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Abraza la cultura orgánica ¿Por qué Peguiron dio la espalda a los químicos?

En  este pequeño poblado, cerca de Lausana, Claude Peguiron  cria 50 cabezas de gando y explota 32 hectáreas de cultivos sin pesticidas químicos.

En  este pequeño poblado, cerca de Lausana, Claude Peguiron  cria 50 cabezas de gando y explota 32 hectáreas de cultivos sin pesticidas químicos.

(swissinfo.ch)

Suiza no escapa al intenso debate mundial sobre el impacto de los plaguicidas en la salud y la ecología. Berna lanzó un plan para reducir los riesgos. Testimonio de un agricultor satisfecho de renunciar a los métodos de producción convencionales.

Claude Peguiron posee el carácter persistente de la gente de la tierra. Afable y locuaz, este agricultor que vive en Mex, un pequeño pueblo a pocos kilómetros de Lausana, podría pasar horas hablando de las razones de su conversión y de su satisfacción, pero también de las muchas interrogantes y la incertidumbre que todavía lo asaltan por las noches.

¿Bio, qué es?

La agricultura biológica es un sistema de producción respetuoso de la naturaleza y que busca preservar la salud de los suelos, los ecosistemas y las personas. Excluye en particular el uso de productos químicos sintéticos y los organismos genéticamente modificados.

Desde hace casi dos años, su plantación tiene la etiqueta brote, emitida por Bio Suisse, la Federación de empresas agrícolas biológicas suizas.

El cambio obedeció inicialmente a razones de salud más que a una mera convicción ecológica: Claude Peguiron es hipersensible a los productos fitosanitarios. “A veces tenía vértigos o los ganglios se me hinchaban cuando utilizaba herbicidas o productos contra las plagas. Algunos incluso me producían sangrado nasal”, explica el agricultor.

Con el uso de una máscara, Claude Peguiron logró prevenir la aparición de estos síntomas. Pero poco a poco, la duda se instaló en su mente. La alarma se encendió cuando los residuos de un pesticida utilizado por un vecino aterrizaron en un pequeño estanque de la granja donde había una colonia de renacuajos. “Su desarrollo se detuvo en seco de un día para el otro”, recuerda con cierto resquemor. En otra ocasión, al visitar la plantación de un colega que había arrojado en él un químico contra las limazas, observó que había muchos gusanos muertos. “Con el uso intensivo de productos químicos, masacramos a los seres vivos que desde hace más de 2000 años son los aliados naturales de los campesinos”, denuncia.

Alto a importación de productos bio

Laurence, la esposa de Claude, se informó a fondo sobre los productos fitosanitarios y se forjó también una sólida convicción. “Al leer las etiquetas de los fungicidas y los herbicidas utilizados por mi marido, me asusté. Me di cuenta de que estábamos jugando a aprendices de brujo. Nadie conoce realmente los efectos a largo plazo de esos productos para el cuerpo humano. Lo que está en juego es nuestra salud y la salud de nuestros hijos”, dice.

Estudiaron cuidadosamente los aspectos económicos, pero no ese no fue el principal motor de su decisión. “El rendimiento por hectárea es ligeramente inferior, pero los precios de venta son más altos. Al final, si uno se toma el trabajo y tiene suerte, gana un poco más con la bio”, afirma Claude Peguiron.

El agricultor, sin embargo, se siente decepcionado por la actitud de algunos intermediarios del sector. “Migros [el distribuidor más grande del país] prefiere reducir los precios mediante la compra de girasol bio en el extranjero. Así que nos vimos obligados a detener la producción”, deplora Claude Peguiron, que considera las importaciones de productos orgánicos como sin sentido ecológico y una amenaza para la supervivencia de los productores locales.

Aumentan ventas productos bio

Las ventas en el comercio al menudeo en Suiza aumentaron un 5,2% en 2015, para alcanzar 2 323 millones de francos. Su parte del mercado asciende a 7,7%.

La población suiza gasta un promedio de 280 francos por persona por año en la compra de estos productos, un récord mundial.

Los dos mayores distribuidores del país ocupan casi tres cuartas partes del mercado con 45% (Coop) y 30% (Migros).

La agricultura biológica representa alrededor de 13% de la superficie cultivable y se ha duplicado en veinte años. Es mayor en zonas de montaña (21%) que en la llanura (7,5%).

Varía mucho de un cantón a otro. Los Grisones cuentan con cerca de 56% de las superficies cultivables mientras que la proporción es de 5 a 6% en el cantón de Vaud.

Más de 6 000 granjas producen según los estándares de Bio Suisse, la Federación de empresas agrícolas biológicas suizas. 

Aprender todo de nuevo

La agricultura ecológica implica también la movilización de una mayor fuerza de trabajo y, por lo tanto, genera costos adicionales. “Ahora dependo de la ayuda externa para algunos trabajos de limpieza manual de hierbas y toda la familia contribuye”, señala. Por lo tanto, fue natural que los tres hijos estuvieran involucrados en la reflexión previa a la transición a la producción orgánica.

Al hijo mayor, William (17 años), le gustaría trabajar más tarde en la granja. Pero, dado que el campo no les pertenece, Claude y Laurence Peguiron lo animan a seguir primero otro aprendizaje.

Renunciar totalmente a los productos químicos para cultivar 32 hectáreas de cultivos - trigo, centeno, colza, soja y maíz – y, paralelamente, cuidar 50 cabezas de ganado, que se alimentan en total autarquía, requirió un gran esfuerzo de aprendizaje. “Tuvimos que empezar prácticamente de cero y olvidar lo que nos enseñaron en la escuela de agricultura”, explica Claude Peguiron. La conversión se hizo paso a paso, con las primeras pruebas en una parcela de trigo. Vi que podía controlar las malas hierbas sin productos químicos, lo que me tranquilizó”.

La mirada de los demás

Las malas hierbas preocupan aún a Claude Peguiron. “A veces temo invadido. Hay que ser más cuidadoso, anticipar y responder rápidamente cuando hay un problema porque no hay ninguna puerta de salida química. Con la producción bio no elegimos la simplicidad”.

A esas nuevas dificultades se añaden los comentarios y las burlas de colegas, que no le son indiferentes. “Soy el primer productor orgánico de la localidad, por lo que, naturalmente, mis campos son observados con gran atención. En cuanto hay un poco de hierba, comienzan las burlas. Aquí, la gente está acostumbrada a ver los cultivos alineados impecablemente limpios y en orden. Tengo que aprender a no prestar demasiada atención...”

Pero, a pesar de las dudas que lo asaltan a veces, Claude Peguiron no se arrepiente de su elección. “En la Suiza de expresión francesa, todavía hay una gran aprehensión con respecto a la agricultura biológica, especialmente en las explotaciones de una cierta dimensión. Ahora puedo demostrar que es posible prescindir por completo de insumos químicos y garantizar una producción de calidad. Y, además, tenemos la impresión de hacer algo bueno por el planeta y las generaciones futuras. Es gratificante”.

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Un plan para reducir el uso de pesticidas

La Confederación emprendió este verano un plan de acción para reducir a la mitad en diez años, los riesgos asociados a los productos fitosanitarios, disminuyendo su uso y limitando su impacto en la salud y el medio ambiente. El proyecto fue recibido más bien con frialdad: la industria de los plaguicidas lo considera demasiado vago, estima que no tiene una base científica y que no indica los costos que engendrará.

Los defensores de la naturaleza reconocen que es un paso adelante, mientras que para los apicultores y agricultores biológicos es insuficiente.

“Nos da gusto que la Confederación se preocupe por este tema tan importante, pero hubiéramos querido que fijara objetivos más ambiciosos”, afirma Pascal Olivier, responsable de Bio Suisse en la región francófona. “En Austria, por ejemplo, se utilizan dos veces menos de pesticidas por hectárea cultivable para una producción comparable”, subraya. Consecuencia: Suiza forma parte de los malos estudiantes europeos respecto a la concentración de pesticidas que se hallan en el aire, el suelo o el agua, según el representante de Bio Suisse.

La semana pasada, un grupo de ciudadanos de Neuchâtel que se dice apolítico, lanzó una iniciativa popular para prohibir el uso de pesticidas en Suiza. El texto, aprobado por la Cancillería Federal, también quiere prohibir los alimentos que contienen pesticidas o aquellos en cuya producción se utilizaron pesticidas. Los promotores tienen hasta el 29 de mayo de 2018 para recoger las 100 000 firmas necesarias para realizar una votación nacional.

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Traducido del francés por Marcela Águila Rubín

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