramiento que tiene fines comerciales”.

“¿A qué le tenemos miedo? Ya no lo entiendo ”, dice al destacar el hecho de que la tecnología de edición genética CRISPR-Cas9 ganó el Premio Nobel en 2020Enlace externo.

“Hemos observado el progreso de la tecnología genética extranjera durante los últimos 40 o 50 años. Simultáneamente, hemos realizado una gran cantidad de investigación de campo y no hemos visto catástrofes. Pese a ello, aún tenemos que esperar”.

Bajo la ley actual, el trabajo de campo de la investigación suiza destinado a identificar oportunidades y riesgos ambientales derivados nuevas tecnologías de fitomejoramiento solo puede realizarse en lugares protegidos.

El comunicado del GobiernoEnlace externo que anuncia la extensión de la moratoria señala que este tiempo debe utilizarse para "responder preguntas abiertas sobre los nuevos métodos genéticos y discutir su importancia en la agricultura sostenible".

Agricultura sostenible

Las soluciones para una agricultura más sostenible incluyen la reducción del desperdicio de alimentos, el desarrollo de cultivos de mayor rendimiento, mejoras a la resistencia de los cultivos en caso de sequías y plagas y también el desarrollo de nuevas fuentes de proteínas para reemplazar la carne, incluida la fermentación de biomasas de organismos unicelulares en tanques.

La digitalización, utilizando drones e imágenes multiespectrales, también juega un papel preponderante en el incremento de la eficiencia y la reducción de la cantidad de fertilizantes, agua y pesticidas utilizados en el suelo, detalla Reinhard.

Sin embargo, algunos expertos consideran que los OGM deben ser el último recurso del cual echar mano en el presente. Urs Brändli, presidente de la federación de agricultores orgánicos suizos Bio Suisse expresó en el Foro Lifefair Enlace externo que hay muchas opciones sobre la mesa y es importante probarlas todas antes de llegar a los OGM. “Es claro que es mejor no manipular las células”, expresó.

Nuevos enfoques

Entre los nuevos enfoques apoyados por Brändli está la agricultura de interiores. “Si las instalaciones interiores en las ciudades, por ejemplo, ubicadas en edificios industriales convertidos, pueden usarse para producir alimentos en sistemas cerrados que no tengan una carga medioambiente, ¿por qué no hacerlo?"

Brändli cree que los productos orgánicos, que ahora tienen una participación de mercado del 10% en Suiza, seguirán ganando terreno en un mercado que ofrece productos cada vez más diversos, pero advierte que actualmente es difícil producirlos a la escala deseable. “La comida orgánica ofrece muchas soluciones a los problemas que enfrentamos, pero tampoco es la solución para alimentar a 9 000 millones de personas en 2050”, afirma.

Eva Reinhard de Agroscope coincide y destaca el problema de los bajos rendimientos. “La agricultura orgánica tiene efectos muy positivos para la biodiversidad y la tierra, pero si produjéramos nuestros cultivos principales de manera orgánica, sin hacer cambios en las tecnologías agrícolas, necesitaríamos una cuarta parte más de tierra y también más importaciones”.

Se necesitan nuevas variedades de cultivos con mejor resistencia a las plagas y mayores rendimientos, dice, y pone como ejemplo la remolacha azucarera, que está cada vez más amenazada en Suiza por el virus amarillo de la remolacha. “Si no usamos nuevas tecnologías [genéticas], no encontraremos soluciones con suficiente rapidez”.

Tecnología dirigida

Otro participante en el debate de LifeFair, Claudio Beretta, experto de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich (ZHAW), expresa su inquietud sobre los posibles efectos no cuantificables de los organismos genéticamente modificados en un entorno no controlado y pide cautela en el uso generalizado de estas nuevas tecnologías.

“Tengo sentimientos encontrados con respecto a los alimentos de alta tecnología. Debemos diferenciar (los que nos conviene y los que no) dentro de la industria alimentaria. Debemos evaluar y seleccionar solo aquellas tecnologías que son útiles por la sostenibilidad que ofrecen al medioambiente, la salud y la economía”. Beretta apoya fundamentalmente las innovaciones en las que la tecnología puede ser usada específicamente para extraer alimentos en mal estado como con el empleo de drones.

Un ejemplo de innovación en el procesamiento de alimentos que puede ser muy eficaz para combatir el desperdicio de alimentos es el encabezado por Beatrice Condé-Petit, miembro del Swiss Bühler Group, quien también participó en el debate.

La empresa Swiss Bühler Group es una de las principales fabricantes de equipos de procesamiento de alimentos en el mundo, posee una amplia gama de máquinas de clasificación óptica, incluida una que usa cámaras para detectar aflatoxinas venenosas (producidas por ciertos mohos) en el maíz a una velocidad de 10 000 toneladas por hora. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las aflatoxinas causan la destrucción de al menos una cuarta parte de los cultivos alimentarios del mundo cada año.

Bühler también produce sistemas modulares que permiten transformar desechos orgánicos en fertilizantes y alimento para los animales gracias al uso de larvas de insectos. Los desechos orgánicos son un alimento óptimo para las larvas y cuando estas alcanzan un peso determinado, son colectadas y convertidas en una harina rica en proteínas y lípidos ideales para la nutrición animal. Y no se necesita tierra fértil para este proceso de producción.

Bühler y otros participantes de LifeFair dejaron en claro que existe una amplia gama de innovaciones listas para emplearse a mayor escala para construir un sistema alimentario más sostenible. Pero lo más importante ahora es comprender la urgencia del problema.

Traducido del inglés por Andrea Ornelas

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