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Narco: En México, los muertos; en EE UU, el negocio



El mandatario mexicano, Felipe Calderón, preside la ceremonia conmemorativa del Grito de Dolores en Bicentenario de la Independencia (Guanajuato, 2010)

El mandatario mexicano, Felipe Calderón, preside la ceremonia conmemorativa del Grito de Dolores en Bicentenario de la Independencia (Guanajuato, 2010)

(Reuters)

15 de septiembre de 1810: Al grito de “¡Viva México!”, el pueblo inicia su gesta libertaria. Año con año, la nación lo celebra. Empero, en los últimos tiempos la libertad se desdibuja y la euforia pierde vigencia. ¿Qué ánimo de fiesta con 40 mil muertos, 5 mil desaparecidos y un país rehén del crimen?

Hoy, como hace 201 años, México requiere del concurso de todos para romper las cadenas. Pero ya no por la vía de las armas, como decidió el presidente, sino mediante un pacto nacional, como exige la sociedad civil. “Un esfuerzo común que incluya a todos los partidos políticos”, como precisa la diáspora suiza.
 
“En Colombia la situación comenzó a cambiar cuando los partidos dijeron ‘se acabó’, y comenzaron a trabajar juntos”, subraya Karl Frei, en entrevista con swissinfo.ch. “Unidos deben trabajar también en México”, agrega el representante de los suizos con residencia en ese país norteamericano.
 
Su postura es compartida. El experto de Naciones Unidas en crimen organizado, Edgardo Buscaglia, habla también de un pacto político como condición sine qua non para lograr una “autopurga del poder político”. Y ese –dijo en una conferencia sobre el narco en la madrileña Casa de América- “sería el principio del fin del crimen”.
 
En esa necesidad impostergable de unir empeños coinciden también los 88 especialistas, mexicanos y extranjeros, que bajo la égida de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional (IIDC), se reunieron del 6 al 10 de junio en el Distrito Federal para revisar la situación del país y diseñar soluciones.
 
“Es prioritaria la celebración de un pacto político y social de base amplia que permita reorientar a nuestras instituciones de seguridad y justicia para hacer frente a la crisis de violencia que enfrenta el país”, indican los expertos. “Ningún actor social debe quedarse al margen”, acotan.

El riesgo de politizar la seguridad

Sus conclusiones, compiladas en los ‘Elementos para la Construcción de una Política de Estado para la Seguridad y la Justicia en Democracia’ y entregadas al presidente Felipe Calderón, advierten igualmente sobre la obligatoriedad de que los actores institucionales, sectoriales y partidistas subordinen sus decisiones en favor del interés nacional para que la diversidad política sea factor de cambio y no de estancamiento.
 
“La politización de la seguridad y de la justicia es el riesgo mayor que enfrentamos en esta crisis”, alerta su texto. Una admonición que cobra particular relevancia cuando México se prepara para las elecciones presidenciales de 2012. Unos comicios que se antojan también peculiares dado el contexto de brutalidad que hay en el país y merced a la desconfianza de la población en sus instituciones.
 
Edgardo Buscaglia habla de “fragmentación” del Estado mexicano. Afirma que luego de 60 años de poder de un partido único que “gestionó” el crimen, la transición a una competencia electoral caótica abrió espacios que ocuparon las mafias y ahora es el crimen el que busca gestionar al Estado.

“Los grupos criminales compiten ferozmente por la captura de ese Estado”, por eso la explosión de la violencia.
 
El doctor en Jurisprudencia de las Universidades de Illinois y Berkley, considera que la respuesta del Gobierno mexicano al crimen con el uso de la fuerza alimenta un círculo vicioso en el que el hampa devora a los servidores públicos. “A más soldados y más policías, más violencia y más corrupción”. Esa, precisa, es la denominada “paradoja de la represión”.

Capitales colosales

Para Edgardo Buscaglia, una de las razones por las que el crimen organizado tiene y mantiene su enorme poder de destrucción está en el hecho en que sus capitales se mantienen intactos. A lo sumo, dice, las autoridades logran decomisar el dinero que los delincuentes detenidos ocultan bajo el colchón, pero el grueso de sus patrimonios está a buen recaudo en otros países.
 
Al respecto, y de acuerdo con el estudio dirigido por la UNAM y el IIDC, en México, un alto número de personas participan en el crimen organizado, moviendo capitales que se estiman hasta en 29 mil millones de dólares al año.
 
Entre 2006 y 2008, la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público remitió denuncias que se suponen por presunto lavado de dinero equivalentes al 8% del dinero sucio en circulación en el país. Además, se ha estimado que el 10% del sistema financiero mexicano opera con dinero proveniente del narcotráfico.
 
Algunos funcionarios del Departamento de Estado en Washington estiman que los movimientos de tráfico de drogas de las organizaciones que operan en los Estados Unidos generan utilidades ilícitas hacia México de entre 17 y 38 mil millones de dólares.

Narco con oficinas en EE UU

La violencia engendra violencia. No solo es el narco. De acuerdo con el especialista de la ONU, el crimen organizado de México está diversificado -con 22 ramificaciones (extorsión, secuestros, toda suerte de tráficos..)- y expandido -con presencia en 52 países.
 
Sin ir más lejos, al otro lado del Río Bravo:
 
“El consumo de la droga en Estados Unidos sigue y por lo tanto siguen también los caminos para llevarla. Pero en el momento en que la droga entra a Estados Unidos ya nadie habla de tráfico de drogas, parece que ahí no existe, que no hay narcotraficantes o tal vez los narcotraficantes tienen sus oficinas en el General Motors Building de Nueva York”, analiza Karl Frei.
 
El empresario suizo recuerda que el tráfico de estupefacientes genera ganancias de billones de dólares. “Los estadounidenses ven el narcotráfico como negocio, mientras que en México, los narcotraficantes hacen la lucha en la calle. ¿Y por qué? Porque no hay penalización”.
 
Con cuarenta años fuera de Suiza, la mitad de ellos en México, el otrora representante del UBS, primera institución bancaria helvética, lamenta lo que considera una “abdicación” de las instancias municipales y estatales. “Dicen que la responsabilidad es del Gobierno Federal, pero el Gobierno Federal no puede cubrir todo el país”.
 
La población sufre la inacción de las autoridades pero también sus excesos. Las violaciones a los derechos humanos no son privativas de las mafias. Los abusos de soldados y policías mantienen en alerta a las ONG, pero no solo:
 
“Los aparatos de seguridad y justicia reproducen patrones de discriminación que dan lugar a las más graves violaciones a los derechos humanos en contra de niños y niñas, mujeres, jóvenes, migrantes, gente en pobreza extrema, indígenas, personas con discapacidad e incluso contra los propios elementos o funcionarios de instituciones policiales y militares de los más bajos rangos”, denuncia el texto publicado por la UNAM.

Suizos estrechan contactos

Amén de las manifestaciones públicas para exigir el cese de las agresiones, además de estrategias sociales, como la Caravana por la Paz con Justicia y Dignidad del poeta Javier Sicilia que recorre el país reuniendo testimonios de víctimas de la violencia, de las redes de mexicanos que desde el extranjero pugnan por la paz en su país, la población establece mecanismos de autoprotección: se agrupa, se acompaña, se comunica.

La Embajada suiza actualiza el censo de sus connacionales, les extiende recomendaciones. El 19 de diciembre del año pasado, un empresario helvético fue secuestrado en el central estado de Morelos. Se desconoce aún su paradero.
 
“Se han tomado varias medidas para estar más en contacto con las personas, para saber dónde están y poder reaccionar más pronto en caso necesario”, explica Ursula Stump, cónsul honoraria en Guadalajara, segunda ciudad del país y capital del noroccidental estado de Jalisco. Ahí donde los signos de prosperidad reciente contrastan claramente con la pobreza secular.
 
La cantidad de vehículos nuevos y caros que circulan por la ciudad, por ejemplo. “Unas visitas nos comentaron: ‘¡Aquí la gente debe ganar mucho dinero!’”.
 
A principios de año, el Consulado envió un escrito a los ciudadanos suizos afincados en Guadalajara que incluía números de emergencia a los que recurrir de ser menester, informa la cónsul. Rechaza, sin embargo, que el incremento de la delincuencia se haya traducido en un retorno masivo o precipitado de sus compatriotas a la Confederación.
 
“Si bien la gente está un poco más tensa porque es una situación difícil –se puede tener la mala suerte de estar en un centro comercial en el mal momento- no hay desplazamientos de la comunidad suiza fuera del país”.
 
Karl Frei coincide con la cónsul. “Seguramente hay preocupación personal. Creo que en el caso de los empresarios suizos, están bastante conscientes de la situación que hay, pero no se percibe necesariamente como algo muy generalizado”.
 
Entrevistados en el marco del 89º Congreso de los suizos en el extranjero (26-28.08) en Lugano, ambos coinciden en que hay medidas de protección básicas tales como evitar determinados lugares. “Uno tiene que cuidarse un poco a dónde va y a qué hora y con eso puede reducir el peligro a niveles más o menos razonables”.
 
¿A dónde y a qué hora?: Al Zócalo capitalino, a las 23.00. Ahí, tradición obliga: la población lanzará, tal vez no con alegría, pero sí con rabia y con orgullo un nuevo y sempiterno “¡Viva México!”

Los expertos proponen:

Giro inmediato en las estrategias de seguridad

y enfoque en prevenir, abatir  impunidad, reducir muertes, preservar de la integridad de las personas y defender sus derechos humanos.

Política social: con especial énfasis en los jóvenes, en su permanencia o reinserción escolar, programas de becas, políticas de empleo, de estímulos.

Mujeres: Respuestas integrales contra las graves expresiones de violencia contra la mujer.

Sistemas de rendición de cuentas de instancias públicas con participación ciudadana.

 Registro de víctimas y mecanismos de reparación

de daños.

Lucha efectiva contra

lavado de dinero.

Crear programa universitario de

Derechos Humanos que incluya áreas de justicia y seguridad.

Fuente: ‘Elementos para la Construcción de una Política de Estado para la Seguridad y la Justicia en Democracia’

Fin del recuadro

El crimen en cifras

Delitos denunciados:

Entre 1997 y 2010, el promedio diario pasó de 200 a más de 350. Los del fuero común, de 4 mil a 4.500. Menos del 5% son objeto de proceso penal.

Homicidios dolosos

de presunto vínculo con crimen organizado: Menos de 3 mil en 2007, más de 15 mil en 2010. Sistema Nacional de Seguridad Pública: Entre 1997 y 2007 disminuyeron de 19 a 10 por cada 100.000 habitantes. En los últimos tres años superaron las cifras de 1997 y se triplicaron robos a banco, secuestros y extorsiones.

Violencia asociada

a la delincuencia organizada: Aumento en homicidios de hasta 170% entre 2009 y 2010 en algunos municipios. En el 2007, en 53 municipios, al menos una ejecución mensual en promedio. En 2010, 200. Concentración de esa violencia: 17 municipios en 2008, 24 en 2010.

Diversificación organizaciones de narcotráfico: extorsión, secuestro, robo a bancos y robo de vehículos con violencia, delitos con crecimiento pronunciado de 2004 a 2010.

  

Victimización nacional:

promedio de 11,5%. Denuncia:

uno de cada cinco delitos. Consignaciones: 5% de averiguaciones previas iniciadas.

Percepción de inseguridad: 80% de la población.

Gana la delincuencia: 6 de cada 10 mexicanos así lo considera.

  

Violaciones a derechos humanos: aumento pronunciado de quejas contra  autoridades federales, policiales y militares y de recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

  

Distribución policial: 20 entidades reportan déficit y 12 superávit, respecto al estándar de 2,8 policías por cada mil habitantes.

Confianza en la policía: De menos del 15% .

Prisiones: 4 de cada 10 detenidos no han sido condenados. De 429 centros de privación de la libertad, 48 tienen sobrepoblación. En el D.F., más del doble. Los homicidios en prisión, motines y fugas son cotidianos.

Adicciones: El consumo de drogas: 3,33%  en 1998, 6,8% de la población de 12 a 65 años de edad en 2008. El 81% de la población no consume drogas. El 14% está expuesto, el 5,2% las consume sin signos de dependencia, el 0,6% requiere ayuda especializada.

Fin del recuadro

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