La Fundación Bodmer cuestiona la guerra y la paz

Pierre Hazan, curador de la exhibición ‘Guerra y Paz’, organizada por la Fundación Bodmer. SWI-Frédéric Burnand

¿La guerra es el futuro del hombre? Es la pregunta que plantea la excepcional exhibición organizada en Ginebra por la Fundación Martin Bodmer, la ONU y el CICR. Una reflexión histórica, política y artística sobre un mundo en busca de sentido y equilibrio, como hace un siglo.

Este contenido fue publicado el 22 diciembre 2019 - 11:00
Frédéric Burnand, Ginebra

"Si esta exposición hubiera tenido lugar hace solo treinta años, estaría cargada de un optimismo extraordinario", escribe Pierre Hazan, su curador, en la presentación del vasto catálogo de la muestra. "Tres décadas después, el cambio de perspectiva es brutal", agrega el asesor del Centro para el Diálogo Humanitario, organización con sede en Ginebra y dedicada a la mediación de los conflictos armados.

Las noticias cotidianas confirman lo anterior. El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sigue paralizado ante conflictos que involucran a las grandes potencias en Oriente Medio y el Golfo arabo-pérsico. La ONU mantenida a distancia en el sudeste asiático, mientras que la tensión aumenta de nuevo en Cachemira, donde India y Pakistán -poseedoras de armas nucleares- se enfrentan. "El hombre tiene más que nunca la responsabilidad de elegir entre la guerra y la paz”, subraya Pierre Hazan.

Una responsabilidad que recae fundamentalmente en los jefes de Estado, pero también en los ciudadanos que los eligen y validan sus decisiones.

La exposición ilustra igualmente las diversas formas de difusión de la poderosa propaganda belicista utilizada desde el siglo pasado con el apoyo de los medios masivos de comunicación, comenzando por la radio.

La Fundación Bodmer presenta una convención internacional dedicada a la radiodifusión en favor de la paz. Archives des Nations unies

La Liga de las Naciones se propuso en su momento combatir la deshumanización. En 1936, descubrimos en la Fundación Bodmer, una convención internacional dedicada a la radiodifusión en favor de la paz exhortaba a los Estados a velar por que los programas transmitidos desde su territorio "no fueran incentivos para la guerra ‘ni alentaran’ actos que condujeran a ella”.

Las 20 naciones que firmaron el tratado se comprometieron a poner fin de inmediato a cualquier programa "que pudiera dañar la buena voluntad internacional a través de acusaciones cuya inexactitud debería notificarse a las personas responsables del programa". Hoy, la ONU lucha aún por combatir la difusión del discurso de odio y la información falsa en las redes sociales.

La exposición muestra el ejemplo más extremo de manipulación del siglo pasado. Exhibe una copia del Mein Kampf, el manifiesto antisemita de Adolfo Hitler, publicado en 1925. También evidencia la culminación de esta voluntad de exterminio a través de la reproducción de un mapa secreto que muestra la división de Polonia en dos, con un solo trazo de lápiz, que acompañaba al Pacto de No Agresión entre la Alemania nazi y la Unión Soviética de 1939.

Otra vitrina expone las consecuencias humanas de la guerra con un ejemplar de la edición original del ‘Diario de Ana Frank’, la adolescente judía que murió de tifus en el campo de concentración de Bergen-Belsen en 1945. Al lado del libro hay una nota diplomática que el Gobierno polaco en el exilio escribió a los 26 gobiernos aliados en diciembre de 1942 titulada: "El exterminio masivo de judíos en Polonia ocupada por la Alemania nazi".

Sí, los aliados lo sabían, pero no hicieron nada hasta el final de la guerra. Socio de la exposición, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) no escapó a esta renuncia ante el Holocausto, siguiendo la política de acomodo decidida por el Gobierno suizo hacia Berlín. Sin embargo, hubo un debate en el seno de la organización humanitaria sobre la conveniencia de denunciar los abusos contra la población civil. Se redactó un exhorto vago y mesurado. Pero el CICR acabó por bajar los brazos como lo recuerda la exposición al mencionar el papel de Philipp Etter, entonces miembro del CICR y presidente de la Confederación.

Un cartel zuriqués contra el bolchevismo, fechado en 1919. ​​​​​​​ Collection particulière

La exposición, dirigida por Pierre Hazan y por el jefe de la Fundación Martin Bodmer, Jacques Berchtold, invita a sacudir las consciencias en momentos en que resurge el antisemitismo, incluso en Alemania. Pero esta exposición no busca ser un llamado al activismo sino un exhorto a reflexionar sobre la historia. Los visitantes no pueden más que constatar lo poco que los hombres pareceríamos haber aprendido de ella.

¿Es cíclica la historia? Esta pregunta recibe a los visitantes de la exposición. Quizás. Sin embargo, este eterno retorno incluye también la sed de reconciliación. La exposición muestra una estaca de arcilla con una inscripción sobre la paz y la amistad en caracteres cuneiformes de la época de los sumerios. Un vestigio con más de 4 400 años de historia, el más antiguo mensaje diplomático del que se tenga conocimiento.

Estaca de arcilla del 2430 a. C. forma parte de los vestigios un tratado de alianza pactado entre dos pueblos de Mesopotamia ​​​​​​​ Fondation Martin Bodmer

También expone el Tratado de la “Paz Perpetua” , firmado entre la Confederación y Francia en 1516, tras la derrota de los suizos en la Batalla de Marignan, cerca de Milán, Italia. En la parte inferior del pergamino se ve el sello del rey francés François 1º. seguido por otros 18 sellos, pertenecientes a los 13 cantones que conformaban la antigua Confederación y sus aliados.

Las tres principales religiones monoteístas: judaísmo, cristianismo e islam, han intentado definir la legalidad de la guerra y la violencia. Hazan destaca que aquí radican los orígenes de la llamada "guerra justa", un concepto ambiguo que revivió en la década de los 1990 durante los conflictos armados en la otrora Yugoslavia y la primera Guerra del Golfo.

Al respecto, los Convenios de Ginebra, elaborados por el CICR, fueron un gran paso porque permitieron la asistencia a los heridos y la protección de los prisioneros de guerra y los civiles, sin importar de qué lado estuvieran. Pero la exposición también recuerda que hubo limitantes.

En 1880, Gustave Moynier, uno de los padres fundadores del CICR, escribió en un boletín del organismo que no era deseable que los Estados africanos se adhirieran a la convención "porque los negros de África son, en su mayoría, aún demasiado salvajes para asociarse al pensamiento humanitario que inspiró este tratado y lo puso en marcha”. Única excepción, el Estado independiente del Congo, que Gustave Moynier ayudó a crear y que su único propietario, Leopoldo II, rey de los belgas, controló de la manera más violenta posible, lo que provocó la muerte de millones de sus habitantes y un escándalo internacional.   

En medio del ciclo interminable de conflictos y acuerdos de paz, destacan varios escritores capaces de revelar las mentiras de la guerra. La exposición presenta varias páginas del manuscrito original de la ‘La Guerra y la Paz’ de León Tolstoi, prestado por el Museo Tolstoi de Moscú por primera vez desde que el libro fue escrito en la década de 1860 y que fue trasladado a Ginebra bajo altas medidas de seguridad.

Manuscrito de 'La Guerra y la Paz', de León Tostoi. Moscou, Musée national L. N. Tolstoï

A pocos pasos del valioso manuscrito del escritor ruso están también grandes clásicos de la estrategia militar como ‘De la guerra’, del prusiano Carl von Clausewitz (1833), o ‘El Arte de la Guerra’ del chino Sun Tzu (escrito seis siglos antes de nuestra era).

La exposición también presenta la portada del periódico Combat del 8 de agosto de 1945 con un editorial de Albert Camus. El futuro Premio Nobel de Literatura comenta ahí sobre la bomba de Hiroshima y sus palabras son trágicamente actuales: "La civilización mecánica ha alcanzado su último grado de salvajismo. Tendremos que elegir, en un futuro más o menos cercano, entre el suicidio colectivo o el uso inteligente de las conquistas científicas".

La exposición ‘Guerra y Paz’ en la Fundación Martin Bodmer está abierta hasta el 1 de marzo de 2020. 

Forma parte de las celebraciones del centenario de la Sociedad de las Naciones, un programa llamado 100 años de multilateralismo al que la sede europea de las Naciones Unidas dedica otra exposición en Ginebra.

Junto con las Naciones Unidas y el CICR, Suiza participa activamente en todos estos eventos. 

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