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Vincent Kucholl “La democracia directa no es una religión”

El pueblo no siempre tiene razón, según Vincent Kucholl.

(PHOTO-GENIC.CH / OLIVIER MAIRE)

Suiza es un modelo de democracia, pero se necesitan mecanismos de protección para mejorar el sistema y evitar ‘accidentes’ como la aprobación de la iniciativa contra los alminares, opina el cómico y escritor suizo Vincent Kucholl.

Su libro ‘Institutions politiques suisses’Enlace externo, con ilustraciones del célebre caricaturista suizo Mix & Remix, es un auténtico éxito de ventas y ha sido traducido al inglés: ‘Swiss Democracy in a Nutshell’Enlace externo.

La obra de un centenar de páginas, que Kucholl ha publicado bajo el seudónimo de Vincent Golay, está concebida como una guía y propone una aproximación seria y a la vez divertida a la organización política de Suiza.

Kucholl es conocido en la Suiza de habla francesa por ‘120 SecondesEnlace externo’, un programa satírico de radio.

swissinfo.ch: Se han vendido más de 250 000 ejemplares de su libro, sobre todo, a estudiantes y personas que quieren nacionalizarse. Y la obra ha sido traducida al inglés. ¿Tan interesante es la democracia suiza?

El pueblo vota a veces contra sus propios intereses. Obviamente, esto desconcierta a quienes lo ven desde fuera.

Fin de la cita

Vincent Kucholl: A primera vista no es un tema precisamente ‘sexy’. Si uno se esfuerza en simplificar y explicar lo esencial, se da cuenta de que la gente tiene muchas preguntas y siente interés. Lo demuestra el número de ejemplares vendidos.

swissinfo.ch: El jefe de la diplomacia suiza, Didier Burkhalter, dice que muchos suizos llevan la democracia directa en la sangre. ¿Es su caso?

V.K.: No (risas). El sistema político suizo es un cóctel de ingredientes y la democracia directa es solo uno de ellos.

La democracia directa favorece el consenso porque obliga al Parlamento a buscar compromisos para evitar los referéndums, que son un escollo en el sistema y lentifican la toma de decisiones.

El federalismo es otro elemento muy importante, así como el multiculturalismo. La estabilidad del sistema muestra que, pese a este mosaico, todo funciona muy bien.

A mi juicio, el sistema político suizo es un modelo. Debería darse a conocer más para que otros países se inspiren en él. Sería genial. Pero no quiero predicar sus bondades.

swissinfo.ch: ¿Cree entonces que el modelo suizo es extrapolable?

V.K.: No estoy tan seguro de ello, porque Suiza cuenta con una cultura política muy particular. Hay una especie de madurez política. Los votantes han rechazado varias iniciativas populares –por ejemplo, el salario mínimo o una semana más de vacaciones– que se aceptarían sin duda en otros países. Es una cultura política un tanto especial. El pueblo vota a veces contra sus propios intereses. Obviamente, esto desconcierta a quienes lo ven desde fuera.

La gente teme que la democracia directa pueda convertirse en un arma en manos de los populistas. Y es verdad, ha ocurrido en alguna ocasión, pero es poco frecuente.

swissinfo.ch: ¿Podemos hablar de modelo cuando se sabe, por ejemplo, que llevar una iniciativa a las urnas puede costar hasta 500 000 francos?

V.K.: Por supuesto, en otros países es incluso peor, por ejemplo en Estados Unidos. En Suiza, hay campañas en las que se gastaron sumas escalofriantes, como la iniciativa sobre el seguro médico único. En este caso era obvio que había actores interesados en preservar el sistema actual y que invirtieron millones de francos porque tenían mucho que perder si la población aceptaba la iniciativa.

Desde este punto de vista, el sistema es un poco perverso. Se pueden adoptar medidas para limitar las sumas destinadas a las campañas y exigir transparencia, por ejemplo, saber cuánto gasta la Federación de Empresas Suizas en cada votación.

La monetización de la democracia no es un aspecto muy positivo. Soy partidario de que se hagan públicas las cuentas de los partidos. La democracia no se compra y tenemos que asegurarnos de que así siga siendo.

swissinfo.ch: La participación de los jóvenes en las urnas es baja. Se quejan de que se convocan demasiadas votaciones y muchas veces sobre temas demasiado complejos.  ¿Qué se puede mejorar?

V.K.: Es verdad, a veces se votan cuestiones excesivamente técnicas. No creo, sin embargo, que haya demasiadas votaciones. Demasiada democracia no mata a la democracia.

La educación cívica es fundamental. Las aulas deben ser un lugar para discutir de cultura y política. La gente tiene que interesarse más por los asuntos públicos. Antes de entender cómo funcionan las cosas en detalle, hay que darse cuenta de que cada ciudadano juega un papel y este papel es interesante. De esta manera, los ciudadanos se convierten en actores del sistema.

swissinfo.ch: Después del ‘sí’ a la iniciativa para limitar la inmigración en febrero de 2014, el presidente alemán Joachim Gauck declaró que respetaba el voto suizo. Aun así, destacó que la democracia directa puede representar un peligro cuando se abordan cuestiones complejas, en las que es difícil entender todo lo que implican. ¿Debemos poder votar sobre cualquier tema: Europa, inmigración, armas, una semana adicional de vacaciones…?

La votación del 9 febrero fue el resultado de una falta de información

Fin de la cita

V.K.: Esa votación [del 9 febrero] fue el resultado de una falta de información. No se puede votar sobre todo. El tema de la inmigración no es complicado. Se puede decir ‘sí’ o ‘no’, pero las consecuencias son complejas. Algunas de ellas son legales y no se han explicado bien a la población. Estoy seguro de que si se votara hoy, el resultado sería otro. Faltó información, especialmente sobre la repercusión sobre temas como la investigación, la movilidad, las relaciones con la UE y los acuerdos bilaterales.

swissinfo.ch: ¿Necesita Suiza un Tribunal Constitucional que valide o invalide las iniciativas?

V.K.: Sí, se necesita un procedimiento de validación más preciso. El actual no es óptimo. Votaciones como la del 9 de febrero o contra los alminares tuvieron consecuencias importantes para Suiza a escala internacional.

No estoy de acuerdo con la Unión Democrática del Centro [UDC, derecha conservadora] cuando pide la primacía del derecho suizo sobre el derecho internacional. El pueblo no siempre tiene razón, se puede equivocar, como ocurrió el 9 de febrero.

Lo que me desconcierta es que casi todos los políticos en Suiza dicen que “el pueblo siempre tiene la razón”. No comparto esta opinión. La democracia directa no es una religión. El ciudadano no es Dios.

swissinfo.ch: La excanciller de la Confederación, Annemarie Huber-Hotz, ha declarado que los grandes partidos no deberían poder lanzar iniciativas populares, porque recurren excesivamente a este instrumento. ¿Qué opina usted?

V.K.: Desde un punto de vista filosófico es una evolución interesante, porque la iniciativa popular se introdujo con el objetivo de ejercer un contrapeso político. Hoy, el partido más votado –la Unión Democrática del Centro– es el que más iniciativas lanza. No creo que cuando se introdujo este instrumento los padres fundadores de Suiza tuvieran en mente este objetivo. Me parece, sin embargo, que las afirmaciones de Annemarie Huber-Hotz deben interpretarse como una provocación, porque su propuesta no tiene probabilidad alguna de ser aceptada.

swissinfo.ch: ¿Qué más se puede mejorar en el sistema democrático suizo?

V.K.: Una participación media del 40% no está mal. Pero se trata del 40% de los ciudadanos suizos y no del 40% de la población total.

Debemos ser conscientes de que muchas personas nacidas y criadas en Suiza no pueden votar. Es un aspecto que hay que cambiar para que los ciudadanos que viven Suiza y que han contribuido a formar el país que tenemos hoy puedan participar en la vida y el desarrollo del mismo. Muchas personas están excluidas de este sistema. En Suiza viven casi dos millones de extranjeros.

Se necesitará tiempo, pero espero que ocurra. No son suizos solo los que poseen el pasaporte rojo con la cruz blanca.

swissinfo.ch: La excanciller de la Confederación Annemarie Huber-Hotz ha declarado que los grandes partidos no deberían poder lanzar iniciativas populares, porque recurren excesivamente a este instrumento. ¿Qué opina usted?

V.K.: Desde un punto de vista filosófico es una evolución interesante, porque la iniciativa popular se introdujo con el objetivo de ejercer de contrapeso político. Hoy, el partido más votado –la Unión Democrática del Centro– es el que más iniciativas lanza. No creo que cuando se introdujo este instrumento los padres fundadores de Suiza tuvieran en mente este objetivo. Creo, sin embargo, que las afirmaciones de Annemarie Huber-Hotz deben interpretarse como una provocación, porque su propuesta no tiene probabilidad alguna de ser aceptada.

swissinfo.ch: ¿Qué más se puede mejorar en el sistema democrático suizo?

V.K.: Una participación media del 40% no está mal. Pero se trata del 40% de los ciudadanos suizos y no del 40% de la población total.

Debemos ser conscientes de que muchas personas nacidas y criadas en Suiza no pueden votar. Es un aspecto que hay que cambiar para que los ciudadanos que viven Suiza y que han contribuido a formar el país que tenemos hoy puedan participar en la vida y el desarrollo del mismo. Muchas personas están excluidas de este sistema. En Suiza viven casi dos millones de extranjeros.

Se necesitará tiempo, pero espero que ocurra. No son suizos solo los que poseen el pasaporte rojo con la cruz blanca.


Traducción del inglés: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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