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Lucha contra la pobreza: divorcio entre Suiza y sus ONG

Las ONG suizas no asisten a la tercera Conferencia de la ONU sobre los Países Menos Adelantados (PAM), inaugurada este domingo en Bruselas. La Suiza oficial quiere aprovechar la ocasión para pedir a la comunidad internacional un mayor compromiso hacia los más pobres.

La sigla PMA data de hace unos treinta años. En el lenguaje onusiano designa a una serie de países considerados como "estructuralmente disminuidos en su desarrollo". Es decir, que tienen rentas muy bajas, una calidad de vida insuficiente y una economía particularmente vulnerable. Concretamente, la mayoría de sus habitantes vive con menos de dos dólares por día.

En la primera conferencia sobre el tema, en 1981, 25 países figuraban en la lista de la pobreza mundial. Hoy día son 49. Visto desde otro ángulo: un 10% de la población mundial no participa más que en un mínimo 0,5% en el comercio internacional. La reunión de Bruselas se ha abierto pues con la constatación de tres decenios de fracasos.

Jean-François Giovannini, director adjunto de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) y miembro de la delegación helvética, da varias explicaciones de esa situación, comenzando por la subvaloración de los aspectos políticos: "No se ha considerado suficientemente el hecho de que el desarrollo de un país no es posible sin buenas instituciones democráticas".

Entrevistado por swissinfo, Giovannini critica también la falta de cooperación de los países concernidos con sus vecinos inmediatos: "No se pueden resolver los problemas de manera aislada y sin integración regional".

Destaca igualmente la falta de medios: "La deuda ahoga a muchos países, la ayuda pública al desarrollo es insuficiente, los flujos financieros no están a la altura de los problemas".

De ahí el mensaje que Suiza quiere hacer pasar en Bruselas. "Lo que esperamos es que la voluntad política se despierte y que la comunidad internacional haga un mayor esfuerzo", subraya Jean-François Giovannini. Es decir, no hay otra salida que una verdadera alianza de los estados y de las grandes instituciones, en especial el Banco Mundial.

En cuanto a las ONG, son más de un millar las que se han desplazado a Bruselas, incluso antes de la apertura de la Conferencia. Se espera que tengan la posibilidad de dar a conocer, cada día, sus puntos de vista en las sesiones plenarias, lo que significará un progreso en los hábitos de la ONU.

En Suiza, sin embargo, no ha habido una movilización de las ONG. Ninguno de sus representantes forma parte de la delegación oficial, cuando normalmente es el caso en numerosos encuentros internacionales.

Este silencio y esta ausencia la explican las principales ONG suizas por su falta de recursos y por sus prioridades. El calendario internacional comporta este año grandes temas: sesión especial de la ONU sobre la infancia, Conferencia sobre el racismo, Cumbre de la Organización Mundial del Comercio... Y las asociaciones no disponen ni de medios, ni de personas, ni del tiempo necesario para estar en todas las citas.

En lo que respecta a la conferencia de Bruselas, las ONG suizas han sido consultadas por las instancias gubernamentales. Pero la falta de resultados de las ediciones precedentes de la Conferencia sobre los países menos avanzados no ha despertado el entusiasmo.

Como Copenhague, Ginebra y otras recientes cumbres "retóricas" que pretendían movilizar al mundo contra la pobreza no dieron los frutos esperados, no es difícil adivinar que ese ha sido su argumento decisivo para no estar presentes en Bruselas.

Bernard Weissbrodt


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