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“Si dejamos de prohibir la mendicidad, podremos centrarnos en la integración”

Gracias a la libre circulación de personas con la UE, hay gente que para paliar la precariedad en la que vive ha venido a Suiza en busca de trabajo. Algunas tienen que mendigar para sobrevivir. Fotografía tomada en Ginebra, 12 de octubre de 2007. Olivier Vogelsang

El cantón de Ginebra ha suspendido la prohibición de ejercer la mendicidad tras la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, según la cual debe respetarse el derecho de las personas a pedir ayuda. Un alivio para las personas afectadas y los trabajadores sociales que las acompañan.

Este contenido fue publicado el 27 febrero 2021 - 09:56

El pasado 19 de enero, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) dictó una sentenciaEnlace externo muy esperada: tenía que pronunciarse sobre el caso de una mujer romaní multada y encarcelada por mendigar en las calles de Ginebra. El veredicto es claro: la sanción fue desproporcionada y "afecta a la dignidad humana de una persona extremadamente vulnerable". Suiza violó, por lo tanto, el artículo 8 del Convenio Europeo de Derechos Humanos que establece el respeto de la vida privada y familiar, así como el derecho a acudir a otras personas en busca de ayuda.

El TEDH condena, sobre todo, el principio de la prohibición general de la mendicidad en el marco de una disposición penal, porque esto implica una “sanción grave, automática y casi inevitable” sin tener en cuenta la situación concreta de la persona y sin que existan “sólidos motivos de interés público”.

La fiscalía de Ginebra reaccionó rápidamenteEnlace externo y suspendió la prohibición de mendigar, a la espera de que el poder político decida derogar o modificar la ley. En cambio, nada parecido ha sucedido en el cantón de Vaud, donde existe también una prohibición general de mendigar en su territorio.

“Este tipo de leyes refuerza las discriminaciones”

En el marco de una mesa redonda que organizó el 29 de enero el Festival Internacional de Cine Independiente Black MovieEnlace externo en Ginebra, dos expertos reaccionaron a la decisión del TEDH y a la cuestión de cómo integrar a las personas pobres y desprotegidas de etnia gitana.

Maya Hertig, vicedecana de la Facultad de Derecho de la Universidad de Ginebra y vicepresidenta de la Comisión Federal contra el Racismo (CFREnlace externo), recuerda que las sentencias del TEDH son vinculantes para Suiza. Significa que el país tendrá que adaptar en consecuencia su legislación nacional y cantonal. “La sentencia no dice que ya no sea posible regular la mendicidad”, precisa Maya Hertig, “pero considero que ya no es sostenible mantener una prohibición absoluta, sin tener en cuenta la situación de las personas". En su opinión, habrá que adaptar las leyes y sería útil replantearse la sanción, así como su carácter penal.

"Este tipo de leyes refuerza la discriminación", explica Maya Hertig, "porque las personas afectadas acaban en la cárcel y la gente tiene la impresión de que se trata de una población criminal, cuando somos nosotros quienes hemos criminalizado una conducta inofensiva".

"Deberíamos preguntarnos por qué nos molesta tanto ver la pobreza”

Maya Hertig

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A Maya Hertig le molesta profundamente la posiciónEnlace externo del Tribunal Federal. La más alta instancia judicial de Suiza reconoce la mendicidad como un derecho fundamental, pero considera que aun así puede ser prohibida. “Los derechos fundamentales protegen esencialmente a las minorías, y decir que la presencia de mendigos en las calles nos disgusta no es suficiente para restringir sus derechos. Deberíamos preguntarnos por qué nos molesta tanto ver la pobreza”, dice.

“El acompañamiento jurídico es una tarea muy pesada”

La decisión del TEDH es un alivio para Tiberiu Moldovan. El asistente social de Caritas Ginebra trabaja en el polo de mediación intercomunitarioEnlace externo, cuyo objetivo es apoyar a los inmigrantes romaníes más vulnerables. “El acompañamiento jurídico es una tarea muy pesada, ya que [atender las consecuencias de] una multa involucra a muchas instituciones: la policía, los juzgados, los servicios de infracciones, los servicios de ejecución… Ahora podremos centrarnos más en la integración”, dice.

Desde la creación de este polo de mediación en 2015, los trabajadores sociales han estado regularmente en contacto con cerca de 300 personas. Unos 28 niños han sido escolarizados y una cincuentena de familias han dejado atrás la vida en la calle. “Se habla mucho de las personas que mendigan porque son visibles en los espacios públicos, pero en Ginebra, la mayor parte de los romaníes trabajan y pagan impuestos”, indica Tiberiu Moldovan. “Hay jefes de obra, trabajadores sociales, traductores, empleados de empresas de mudanzas, etc. Algunos han vivido momentos difíciles, pero la mayoría ha logrado salir de la pobreza”.

Primero, el polo de mediación trabajó mucho tiempo en el terreno para establecer contacto con estas poblaciones romaníes pobres, construir lazos y comprender sus necesidades. “Los hemos escuchado, acompañado e informado”, explica Tiberiu Moldovan. “Les hemos hecho propuestas, pero jamás les hemos dicho qué es lo que deben hacer porque son adultos autónomos con capacidad de decisión”.

“Se habla mucho de las personas que mendigan porque son visibles en los espacios públicos, pero en Ginebra, la mayor parte de los romaníes trabajan y pagan impuestos”

Tiberiu Moldovan

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Una estrategia que elogia Maya Hertig: “Con respecto a los grupos vulnerables, siempre existe el riesgo de caer en el paternalismo, de pensar que nosotros sabemos mejor que ellos lo que necesitan. La realidad es que deberíamos intentar fortalecer su autonomía e involucrarlos más".

En los últimos años, el centro de mediación se ha centrado mucho en el tema del curriculum vitae. "Estas personas tienen grandes habilidades, aunque no tengan ninguna formación cualificada", dice Tiberiu Moldovan. Alguien que ha trabajado diez años en obras de construcción o en la agricultura orgánica tiene una experiencia que tratamos de valorizar".

“Los romaníes están particularmente expuestos a la discriminación”

La Comisión Federal contra el Racismo busca formas de combatir los prejuicios y promover la integración de las minorías. "La discriminación y el racismo están vinculados a los juicios y estereotipos que todos tenemos", destaca Maya Hertig. Estos prejuicios conducen al rechazo del otro y a la exclusión. Por su origen, situación de precariedad y visibilidad en el espacio público, algunas etnias gitanas están particularmente expuestas ".

El centro de mediación intercomunitario de Caritas estima entre 300 y 400 los miembros de la etnia romaní en situación precaria que acuden regularmente a trabajar en Ginebra. Fotografía tomada en 2007 en Ginebra. Olivier Vogelsang

Gracias a su experiencia con las comunidades romaníes en Ginebra, Tiberiu Moldovan ha constatado que la desconfianza y el rechazo por parte de las autoridades y la población local tienen consecuencias nefastas: “la gente se retrae. Tiene la impresión de que no puede integrarse porque lleva la etiqueta de romaní. Hemos dedicado mucha energía a explicarles que tienen derecho a solicitar ayuda a una institución, a buscar trabajo y a salir de la precariedad”.

Son personas que viven en pobreza y con una gran angustia psicológica, destaca Tiberiu Moldovan. “Si los escuchamos y acompañamos evitaremos que se aíslen aún más. Si no hacemos nada, no será posible integrarlos y esta gente seguirá en un círculo vicioso”.

Maya Hertig sostiene que la manera de enfocar los derechos fundamentales es errónea porque excluye la discriminación, pero no exige integrar a todas las poblaciones. "Quizás deberíamos pensar con una mira más amplia y desarrollar también un derecho a la inclusión”.

Traducción del francés: Andrea Ornelas

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