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Un cirujano italiano, médico de familia en Suiza por pasión

El día a día de un médico de familia resulta agotador. Después de 8 o 9 horas de consultas con los pacientes, Massimiliano La Fauci pasa algunas horas más revisando los resultados de las pruebas y ocupándose de las tareas administrativas. swissinfo.ch

Cambió la agitada vida de Roma por la calma del sur de Suiza y los quirófanos por una consulta de medicina general. Massimiliano La Fauci considera que ser médico de familia es muy gratificante, aunque muy exigente al mismo tiempo.

Este contenido fue publicado el 10 octubre 2018 - 11:00
Sonia Fenazzi, Bellinzona

Este texto forma parte de una serie de artículos sobre los problemas del sistema sanitario suizo. Descúbralos al final de la página.

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Sin bata, el Dr. La Fauci nos saluda en la entrada de su consultorio en Bellinzona. Su amabilidad, su capacidad de comunicación y su actitud cordial hacen que uno se sienta a gusto. No se puede evitar pensar que así debe de ser también con sus pacientes.

Esta vez, sin embargo, el médico de 45 años cambia los papeles. Aunque normalmente es él quien se sienta detrás de su escritorio, ahora le toca a él ser “examinado”. Le pedimos que nos relate su experiencia, que nos explique los motivos de su elección profesional y las dificultades que llevan a la mayoría de los médicos suizos jóvenes a elegir una especialidad.

Nada planeado

Una larga cadena de circunstancias fortuitas llevó a este profesional italiano a establecerse como médico generalista independiente en esta pequeña ciudad suiza. Cuando estudiaba medicina en la Universidad de Roma, Massimiliano La Fauci imaginó otro recorrido diferente. Pensó que se formaría en el extranjero y luego haría cirugía en Italia. Hizo la mayor parte de su especialización como cirujano en Inglaterra y Alemania, pero las circunstancias le llevaron a completarla en Roma.

La vida lo llevó a Suiza. Un antiguo compañero de clase que ya había emigrado a Bellinzona le convenció para que viniera al Tesino. “Lo probé, y me quedé”.   

El cirujano italiano llegó a Suiza en 2009. Después de trabajar un período corto en un hospital de Locarno, entró en una conocida clínica de Lugano. En 2015, a través de unos conocidos tuvo la oportunidad de hacerse cargo de la consulta de un médico de familia de Bellinzona que se había jubilado. “Aproveché la oportunidad, y hoy estoy aquí”, dice con una sonrisa.  

A partir de aquí ya no utiliza el bisturí. “Solo para unos pocos procedimientos ambulatorios menores”. De hecho, aunque se formó sobre todo como cirujano, también ha realizado cursos de medicina general y de urgencias. Y durante sus 6 años en la clínica de Lugano, hizo tantos turnos que pudo practicar “todas las especialidades de la medicina, no solo la cirugía”, añade.

El Dr. Massimiliano La Fauci se hizo cargo en Bellinzona de la consulta de medicina general de un colega jubilado. swissinfo.ch

Un poco psicólogo, un poco sacerdote

Tomó la decisión correcta. Es algo que se siente en la pasión que pone al hablar.

“El médico de familia debe ser como un psicólogo, un sacerdote que sigue al paciente a lo largo de los años, que lo conoce física y psicológicamente, que establece una relación de plena confianza mutua con él y su familia, sin malentendidos. Lograr esto es muy satisfactorio”, explica.

“En este trabajo descubrimos relaciones interpersonales que van más allá de una simple actividad profesional”, continúa el médico, para quien en esta profesión “es importante hacer lo máximo por los demás y tratar de hacerlo de forma adecuada”.

Cuestión de dinero

Massimiliano La Fauci se muestra especialmente entusiasmado cuando le decimos que muchos médicos jóvenes le dan la espalda a esta disciplina porque, habitualmente, a los médicos de familia se les paga menos que a la mayoría de los especialistas. “Personalmente, no puedo quejarme de lo que gano. No me estoy haciendo rico, por supuesto, pero vivo sin problemas”.

Aparecen algunas nubes en este cielo claro. Empezando por el método de facturación impuesto por las compañías de seguros de salud. “No discuto que debamos ser controlados. Pero cuando hay que pasar 40 minutos con un paciente, no es justo que solo podamos cobrarle 20 minutos o 30 minutos, como máximo, si tenemos que prestarle cuidados”.

“No puedo quejarme de lo que gano. No me estoy haciendo rico, por supuesto, pero vivo sin problemas”.

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Un trabajo agotador

Por otro lado, el Dr. La Fauci reconoce que la profesión de médico general es muy exigente. Físicamente y psicológicamente, sobre todo. Una de las razones es que las patologías a las que se enfrentan en el transcurso del día son muchas y diversas. Y ante esta multitud de problemas, el médico de familia debe enfrentarse a las dificultades solo, “con sus habilidades y sus limitaciones”.

Los días son largos. A las 8 o 9 horas de consultas, hay que añadir varias horas para revisar los resultados de los análisis de sangre, leer los informes y realizar tareas administrativas. Sin olvidar los servicios de guardia, que son obligatorios.

Pacientes... impacientes

El año pasado, el Dr. La Fauci atendió de 1 200 a 1 300 pacientes. “Por desgracia, los médicos de medicina general, no somos muchos y tenemos muchos pacientes”.

“Es más una misión que un trabajo. Aunque sea difícil, da mucha satisfacción”.

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Las condiciones son desafiantes, y no niega que algunos pacientes puedan tener una actitud que acrecienta el nivel de estrés del médico. “Son personas que ya no pueden esperar, que solo piensan en ellas y que no se dan cuenta de que hay prioridades y de que el médico está al servicio de los demás, sin duda, pero que no es un esclavo. Algunas personas exigen que se les reciba inmediatamente por un resfriado, y en lugar de esperar, prefieren ir a otro médico. Lo cual es frustrante”.

Casado y padre de tres hijos pequeños, el médico de familia admite que su profesión le obliga a sacrificar en cierta medida su propia familia. “Les quito mucho tiempo a mi esposa e hijos”. Fue su mujer quien dejó su trabajo de enfermera para “dedicarse en cuerpo y alma a los pequeños”. Además, viene dos veces por semana a ayudar a su esposo en el consultorio.

Una pasión

Pero a pesar de la fatiga y las renuncias, Massimiliano La Fauci ama su trabajo. “Es más una misión que un trabajo. Aunque sea difícil, da mucha satisfacción”.

A pesar de todo, cada vez menos médicos jóvenes parecen tener este “fuego sagrado” en Suiza. En 2017, la Asociación suiza de Médicos de familia y de la Infancia (mfeEnlace externo) anunció que faltaban unos 2 000 médicos generalistas en el país. Y las encuestas en las facultades de medicina han demostrado que solo el 10% de los estudiantes tienen intención de cubrir este nicho. “Incluso si en pocos años esta cifra llegara al 20%, en 2025 seguirían faltando 5 000 médicos de familia”, advirtió la asociación. En su opinión, la Confederación debe adoptar urgentemente medidas para mejorar y promover la profesión.

Algunas cifras

Según las estadísticasEnlace externo de la Federación de médicos suizos (FMH), a finales de 2017, en el país ejercían 36 900 médicos, un 2% más que un año antes. El 51,1% practicaba la medicina ambulatoria, el 47,3% trabajaba en el sector hospitalario y el 1,6% en otros ámbitos (administración, seguros...). Los médicos generales representaban el 22,5% del total. De los títulos de medicinas expedidos en 2017, el 37,9% corresponde a médicos de medicina general (título de medicina interna general, pediatría y médico).

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