El combate de Jean Ziegler contra el capitalismo

Jean Ziegler estremeció a la audiencia de Porto Alegre. swissinfo.ch

En Porto Alegre el relator especial de la ONU para el derecho a la alimentación y antiguo diputado suizo fustigó al capitalismo, a la élite dominante, a Bush, Bin Laden, Sharon, Putin, la ONU, el Banco Mundial y el FMI.

Este contenido fue publicado el 27 enero 2003 - 17:34

El público adoró su discurso.

"La actual historia del mundo pasa por América Latina", lanzó Jean Ziegler como preámbulo de su discurso y citó entre las personalidades de la región al "presidente Lula, sus camaradas del Partido de los Trabajadores y el movimiento de los campesinos sin tierra". Torrente de aplausos.

"El presidente venezolano, Hugo Chávez, y sus semejantes colombianos, los combatientes ecuatorianos". Torrente de aplausos. "Fidel Castro y su valiente pueblo". Aplausos sin fin.

Desde sus primeras palabras, el otrora legislador socialista conquistó a su público. Las gradas de la sala Gigantinho de Porto Alegre, con capacidad para unas 12.000 personas, estaban a reventar.

El calor de ese domingo (27.01) alcanzaba los 30 grados, los accesos estaban bloqueados y el servicio de seguridad impidemía más entradas.

Los mercenarios de una oligarquía

"Desde la implosión de la URSS, el orden capitalista se ha extendido como un reguero de pólvora. En los países industrializados su arma es el desempleo. Los países del Sur son estrangulados por la deuda", continuó el relator especial de la ONU.

"Un pequeño grupo de hombres se dotó de más poder del que nunca hayan tenido un emperador o un Papa".

"Esta oligarquía del capital multinacional tiene sus mercenarios. Se llaman Fondo Monetario Internacional (FMI) y Organización Mundial del Comercio (OMC). Para las tres cuartas partes de la humanidad, la globalización es un terror cotidiano".

"El hambre no es una fatalidad"

El profesor emérito de Sociología de la Universidad de Ginebra y de la 'Sorbonne' de París, autor y parlamentario (con esos términos fue presentado) no era muy conocido por los presentes.

La asistencia acudió para escuchar principalmente al teólogo de la Liberación, Leonardo Boff y al escritor Eduardo Galeano.

Pero la voz de Jean Ziegler, con sus entonaciones suizo alemanas, hizo vibrar las bocinas. Muchas personas seguían su discurso, transmitido por onda corta, a través de sus radios de transistores.

"Gracias al ciberespacio y al mercado libre, los poderosos han incrementado todavía más su enorme poder. Nunca fue tan rápida la masacre de la humanidad: cada día, 100.000 personas mueren de hambre en este planeta de abundancia. El hambre no es una fatalidad: detrás de cada niño que muere de hambre, hay un asesino. A nosotros nos corresponde desenmascararlo y detenerlo".

Bush: un Pinochet en la Casa Blanca

El sociólogo ginebrino, severo crítico de las altas finanzas y de la política suizas, no se tragó sus palabras. El ataque contra el World Trade Center en septiembre del 2001 es un crimen imperdonable y sus autores deben ser castigados.

"Pero el señor Bush, como Pinochet en la Casa Blanca -chiflidos y aplausos-, toma como pretexto esa tragedia para amenazar con bombardear al pueblo iraquí".

"Bush cubre los crímenes de Sharon en Palestina, los crímenes de Putin en Chechenia, con el pretexto de la susodicha guerra contra el terrorismo".

La esperanza está en la base de Marx

La esperanza no está en la ONU, a pesar de las buenas ideas de su brillante secretario general Kofi Annan, continuó Jean Ziegler. "La ONU vive en plena esquizofrenia. Lo que sus agencias intentan construir, es destruido por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial".

"La esperanza está en Carlos Marx". Nueva salva de aplausos. "Estoy muy feliz de que aplaudan a Marx. En Europa ya no se atreven ni a mencionarlo".

"Marx decía que un revolucionario debe poder escuchar a la hierba crecer. La hierba crece en Puerto Alegre, en los campos de los sin tierra, en París en las manifestaciones de Attac. Por todos lados se organiza la resistencia".

Los aplausos frenéticos estremecen el Giganthino, el sudor resbala por los rostros, la sala ruge: "Olé, Olé, Olé, Olá, Lula, Lula".

Aquí alguien habló con el corazón. Un parlamentario y escritor "da Suiça", hasta ahora desconocido.

swissinfo, Philippe Kropf, enviado especial a Porto Alegre (traducción: Marcela Águila)

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