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La Befana visita el Tesino

En Epifanía, junto a los Reyes Magos, en el cantón suizo de lengua italiana, el Tesino, aparece estos días un personaje típico: la Befana, una vieja entre bruja y abuela afectuosa, que fascina a niños y mayores.

Este contenido fue publicado el 05 enero 2001 - 16:57

Esta tradición particular del Tesino se remonta a la edad precristiana. Se trata de una figura, de origen quizá céltico, que se pone al flanco de los Reyes Magos durante la Epifanía.

Es un personaje un poco inquietante, no tranquilizador como Melchor, Gaspar y Baltasar, que son reyes y ricos, magos y amigos seguros del Niño Jesús.

La Befana, anciana medio bruja y medio abuela afectuosa con un carácter de mucho cuidado, viaja, como cualquier bruja que se respete, en su escoba mágica.

La noche del 5 de enero llena de regalos los calcetas de los niños que se han portado bien, pero a los alborotadores y desobedientes les deja sólo trozos de carbón. Es decir que su justicia es implacable.

Los etnólogos sacan a la Befana del mundo de las fábulas nórdicas, de los bosques inmensos poblados de duendes, ogros y hadas.

Si la llevan a Rusia, le ponen por nombre Mokusa, si va a Alemania se llamará Berchta. Cuando baja a los países mediterráneos la llamaremos Befana, porque su día es el de la Epifanía y así resulta por los efectos fónicos de las lenguas latinas.

Su leyenda se afirmó durante la Edad Media, cuando se celebraban "las doce noches", desde el 22 de diciembre al 6 de enero, fechas que coincidían con las noches más largas del año, y por lo tanto, con los días más cortos. Este período era llamado "de las brujas".

En aquel entonces, las comunidades, sobre todo las del arco alpino, se daban a las celebraciones el carácter de ritos propiciatorios para el bien común, o de conjuros contra los males futuros.

La Befana resulta ser un producto intermedio entre un San Nicolás y una de esas brujas. Es una manifestación maniquea y sincrética, proveniente de una cultura ancestral, que poco a poco se cristianizó.

Mucho tiempo ha pasado desde entonces y los niños ya no creen en la Befana, la cual, pobrecilla, no encuentra, cuando llega a nuestras casas, ni la calceta lista para llenar, en una noche que nadie la espera.

Es una lástima porque dicen que ella, a su manera, es muy moderna: ecológica (viaja en escoba), animalista (no explota ni camellos ni renos), proletaria (viste modestamente), portadora de justicia (premia solo al que se lo merece) y tolerante (porque castiga sólo con carbón).

En todo caso, para muchos, es más simpática que el gordo vestido de rojo que anda por ahí incitando al consumismo.

Lupita Avilés, desde Lugano

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