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Fisión nuclear: ese peligroso genio en su lámpara

Hiroshima: Símbolo de una fuerza destructiva desconocida hasta ese momento.

(Keystone)

Este 6 de agosto se cumplen 65 años de la explosión de la primera bomba atómica en Hiroshima y tres días después, en Nagasaki. Pese a los avances del desarme atómico tras el fin de la Guerra Fría, el experto en conflictos Kurt R. Spillman observa aún grandes déficits.

En su opinión, el Tratado de No Proliferación Nuclear (TPN) de 1970, ha sido un “instrumento ventajoso”.

Pero para el experto suizo aún hay deficiencias a tratar en la aplicación de este documento y otros instrumentos, como el Convenio de Armas Nucleares y el Convenio de Proscripción de Armas Atómicas, sugerido por Suiza; sin dejar de lado el desempeño de los órganos competentes de control en el ámbito internacional.

El historiador fue fundador y director hasta 2002 del Instituto de Política de Seguridad de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (EPFZ).

swissinfo.ch: 65 después de Hiroshima y Nagasaki el mundo conoce otros campos problemáticos como el calentamiento terrestre, el terrorismo, la pobreza, los movimientos migratorios, el encuentro de culturas y religiones, la crisis financiera… ¿Dónde se encuentra la cuestión del desarme?

Kurt R. Spillmann: Tras el fin de la Guerra Fría ha descendido en la percepción pública, con excepción de los casos de Corea del Norte, Irán e Israel. Lo cierto es que sigue siendo un asunto trascendente.

swissinfo.ch: ¿Se debe al Tratado de No Proliferación Nuclear (TPN) de 1970 el hecho de que no se haya utilizado más este tipo de armamento tras los ataques a Hiroshima y Nagasaki?

K.R.S.: No lo diría de una forma tan directa. Este acuerdo es un instrumento ventajoso que ha colocado un cerrojo a las aspiraciones de poderío atómico de diversos países en desarrollo.

Ejemplos como La India, Pakistán, Sudáfrica, Brasil o Israel demuestran que pese al tratado ha habido países que han acariciado la posibilidad de poseer ya armas nucleares.

No obstante, insisto, el acuerdo es ventajoso pues con él las potencias nucleares han podido ejercer presión para evitar que se propaguen aún más las armas atómicas.

swissinfo.ch: ¿Avanza el desarme atómico con las exigencias concretas del Convenio de Armas Nucleares?

K.R.S.: El instrumento aún no existe. Se trata más bien de la hermosa representación idílica de que un conjunto de Estados se unan a un convenio global para declarar su renuncia a las armas nucleares.

El efecto que tenga en el derecho internacional público un instrumento como éste dependerá siempre de la voluntad de los inscritos al documento y del poder que ejerzan las instancias de control para aplicar el acuerdo.

La Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), como “perro vigía” de la ONU, en la medida que tiene el respaldo de los líderes del Consejo de Seguridad de ese organismo internacional.

Es importante que exista ese instrumento. Sin embargo, no se puede reducir sólo a su existencia la esperanza de que el mundo quede libre de armas nucleares. La fusión nuclear, una vez creada, no puede revertirse. Mantener ese genio en la lámpara con un cierto control es extremadamente importante.

swissinfo.ch: Suiza lanzó un iniciativa para crear el Convenio Internacional de Proscripción de Armas Atómicas, análogo al de las armas químicas y biológicas. ¿Cree que con un eventual éxito?

K.R.S.: No por ahora. La iniciativa va en la misma dirección que el Convenio de Desarme. En este caso también es válida la premisa de que un documento de este tipo funciona sólo en la medida del poder que ejerzan los órganos de control. Y aún estamos muy lejos de que los haya con la fuerza suficiente.

swissinfo.ch: ¿Es decir que falta voluntad política por parte de las grandes potencias atómicas?

K.R.S.: Cierto. Tal como ocurre con la ONU, que es un maravilloso instrumento, cuyas reglas organizan a los pueblos y evitan la violencia, puesto que los conflictos no deben llegar a desencadenarse, sino que puede producirse la negociación.

Lo mimo resulta con el tema del armamento nuclear, pero se requiere que exista la voluntad y el consenso de los miembros para asumir las medidas y las atribuciones de control en la materia.

La disposición de cooperación internacional y la imposición de las reglas varía, tal y como lo demuestra la historia. George W. Bush –y otros ex presidentes estadounidenses- sólo despreciaban a la ONU.

swissinfo.ch: Sobre Irán: ¿Qué significaría para la el Cercano y Medio Oriente el hecho de que Teherán dispusiera de armas atómicas?

K.R.S.: Para Irán significaría un gran prestigio y el incremento de su poder, un Estado con una cultura milenaria y una muy buena organización.

Debido a las existentes armas nucleares y a los actuales instrumentos, estosy convencido de que Irán no construiría arma atómica alguna. No obstante, está el peligro de que organizaciones fundamentalistas logren poseerlas. Al Qaeda aspira a ello. A este respecto, Pakistán representa, y en mucho, un mayor peligro que Irán.

Renat Künzi, swissinfo.ch
(Traducción del alemán: Patricia Islas)

“Efecto emocional”

Los críticos del uso atómico sostienen que el lanzamiento de las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki no tenía la intención de la capitulación de Japón, sino que era la declaración de guerra ante Rusia.

Kurt Spillmann considera falsa esa teoría, ”que toca finalmente la factura de las fuerzas estrategias y potenciales y hace caso omiso del factor emocional”. Mismo que para Spillmann resulta decisivo.

“El efecto de ambos lanzamientos sobre Japón fue avasallador. Se trató de una nueva arma, con la que nadie contaba en lo absoluto, con excepción de sólo algunos expertos. La población no conocía el potencial del arma”.

El experto subraya que Japón estaba armado “hasta los dientes”, por lo que el Ejército estaba en condiciones de defender de modo efectivo su territorio.

“Esos dos golpes y el temor de otros más llevaron a que los militares, que querían seguir combatiendo, debieran estar dispuestos a capitular tras la intervención de la autoridad del emperador”, sostiene Spillmann.

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Suiza quería la bomba atómica

Puede resultar extraño, pero Suiza buscaba hasta 1969 el desarrollo de una propia arma nuclear.

Esa activa política de armamento atómico era una confusión en el pensamiento clásico militar, explica Spillmann.

Las armas nucleares eran consideradas como bombas clásicas y normales, con grandes niveles de fuerza destructiva, pero aún con un cierto grado de supervivencia.

Por ello no era comprensible que la posesión de un arma atómica conduciría al objetivo estratégico de pertenecer a las potencias atómicas.

“Lo que hubiera aumentado de modo considerable el peligro para Suiza. Me alegra que se haya renunciado a esa política tan peligrosa”, concluye Spillmann.

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