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El cariño es fruto del roce diario

Los alumnos de Ejea y Berna han protagonizado un intercambio diferente.

(swissinfo.ch)

Descubrir otras costumbres, hacer amigos, practicar un idioma y divertirse. Ese era el objetivo del intercambio de estudiantes de Ejea y Berna.

En cinco días los alumnos se han percatado de las diferencias que los separan y de las similitudes que los unen.

“El objetivo del intercambio era enfrentarse a otra cultura, a otras costumbres y ver qué diferencias y similitudes hay“, explica a swissinfo Antonio Moreno, profesor del Instituto Neufeld. Y tanto los alumnos suizos como los españoles coinciden en que las diferencias son muchas.

“Creo que la adaptación fue difícil, porque piensan que en Suiza todo es muy formal y estricto”, opina Ricardo y para ilustrarlo cuenta una anécdota. Este alumno se sorprendió al ver que su compañero utilizaba el cuchillo y tenedor para cortar el croissant.

Lo más probable es que el chico no se atreviera a mojarlo en el café con leche, una costumbre muy extendida entre los españoles, así como mojar los churros en el chocolate espeso es una tradición culinaria ibérica que se remonta a principios del siglo XIX. Y, efectivamente, Ricardo confirma que su amigo usó los cubiertos, “porque tenía la percepción de que en Suiza era lo más apropiado”.

Posiblemente este incidente gracioso tenga mucho que ver con que “los alumnos españoles residen en Ejea, una localidad de 15.000 habitantes, o en pueblos vecinos”, señala Antonio Moreno. Los estudiantes del Neufeld, en cambio, viven en un contexto urbano y provienen, en su mayoría, de familias de clase media alta. Asimismo puntualiza que el sistema de enseñaza helvético es muy selectivo, por lo que “sólo el 20% de los jóvenes en el cantón de Berna cursa estudios de bachillerato”.

A estas diferencias se suma que Suiza es un país con una alta renta ‘per cápita’, lo que implica que su nivel de vida es bastante elevado. “Ruth siempre me decía que todo es muy caro aquí“, comenta Martina. “He aprendido muchas cosas”, entre ellas que los españoles tienen un poder adquisitivo más bajo que los suizos.

Experiencia gratificante

“La impresión que se llevan los alumnos de esta experiencia es muy buena, incluso mejor de lo que esperábamos“, según la profesora Marta Arias. “La organización ha sido impecable, al igual que la atención recibida en el seno de las familias de acogida, que se han volcado con mucho cariño“, agrega.

“Me imaginaba que la relación sería más seca y distante, porque sólo nos conocíamos del chat”, cuenta Ricardo, pero “Roberto se integró muy bien en mi familia”. También Martina y Ruth congeniaron estupendamente. “Me gusta mucho el espíritu abierto de los españoles y su espontaneidad. Enseguida se acercan y te abrazan. Se sienten menos inhibidos que nosotros”, reconoce.

Y como los roces y disputas se presentan forzosamente en toda convivencia, también hubo algún que otro problemilla. “Eso forma parte del proyecto de intercambio, porque compartir no incluye únicamente llevarse de maravilla y pasárselo bien, sino también aprender a conocer lo bueno y lo malo“, subraya Enrique Ros.

Uno de esos puntos de fricción fue por ejemplo la famosa puntualidad suiza que, según Martina, no es precisamente una virtud española. Un día se cansó y quiso dejar las cosas claras: “Escucha, Ruth, es muy importante, porque el tren no espera“.

Comida y horarios

Martina tiene expectativas positivas respecto a su próxima estancia en Ejea de los Caballeros, “porque me llevo muy bien con Ruth”. Sin embargo, le preocupa lo de la comida. “Tengo un poco de miedo porque soy vegetariana y ahora sé que la carne es muy importante en España“.

Más allá de los gustos culinarios, españoles y suizos no coinciden para nada en los horarios de la comida. “No están acostumbrados a comer a las 12 del mediodía“ o “siempre querían cenar a las 10 de la noche“, comentan los anfitriones helvéticos.

Los alumnos de Ejea reconocen que les costó habituarse a unos horarios, según Mariano, “un poco extraños“. Cuenta que el fin de semana, después de trasnochar, él y su compañera desayunaron no sólo “tarde”, sino también “más de lo habitual“.

No se imaginaba que al cabo de un rato la familia se sentaría a la mesa para almorzar. Y, claro, él fue incapaz de tragar bocado... “Pero entendieron que dejara más de la mitad en el plato“.

A Jesús la comida le resultó “muy picante“ y también le llamó la atención que los suizos “comen mucha pasta“.

Vida nocturna

Marisa confiesa que tanto ella como sus compañeros llegaron a Suiza con algunos preconceptos, como por ejemplo el de que los descendientes de Guillermo Tell son más caseros. Ya se sabe que los jóvenes ibéricos son amantes de la vida nocturna y que en España, a diferencia de Suiza, los bares de copas permanecen abiertos hasta altas horas de la madrugada.

Sin embargo, “son casi más marchosos que yo“, rectifica Marisa. Y también Mariano coincide en que los suizos “salen bastante”, aunque “más marchoso que yo es difícil serlo”, puntualiza. Incluso las profesoras de Ejea admiten que “por la noche, la forma de salir es otra”, aunque “hay más vida en la calle de lo que pensábamos”, afirma Marta Arias.

Sin duda este intercambio ha servido para que los anfitriones conocieran mejor a sus compañeros y, “a través de la observación, comparación e interacción, también a sí mismos”, subraya Antonio Moreno.

Tanto él como Enrique Ros insisten en que han presenciado situaciones y momentos “realmente enternecedores”, muchas muestras de cariño entre los alumnos y también por parte de los padres de acogida...

Alguna mamá hasta se acercó a la estación de ferrocarril para despedir a su ‘niño’ o ‘niña’... Las ‘parejitas’ del intercambio se fundieron en un gran abrazo, algunas sin poder contener la emoción y las lágrimas. Dentro de poco volverán a estar juntos en Ejea de los Caballeros.

swissinfo, Belén Couceiro

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