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Vulnerabilidad e interconexión, las lecciones de la nube

Los fenómenos naturales han perturbado siempre la actividad humana. Francois Valentyn, 1725

Espacio aéreo paralizado, viajeros bloqueados, intercambios comerciales congelados. ¿Qué imagen de la sociedad se refleja en el espejo ceniciento que nos dejó el volcán islandés? La opinión de dos especialistas, una en Antropología de Catástrofes, la otra en Estudios de Riesgos.

Este contenido fue publicado el 22 abril 2010 - 08:45

Mitch en 1998, Katrina en 2005. Por lo menos los huracanes tienen el mérito de llevar nombres pronunciables. No es el caso del volcán islandés Eyjafjalla.

Y sin embargo, ningún europeo medio, en tránsito por añadidura, ignora su nombre. Desde hace más de una semana, las cenizas que escupe se expanden en nubosidades que paralizan el tráfico aéreo.

Entonces, los aviones en tierra son un símbolo fuerte, subraya Andrea Boscoboinik. Antropóloga especializada en la temática de la catástrofe, ve en ello una explicación a la amplitud que tomó el acontecimiento en el curso de los días.

“Por regla general, no hay un umbral preciso a partir del cual se comienza a hablar de catástrofe. En este caso por ejemplo, no hay muertos, como fue el caso en América Central con Mitch. Pero las consecuencias sobre la organización de la sociedad, a nivel económico por ejemplo, son importantes. De ahí el fuerte interés de los medios de comunicación. Entonces las catástrofes existen a partir del momento en que se habla de ellas. Son construidas”, analiza.

Vulnerabilidad tecnológica

Para la investigadora de la Universidad de Friburgo, especializada en “deconstrucción” de las catástrofes, la expresión de “desastre natural” es pues un sin sentido. Al principio, hay un fenómeno que, en efecto, puede ser exagerado debido a la actividad humana - por ejemplo el hormigonado de las zonas húmedas de Mississippi durante Katrina. Pero es cuando las consecuencias del fenómeno afectan al ser humano que la situación es considerada como catastrófica”, explica Andrea Boscoboinik.

Para ella, el cierre del espacio aéreo europeo y las reacciones que suscitó son interesantes desde diversos puntos de vista, porque dicen mucho sobre la relación que mantiene nuestra sociedad con la naturaleza y la técnica. A comenzar con la idea que la segunda permite el dominio de la otra.

“Durante el tsunami o el seísmo en Haití, oímos decir que la naturaleza se ensañaba con los más pobres. Con esta crisis, vemos que, contrariamente a una idea preconcebida, la naturaleza puede también poner en jaque a una sociedad tecnológica como la nuestra. La vulnerabilidad no está vinculada solamente a la precaridad material. Puede también estarlo a la dependencia de la tecnología”, señala Andrea Boscoboinik.

Globalización del riesgo

Otra lección interesante a su parecer: el riesgo hoy se globalizó. Puesta en evidencia por los antropólogos desde los años 1980, esta constatación es compartida por Valérie November, geógrafa y fundadora del grupo de estudios sobre los espacios de riesgos de la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL).

“Todo el mundo consultó Internet para ver las fumarolas del volcán. Todo el mundo conoce a alguien que quedó bloqueado en una estación o un aeropuerto. Este acontecimiento nos revela nuestra muy grande interconexión social, económica y política. Muestra también que se somos dependientes de sistemas técnicos, que también están fuertemente interconectados. Es típico de nuestra sociedad de modernidad avanzada”, anota.

Considera, por otra parte que, contrariamente a las críticas formuladas desde hace algunos días en los medios de comunicación, la situación ha sido bien manejada. Y eso, gracias sobre todo a los ejercicios de simulación que forman parte integrante de la gestión del riesgo en Occidente. “Tenemos registros de prevención mucho más avanzados que en otros lugares. Aunque es verdad que luego no manejamos muy bien lo imprevisto, mi impresión es que la Unión Europea actuó bien”, evalúa Valérie November.

Búsqueda de un chivo expiatorio

La fase de críticas con respecto a quienes condujeron la situación es completamente normal, subraya Andrea Boscoboinik. “Un escenario en tres movimientos se repite en casi todas las catástrofes: en primer lugar tenemos los muertos y los daños, luego procuramos explicar lo que pasa recurriendo a los expertos, y por fin, buscamos a culpables, también del lado de los expertos, o las autoridades”, detalla.

En este contexto, la antropóloga observa que la lógica del chivo expiatorio funciona hoy lo mismo que en la Edad Media. “Durante las epidemias de la peste en Europa, los judíos fueron acusados de envenenar los pozos. Después del Mitch, la iglesia culpó a ciertas clases de la población a las que acusó de vivir de manera inmoral. La instrumentalización de la catástrofe tiene a veces efectos sobre el plano político, como por ejemplo en Francia en el momento del calor tórrido de 2003”, analiza.

¿Y qué pensar del discurso ecológico? Sin pronunciarse sobre el aspecto científico, la antropóloga constata simplemente que un miedo suple a otro. Los temores en cuanto a las consecuencias del calentamiento climático reemplazaron el miedo de la bomba atómica o el miedo al sida, que habían marcado los espíritus de las últimas décadas.

Temores que pueden también tener un efecto preventivo, y por ahí, un impacto positivo, subraya por su parte Valérie November, como es el caso, a más largo plazo, para ciertas catástrofes. “Ponen en evidencia los problemas de coordinación y permiten mejorarlos. Ese fue el caso después del tsunami por ejemplo. En lo que concierne a la crisis actual, muestra que las empresas de transporte deberán plantear modos de colaboración mayor”.

Carole Wälti, swissinfo.ch
(Traducción: Marcela Águila Rubín)

EL VOLCÁN

El volcán islandés Eyjafjolla, situado 120 km al este de la capital Reikiavik, entró en actividad el pasado 20 de marzo luego de más de 20 años de sueño. Una primera erupción cesó después de tres semanas

El pasado 14 de abril se produjo una segunda erupción, diez veces más violenta, que forzó a las autoridades a evacuar varios distritos en los alrededores del volcán.

Situado bajo el quinto glaciar de Islandia (Eyjafjallajökull), el volcán Eyjafjalla provoca generalmente terremotos e inundaciones cuando entra en erupción.

Ha producido una gigantesca nube de humo y de cenizas.

Paradójicamente, Islandia ha sido escatimada. Empujadas por el viento, las nubes se dirigieron hacia el norte del continente europeo, a donde llegaron el jueves pasado.

Este tipo de nubes constituyen un riesgo superior para la aviación civil, porque las cenizas pueden dañar los motores y el fuselaje de los aviones a causa de su efecto abrasivo, además de que la visibilidad puede reducirse.

Históricamente, las erupciones del volcán Eyjafjalla despertaron a menudo al volcán vecino, Katla, consideraron como mucho más peligrosas. Adormecido desde 1918, Katla es vigilado estrechamente por los científicos.

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