Evo Morales, reforzado en la presidencia

Evo Morales, de 50 años de edad, sigue haciendo historia. Reuters

El presidente de Bolivia comienza su segundo periodo de gestión con el control de dos tercios del Congreso, lo que le permitirá abrir camino a sus reformas.

Este contenido fue publicado el 21 enero 2010 - 16:47

Su carácter populista y su origen indígena, “ante una oposición desgastada y corrupta”, le han valido la reelección, en opinión de muchos ciudadanos bolivianos y de algunos de los miembros de la comunidad suiza en Bolivia.

Este 21 de enero, el ritual de 2006 se repite con la investidura indígena de Morales en Tiwanaku y el 22 de enero con su toma de posesión formal al frente del Ejecutivo en la Asamblea Legislativa en La Paz.

Morales, que fue reelegido el 6 de diciembre de 2009 con un 64,22% de los votos, tiene entre sus cartas más poderosas el respaldo en esta legislatura de 25 de los 36 escaños de la Cámara Alta y 85 de los 130 de la Baja.

El ver de nuevo a Evo Morales en la silla presidencial significa que Bolivia, por una parte, no tuvo opciones creíbles de la oposición para debilitar al líder cocalero, a pesar de que muchos consideran que no ha habido cambios de fondo en el desarrollo social de este país durante los cuatro años de la primera gestión del líder de origen aimara.

Morales y su equipo desarrollaron una campaña para hacer más eficiente el padrón electoral, lo que traducido en votos lo reforzó hoy en la silla presidencial con el apoyo de otro 10% más del electorado que hace 4 años, y con la cifra duplicada de votos a su favor de 1.5 a 2.9 millones.

Evo, “en la punta del movimiento indígena”

Su mejor carta sigue siendo ese respaldo de la población indígena (60% de los 10 millones de bolivianos) para postrarlo como el símbolo de una nueva clase en el poder, organizada desde la base.

“Los indígenas siempre han tenido sus propias organizaciones. El pueblo aimara tiene una historia multisecular de resistencia a la invasión, para organizarse. Este modo de organización indígena, originada en el Altiplano, ha pasado a los mineros, a sus sindicatos. En 1985, tras el cierre de las minas ante el modelo neoliberal establecido, todos ellos perdieron el empleo y así emigró su fuerza a diversas regiones, como el movimiento de los cocaleros en el Chapare”, anota Mathieu Glayre, en Tarija desde 2007.

El voluntario de la organización helvética E-Changer advierte que la democracia abrió nuevos espacios: “En 1985, el Estado creyó que dividiendo el mundo minero haría desaparecer esta resistencia popular. Unos 20 años han callado, pero surgió esta nueva alternativa: el Movimiento al Socialismo (MAS), que no es un partido y que nace de este momento”.

Para el universitario suizo, el presidente es “inteligente y con un sentido la generosidad muy fuerte. Pero él está apenas en la punta del movimiento, Es bastante distinto en Venezuela, Allí, me parece que es Chávez quien difunde desde arriba hacia abajo. En Bolivia, son los movimientos sociales los que impulsan de abajo hacia arriba”.

Y, por cierto, el respaldo de Caracas a La Paz no pasa desapercibido entre los bolivianos, como indica un taxista de El Alto: “Venezuela ha ayudado mucho, pero lo que no sabemos es si después le cobrará la cuenta a Bolivia”.

¿Riesgo de autoritarismo?

“Ha habido avances, quizá no muy visibles. Por ejemplo hay aproximadamente un 20% más de cableado eléctrico que antes. No obstante, la reelección de Morales puede ser una catástrofe porque confirma otras malas acciones. Los campesinos están a favor del gobierno, pero creo que piensan de los gobernantes: ‘sí, son corruptos, pero son nuestros corruptos”, opina un suizo-boliviano con una vida hecha en La Paz desde hace más de dos décadas.

“Todo impulso democrático es bienvenido, pero no el hecho de ofrecer pases (bonos financieros) y organizar protestas o bloqueos a nombre de la voluntad del pueblo. Los manifestantes están pagados. Un turista explicó que estaba viendo una protesta y le dieron 50 bolivianos y las gracias por asistir”, comenta el ex cooperante, quien no descarta un golpe de Estado que impida a Evo Morales el fin de su nuevo mandato.

Entre los desafíos de la segunda gestión del presidente está el mantener la unidad y reforzar el sistema democrático y el Estado de derecho, además, por su puesto de disminuir el alto nivel de pobreza.

“El hecho de que el MAS obtenga el dominio permite al Ejecutivo realizar sus trabajos, pero también hay el riesgo de considerarse sobre el bien y el mal y empiece una nueva forma de autoritarismo, Por eso es importante la oposición, porque permite una fiscalización”, concluye Waldo Albarracín, catedrático de Derecho en la Universidad Estatal de La Paz, otrora presidente de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos de Bolivia y ex Defensor del Pueblo.

Patricia Islas Züttel, swissinfo.ch

Contexto

El 61% de los 9,8 millones de habitantes de Bolivia es indígena. Los quechuas, aimaras y guaraníes son los grupos más numerosos de las 36 etnias del país.

Aunque Bolivia tiene un ingreso per cápita anual de 1.100 dólares por año, algo más del 42% de su población vive con menos de dos dólares por día.

Bolivia es un país de concentración de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE) y de la Secretaría de Estado de Economía (Seco).

Debido a sus niveles de pobreza, Suiza lo mantiene como país prioritario. Este 2009 se cumplieron 40 años de ayuda suiza en Bolivia.

La comunidad suiza radicada en Bolivia está integrada por 969 personas: 349 suizos y 620 doble nacionales.

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