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El Eros de la comida

La muestra dedica una sección a dos líquidos vitales: la leche y la sangre.

(www.strauhof.ch)

El Museo Strauhof de Zúrich presenta una exposición en torno al tema de la comida y las múltiples formas de alimentarse.

Textos de la literatura europea, obras de arte y extractos de películas dan a la muestra un refinado toque gastronómico.

Comer es una función que irremediablemente forma parte de la condición humana. Es una necesidad ineludible para seguir existiendo. ¡Se tiene que comer!

Ganarse el pan o la papa o tener asegurado el pan nuestro de cada día son expresiones que le recuerdan al hombre que es un ser carente e incompleto, lleno de necesidades.

La muestra sobre el comer y sus atributos en el Museo Strauhof es una reflexión profunda, sugestiva, divertida y acompañada con olores y sabores también. Viene aderezada, además, con textos de la literatura europea para leer y escuchar, con obras de arte y con extractos de películas que le dan a todo un indiscutible toque de gran cocinero.

El resultado, un exquisito plato bien sazonado que deja al espectador-comensal satisfecho y con ganas de regresar otra vez a comer, digo, perdón, a ver la exposición.

Una 'metagastronomía'

Desde la primera mordida sensual y sabrosa que Eva dio a la manzana del árbol prohibido, los seres humanos quedaron condenados para siempre a buscar su propio alimento. Y qué bueno que haya sido así. A partir de entonces se creó una 'metagastronomía' que de algún modo nos hace distintos a todos...

La exhibición ‘Eros de la comida’ presenta numerosas e inquietantes reflexiones sobre este asunto. Entre las primeros destaca el tema de la leche y el papel preponderante que tiene la madre en la alimentación del niño. Asimismo, la sangre constituye, al igual que la leche, otro líquido vital para la existencia del hombre.

De hecho, en la tradición cristiana, en la conocida Última Cena, el vino se transforma en sangre de Cristo y el pan en su cuerpo divino. Para reforzar esta idea se presentan en la muestra varios extractos de películas, como ‘Viridiana’ de Luis Buñuel (1961), ‘Drácula’ de Francis Coppola (1992) o ‘La Cena de Babette’ de Gabriel Axel (1987).

La identidad de un pueblo no se reduce únicamente a la lengua que se habla, a la religión que se practica o al modo de vestirse, sino también a lo que se come. “Dime lo que comes y te diré quién eres”, dice un sabio proverbio popular.

La comida identifica, reúne y amalgama a una sociedad. Así, el queso para los suizos, el caviar para los rusos, las tapas para los españoles, la pasta para los italianos o las tortillas para los mexicanos. Formas y usos en el ritual de la comida que se rigen, como decía La Bruyère, ¿por la razón o por la costumbre?

La comida despierta un sentimiento de nostalgia cuando se está fuera del país de origen. Por eso lo último que queda en los sentidos de la persona es el sabor en la lengua y el olor en la nariz.

“Come bien y caga fuerte...”

La vitalidad de un conocido refrán italiano aconseja sin ningún tapujo lo siguiente: “Come bien y caga fuerte sin tener miedo de la muerte”. Es decir, un buen plato de comida no se debe rechazar jamás.

Es un elemento precioso para seguir vivo y poder así renovar un ciclo más de vida. Sobre todo cuando se tiene un cuerpo que procesa bien el alimento y se logra una buena digestión ¡Qué bienestar da el comer bien! Una buena mesa no se cambia por nada, el mundo y la vida parecen más aceptables, menos duros en su rutina diaria.

Aquí aparece el tema de la comida magra y la grasosa. En la exhibición se muestran dos grabados de Peter van der Heyden de 1563, con grupos de cocineros divididos por alimentos grasosos, como las salchichas o los embutidos, y magros, como las legumbres.

Esta oposición entre comidas magras y grasosas conduce a la eterna lucha entre ricos y pobres. En una sociedad dividida por la desigualdad social están los hambrientos y los satisfechos, el burgués rechoncho y el flaco proletario que se alimenta de cualquier cosa. Charles Chaplin llevó a la pantalla, como ningún otro, esa aberrante desigualdad social en la que unos tienen para comer y otros no.

Cama y mesa se complementan

Después del amor, la comida es el tema que más se ha abordado en la literatura europea. La cocina tiene sexo de mujer. Ella se transforma en maga, artista, sacerdotisa, bruja y cocinera. En textos de Elias Canetti o de los Hermanos Grimmm, por ejemplo, la madre es como la gran maga de la casa.

En otros textos la fantasía masculina convierte a la mujer en objeto erótico listo para comerse. “Me gustas tanto que tengo ganas de comerte”, dice el enamorado loco de pasión a su amada.

Ella, en cambio, sabe muy bien cómo seducir al hombre cuando, antes de irse a la cama, le prepara una buena comidita, condimentada, si es posible, con ingredientes afrodisíacos. Las recetas son múltiples y variadas...

El ‘Eros de la comida’ en el Museo Strauhof, en Zúrich, es un camino culinario y literario donde hay mucho que ver, escuchar, leer y saborear ¡Buen apetito! La muestra permanecerá abierta al público hasta el 29 de febrero de 2004.

swissinfo, Araceli Rico, Zúrich


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