La pandemia devela situación real de Chile

La Asociación de Vecinos de Villa Maule III entrega almuerzos en las casas de las familias del sector, incluidas las infectadas por la COVID-19, para que puedan cumplir la cuarentena. Santiago de Chile, 20 de junio. Keystone / Alberto Valdes

La COVID-19 castiga a Sudamérica y en las últimas horas Chile superó en contagios a Italia y España, sobrepasando los 270 mil casos y poniendo en jaque la capacidad sanitaria del país.

Norma Domínguez, Buenos Aires

Brigitte Ackermann y Regula Ochsenbein, dos expatriadas suizas en el país andino, cuentan cómo sobrellevan la crisis y hablan de sus miedos, sus familias y esperanzas en tiempos del coronavirus.

Como si se tratase de una perversa carrera de postas, los titulares en la prensa informan las cabeceras de contagios y muertes que va dejando la COVID-19 en distintas partes del Mundo, y en Sudamérica los datos del la  OMS del 27.6.20, expresan que Brasil, Perú, Chile y México -en ese orden-, son las naciones con mayor cantidad de contagios confirmados.

Suizos en Sudamérica

Las estadísticas oficiales del Gobierno suizo (2019) indican que en América del Sur están registrados 46 418 ciudadanos suizos, de los cuales 5 490 residen en Chile, constituyendo la tercera comunidad helvética en la región, detrás de Brasil y Argentina.

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Al mismo tiempo, el CSSE de la Universidad Johns Hopkins (JHU), ubica a Chile por encima de España e Italia, agudizando la crisis que el país andino arrastra desde el estallido social de octubre de 2019 a causa de la desigualdad reinante en el país.

“¡Parezco una monja de claustro!”

Sin saber si se conocen entre ellas, los testimonios de Brigitte Ackermann, de 72 años, y de Regula Ochsenbein, de 71, coinciden en varios puntos de vista. Tal vez sea por una sabiduría generacional o por vivencias de expatriadas, lo cierto es que aportan una mirada clara y definida sobre la situación en su país de acogida.

Ackermann es oriunda de Bourrignon (cantón del Jura) y reside en Viña del Mar con su esposo chileno, mientras que Ochsenbein nació en Lucerna, creció entre Basilea y Berna, y vive sola en Santiago de Chile porque su hija se mudó el año pasado a Canadá.

Afectuosas y determinadas, respetan todas las indicaciones del gobierno chileno. También, confiesan, escuchan las recomendaciones de Suiza desde que inició allí y las vienen cumpliendo, lo que consideran les ayudó a estar preparadas cuando el virus desembarcó en Chile.

Ackermann comenzó la cuarentena voluntariamente en marzo porque supo que tenía que estar bien para cuidarse con su esposo de 90 años, aunque en su comuna recién se dictó el confinamiento obligatorio hace una semana.

La situación de Ochsenbein es parecida en cuanto el cuidado:

“Estoy en cuarentena voluntaria desde medianos de marzo, cuando asistí al velorio de un cura obrero, donde luego se supo que fueron varias religiosas contagiadas. Desde entonces nunca más subí a transporte público y solo salgo de la casa para barrer el pasaje o a comprar pan a la vuelta de la esquina. ¡Parezco una monja de claustro! En mi comuna (Gran Santiago) la cuarentena obligatoria lleva unas 7 semanas”.

Suiza, la familia y los miedos

Estar lejos de la familia y amigos cuando se viven situaciones límite, puede despertar miedos y avivar preocupaciones que en condiciones ‘normales’ no se perciben. Otra de las coincidencias de estas dos mujeres, es su valentía.

“Tengo a mi familia en Suiza: mis dos hijos y mis dos nietos están repartidos en Lausanne y Neuchâtel” cuenta Brigitte y asegura que en ningún momento pensó en regresar a su país cuando se declaró la crisis, no solamente porque la pandemia no había terminado allí sino porque su residencia está en Chile con su marido desde hace una década.

“No tuve miedo por ellos porque se cuidaron muy bien y Suiza tenía medidas estrictas bien respetadas. Mi hija tenía más miedo por nosotros” explica y revela:

“No tengo ningún miedo por naturaleza. Soy positiva y tengo confianza en la vida. Creo en mi intuición”, dice la representante en Chile del Consejo de Suizos en el Extranjero de la OSE.

También Regula -quien durante muchos años trabajó en la Embajada de Suiza en Chile- dejó a su familia en su tierra natal. Su hermana menor, sus sobrinas y sobrinos nietos, y muchos amigos de la escuela y la universidad. Aun así, nunca se le pasó por la cabeza volver por la pandemia:

“No temo no volver a verlos, ya que los suizos son más disciplinados para acatar restricciones impuestas por las autoridades, y el sistema de salud es excelente. Aquí tengo una casa y 6 perros, y 40 años de mi vida en Chile con amigos chilenos”.

“Me siento segura porque no salgo. Con los vecinos hablamos de portón a portón y con mis amigos por WhatsApp. Compro lo que necesito online y nunca anduve paranoica. Me lavo las manos siempre y me alimento bien para tener las defensas altas, ya que nadie es inmune”, asevera.

“Olvidaron ayudar a la gente pobre”

Cuando la pandemia llegó a Chile el 3 de marzo, las heridas del estallido social que se había desatado en octubre de 2019 debido al crecimiento de la inequidad y la pobreza, aún no habían cicatrizado, lo que dejó al descubierto la vulnerabilidad del Gobierno.

No puedo negar que he sentido miedo y que a veces sufro de insomnio, no tanto por mí, sino por los demás que no pueden tomar los mismos resguardos, sino que deben escoger entre salir a trabajar con el riesgo de contagiarse o encerrarse hacinados en viviendas sociales o construcciones precarias y morirse de hambre”, afirma angustiada Ochsenbein.

En consonancia con su compatriota, Ackermann se muestra preocupada porque considera la situación como una “catástrofe”, especialmente en Santiago:

“La pandemia demuestra la situación real del país. Es muy difícil aplicar las medidas sanitarias que dictó el Gobierno sin ayuda a la gente pobre. La situación económica de muchas personas no permite cumplirlas sin acompañamiento”.

“La verdadera situación social saltó a la cara de muchos gobernantes y políticos. Muchas personas no respetan las medidas por criterios económicos, sea por inconsciencia o por falta de confianza en el Gobierno”.

Las dos creen que el Ejecutivo reaccionó tardíamente y que la situación económica de muchas personas no permite estas medidas sin suficiente ayuda del Estado.

“Las políticas sanitarias no pueden ser exitosas si no van mano a mano con una política social y económica. Los que salieron a las calles a protestar, ya que no tenían nada que perder, salvo sus vidas, son los mismos que organizan ollas populares en los barrios periféricos de las grandes urbes”, dice Regula.

“A nivel sanitario no funciona bien la colaboración entre la salud pública y privada, lo que sería necesario en tiempo de dificultades como el que estamos viviendo”, señala preocupada Brigitte.

Sin perder las esperanzas, las damas suizas creen que luego de esta crisis global sin precedentes que es la pandemia de la COVID-19, nada cambiará demasiado…

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