El precio del petróleo cae, pero la gasolina sigue cara

Tanques llenos y mercado agotado: la crisis del coronavirus ha dado a la industria petrolera un golpe sin precedentes. Keystone / Alessandro Della Bella

En cuestión de semanas el valor del crudo se ha desplomado a niveles históricos e incluso su precio ha caído por debajo de cero en Estados Unidos. ¿Qué impacto tendrá en los mercados internacionales esta caída vertiginosa y hará que el precio de la gasolina baje para los consumidores?    

Este contenido fue publicado el 07 mayo 2020 - 11:00

En las últimas décadas, el precio del petróleo ha experimentado altibajos importantes, pero el desplome de abril pasará a los anales de la historia. Hace unos días los contratos para la entrega en mayo del West Texas Intermediate (WTI) –el petróleo de referencia en Estados Unidos– cotizaron en negativo. Es decir, los vendedores estaban dispuestos a pagar a los compradores por deshacerse del stock de crudo que tenían en sus manos.

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Fue una tormenta de unas pocas horas, limitada al complejo mercado de futuros estadounidense, pero que simboliza la crisis sin precedentes en la que se ha sumido el oro negro. Si bien hasta ahora las crisis del petróleo solían estar vinculadas a recortes de producción y al alza de los precios (como en la década de los 70), esta vez los mercados están saturados y los productores y comerciantes ya no saben cómo almacenar el exceso de petróleo.

El valor del WTI y del Brent –que sirve de referencia para Europa, África y Oriente Medio– actualmente se sitúa entre 15 y 25 dólares el barril. Muy lejos del precio que estos últimos años ha registrado el petróleo.   

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¿Por qué en las últimas semanas ha caído el precio del crudo?

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La demanda de petróleo en todo el mundo sigue creciendo. Pero en los últimos cinco años los precios ya se habían asentado en niveles medios, debido en parte al fuerte aumento en Estados Unidos (que desde 2017 se ha convertido en el mayor productor mundial de oro negro) de petróleo de esquisto bituminoso. Desde mediados de marzo, la pandemia de coronavirus ha congelado la demanda saturando los mercados con enorme rapidez.    

Las medidas que, en las últimas semanas, muchos países han adoptado para contener la propagación del virus han paralizado el tráfico aéreo, frenado el transporte por carretera y ralentizado la producción industrial. En abril el consumo de petróleo –según la Agencia Internacional de la Energía– se ha reducido casi un tercio respecto a principios de año. Y los tanques de almacenamiento de crudo han alcanzado ya su límite, lo que obliga a los productores y comerciantes a almacenar el petróleo en buques cisterna, oleoductos y contenedores de todo tipo.       

La guerra de precios que en la primera mitad de marzo estalló entre Rusia y Arabia Saudí ha empeorado la situación. El conflicto por el volumen de extracción entre estos dos grandes productores desencadenó en los mercados violentas reacciones en cadena, haciendo que los precios bajaran. El acuerdo que alcanzaron a principios de abril (como consecuencia de la presión de Estados Unidos) llegó cuando ya se habían vertido flujos de crudo al mercado que este no podía absorber. Para incrementar los precios, los principales países productores aceptaron reducir (desde mayo) su producción en casi 10 millones de barriles por día, pero siguen compitiendo por la cuota de mercado a base de descuentos.    

¿Qué impacto tendrá este descenso del precio del crudo?

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En las próximas semanas la caída del valor del petróleo también repercutirá en el de la gasolina, el gasóleo, el queroseno y otros derivados. Esto tendrá un efecto positivo en los países importadores para mitigar, sobre todo, los efectos de la crisis económica y reactivar el crecimiento. El coste de los carburantes y combustibles influye en el presupuesto de muchos hogares y en la rentabilidad de distintos sectores industriales, así como del transporte por carretera, marítimo y aéreo.

Sin embargo, hay varios motivos de preocupación. El valor del petróleo refleja, casi siempre, el estado de la economía. Y también, el grado de confianza en la evolución coyuntural. En este sentido, los precios actuales refuerzan los temores de una profunda recesión que no se espera que dure solo un breve período.  

Asimismo, la bajada del precio del petróleo tendrá repercusiones graves en distintos países productores –como Venezuela, México o Argelia– que ya están en una situación económica bastante precaria. Y pone de rodillas a los productores estadounidenses de petróleo de esquisto, que luchan por sobrevivir con valores inferiores a 50 dólares el barril.

Un petróleo con precios más reducidos también corre el peligro de ralentizar la transición a las energías limpias. En varios países europeos las fuentes de energías renovables se han vuelto competitivas en los últimos años, frente a un petróleo que cuesta entre 50 y 60 dólares el barril. Los actuales precios del crudo y el enorme gasto público para la recuperación económica podrían hacer que los Estados y las empresas congelen sus inversiones en energías renovables (al menos a corto plazo). Por otro lado, esta nueva sacudida en los mercados petroleros muestra, una vez más, la volatilidad y vulnerabilidad de los combustibles fósiles. Lo cual podría hacer que se cobre conciencia de la importancia de una transformación energética en los países que disponen de suficientes recursos financieros.  

¿Por qué el coste del combustible no baja más?

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Desde principios de año el precio de la gasolina y del gasóleo ha ido cayendo, en cierta medida, anticipándose a la crisis. Pero en los últimos dos meses tampoco ha experimentado reducciones fuertes. La caída del precio del crudo no se traduce rápidamente en un descenso del precio en los surtidores, ya que las gasolineras venden el combustible comprado semanas o meses antes a valores más altos.  

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Sin embargo, en Suiza no podemos esperar ninguna disminución significativa en los próximos meses. El coste medio de la gasolina en la actualidad es de 1,42 francos por litro. De esta cantidad, más de la mitad viene determinada por distintos impuestos –en su mayoría fijos– que le generan al Estado unos ingresos anuales de entre 5 y 6 mil millones de francos. Más de un tercio del precio está relacionado con el coste del refinado, el transporte y la distribución. Las materias primas únicamente representan entre el 15 y el 20% del montante final.   

Teniendo en cuenta estos hechos, no hay mucho margen para ajustar a la baja. Mientras que el precio de la gasolina puede aumentar o (como mucho) ralentizarse por una caída de la demanda. En los últimos diez años, el precio de la gasolina en las estaciones de servicio ha fluctuado entre 1,40 y 1,80 francos por litro. Suiza, por sus impuestos bastante elevados y la falta de acceso al mar, es uno de los países europeos donde la gasolina es más cara. Hoy en día solo Italia, Gran Bretaña, los Países Bajos, Noruega y Grecia tienen precios más altos.   

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