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Holocausto Un diplomático polaco en Berna salvó a cientos de judíos

Aleksander Ładoś y fotos de los pasaportes falsos.

Aleksander Ładoś y fotos de los pasaportes falsos.

(NAC/DGP)

Aleksander Ładoś, encargado de negocios en Berna durante la Segunda Guerra Mundial, salvó a cientos de judíos del Holocausto con la ayuda de varias asociaciones judías en Suiza y en Estados Unidos.

Corre el año 1942. Unos 340 000 judíos viven en el gueto de Varsovia. En julio, los alemanes proceden a la limpieza del ghetto. En Berna, la capital de Suiza, donde se sabe de la guerra principalmente a través de la prensa, nace una red formada por personal de la embajada de Polonia y líderes de las asociaciones judías ortodoxas.

Este artículo se basa en una investigaciónEnlace externo que realizaron dos periodistas del diario polaco  ‘Dziennik Gazeta Prawna’. swissinfo.ch no ha contrastado el contenido.

Fin del recuadro

Cientos de documentos de los Archivos Federales en Berna que no se habían hecho públicos hasta ahora demuestran que el encargado de negocios Aleksander Ładoś y sus subordinados idearon la evacuación de los polacos judíos facilitándoles pasaportes de países latinoamericanos. También revelan que Ładoś fue una de las primeras personas en el mundo que previó el alcance del programa alemán de exterminio de los judíos.

Los diplomáticos polacos pronto encontraron una vía para proporcionar pasaportes extranjeros a los ciudadanos polacos. Esa vía pasaba por la notaría del suizo Rudolf Hügli, cónsul honorario de Paraguay, que ganaba algún dinero extra con la emisión de pasaportes falsos. Primero, le pagaba la embajada de Polonia.

El esquema comenzó a funcionar en 1942. La lista de personas que había que salvar la recopilaban los miembros judíos de la red. Y en ella figuraban rabinos, estudiantes, comerciantes ricos: gente capaz de restablecer una élite ortodoxa después de la guerra.

Fotos de pasaporte

Los rumores sobre este asunto corrieron como la pólvora. Pronto empezaron a llegar cartas del gueto, en parte gracias al soborno de alemanes. Las misivas contenían datos personales y fotos cosidas con hilo fino.

Muchas de esas fotos de pasaporte eran recortes de retratos de familia: un hombre fumando un cigarrillo, una pareja con un bebé en brazos. Las cartas con sellos de Adolf Hitler y esvásticas se enviaban a Suiza. Las fotos tenían que ser pegadas en los pasaportes y ser devueltas al gueto con fotocopias autentificadas por un notario. El propio Hügli se ocupó personalmente de validar unas cuantas.

“Una vez que se emitía el pasaporte, se guardaba en el consulado. Los miembros del personal enviaban una fotocopia al Gobierno General de Alemania en Varsovia o Cracovia. Con base en estos documentos, la gente era enviada a campos de internamiento y no de exterminio”, escribió el ministro suizo de Asuntos Exteriores Heinrich Rothmund.

Este esquema permitió la evacuación segura no solo de “paraguayos”, sino también de ciudadanos que acababan de nacionalizarse hondureños, bolivianos o salvadoreños.

La diplomacia polaca utilizó tanto canales formales como informales para presionar a los gobiernos latinoamericanos con el fin de que dieran por válidos los documentos falsificados. Desafortunadamente, la suerte llegó demasiado tarde para muchos “sudamericanos”. Según las estimaciones del Ministerio polaco de Exteriores, en 1994 se emitieron más de 4 000 pasaportes, pero solo se salvó la vida a 400 de sus portadores.


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Traducción del inglés: Belén Couceiro, swissinfo.ch

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