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Tratamiento controlado de heroína Heroína, el medicamento mal visto

(AFP)

Camiones blindados, custodia armada y embalajes precintados: No solo joyas y oro se transporta así, sino también el Diaphin, el medicamento a base de heroína producido por una farmacéutica local y que desde hace 20 años se prescribe a los dependientes graves de esta droga en Suiza.

En 1994, cuando aún el Estado y la Oficina Federal de Salud Púbica (OFSP) se ocupaban del aprovisionamiento y distribución de la heroína, las reservas de esta droga permanecieron durante meses al lado de lingotes de oro en una caja de seguridad del Banco Nacional. "Creo que yo era uno de los pocos que tenían acceso a ese santuario, imagínese”, indica el director –alemán-, de la pequeña empresa suiza encargada de producir y distribuir el Diaphin.

La entrega de las reservas del medicamento se produce dos veces al año. Una empresa de transporte de alta seguridad dirige la droga a 20 centros de distribución en autos blindados. Esta compañía es la misma que se ocupa de transportar oro entre los bancos suizos y de llevar las joyas que se exhiben en  la Feria de la Relojería de Basilea.

Los recipientes precintados que resguardan la droga están atados con esposas a las muñecas del personal de seguridad armado. La vigilancia es ininterrumpida y los costos de este servicio, elevados.

Los centros de distribución controlada de heroína reciben el producto y lo conservan en cajas fuertes con una alarma conectada directamente al puesto de policía. La empresa que produce el Diaphin conserva este fármaco en dos depósitos secretos.

“No nos podemos permitir un error“, subraya el director de esta farmacéutica, que para proteger a sus trabajadores y evitar eventuales acciones criminales, prefiere que su nombre no sea mencionado. Y es que el monto anual de la heroína que ellos producen, en el mercado negro tendría un valor de 200 millones de francos suizos.

Material de Gran Bretaña

Suiza obtiene la diaporfina (la heroína pura, necesaria para producir el Diaphin) directamente de Gran Bretaña. Ese país es uno de los principales productores de opiáceos en el mundo y jamás ha prohibido la sustancia como remedio médico.

La mercancía llega a Suiza por vía aérea. Su importación requiere sendos permisos Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) y de las autoridades helvéticas encargadas del registro de estupefacientes.

Suiza requiere para sus cerca de 1.500 pacientes inscritos en el programa de distribución controlada de heroína, casi 250 kilos de diamorfina al año. Con esta materia prima se producen 15.000 ampollas de 10 gramos y 500.000 tabletas de 0,2 gramos de heroína.

El JIFE regula las superficies de cultivo de adormidera para fines farmacéuticos y Naciones Unidas es responsable de la inspección de estas zonas. En Francia y en Tasmania (Oceanía) se encuentran extensas regiones de estos cultivos de papaveráceas.



Cultivo de dormidera, en Tanzmania, en Australia.

Cultivo de dormidera, en Tanzmania, en Australia.

(AFP)

Tras las imágenes del Parque de las Agujas de Zúrich que recorrieron el mundo, Suiza decidió establecer en 1993 una política pragmática sobre drogas con la distribución controlada de heroína bajo tratamiento médico, a graves dependientes de esta sustancia.

La idea de que “el Estado distribuya heroína gratis”, como se menciona erróneamente, suscitó muchas resistencias, no solo en Suiza. La mayor parte de los otros países, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y las autoridades de control de narcóticos de la ONU siguieron atentos el paso en solitario de Suiza.

Datos clave

Suiza necesita al año de 250 kg. de diamorfina (descripción química de la heroína) para producir el medicamento conocido bajo el nombre de Diaphin.

Para obtener esa cantidad de droga se requiere una zona de cultivo de adormidera de 430.000 m2, es decir, una superficie equivalente a 70 canchas de fútbol.

A escala mundial, las autoridades de control de Naciones Unidas permiten el cultivo de la planta del opio en una superficie total de 880 km2 (la extensión del lago de Constanza, por ej.).

De esta superficie se cosechan anualmente unas 450 toneladas de morfina. Ochenta por ciento de ese total se transforma en codeína (medicamento contra el dolor y la tos).

Para su utilización farmacéutica, las cápsulas con los carpelos que contienen las semillas de la adormidera (Papaver somniferum) son cultivadas, secadas y comprimidas. De esta materia prima se produce la morfina de base. En otros procesos químicos se obtiene la morfina pura, que servirá para producir, finalmente, la diamorfina.

Para la producción ilegal de heroína, las cápsulas con las semillas de la adormidera se comprimen con la mano. El jugo extraído se deja secar y se produce el opio base que se mezclará con ácidos acéticos y diluyentes para obtener la heroína en bruto. El contenido de heroína pura en la heroína que se vende en el mercado negro varía. Debido a ello, los consumidores corren el riesgo de sobredosis, lo que puede llevarles a la muerte.

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Suiza, pionera

“Fuimos el primer país en establecer una terapia de este tipo. Fue apasionante, pero también muy difícil: No teníamos ni sustancia, ni distribuidor, ni experiencia con este tipo de productos farmacéuticos; tampoco dinero para la investigación o estudios clínicos con pacientes que requerían altas dosis de heroína. Todo era una nueva tierra para nosotros y había que establecer el programa en doce meses”, recuerda Paul Dietschy.

Dietschy –que al principio no se hacía a la idea de distribuir la heroína a los toxicómanos-, era el responsable en 1993 de la investigación para crear y distribuir la sustancia, en calidad de director de la división farmacéutica de la Oficina Federal de Salud Pública (OFSP). Una tarea que compartía con la sección de Control de Estupefacientes de la misma dependencia gubernamental. Era, por así decirlo, como el “narcotraficante federal suizo”.

“Si algo hubiese fallado, esto hubiera alimentado los argumentos de los opositores al concepto y, probablemente, hubiese sido el fin de este intento”, observa el farmacéutico a 20 años de distancia.

Silencio como divisa

"Nunca dijimos de dónde importábamos la heroína farmacéutica, ni adónde la transportábamos, tampoco dónde procesábamos o conservábamos. Guardar silencio era prioridad”, subraya Paul Dietschy a swissinfo.ch

Todo el engranaje funcionó, hasta que ocurrió un incidente que puso en peligro todo el esfuerzo: Cuando Suiza presentó al Consejo de Europa, en Estrasburgo, el proyecto, en una conferencia de prensa, un periodista preguntó a la otrora ministra helvética de Salud, Ruth Dreifuss, de dónde venía la droga. “De Francia”, respondió, sin más.

"Al otro día, los diarios franceses informaban de la noticia y el ministro responsable del asunto, que no sabía nada al respecto, se molestó mucho y suspendió la entrega de la sustancia de inmediato”, recuerda Dietschy. “Tras el desastre con Francia teníamos solo materia para diez días. Estuve en una gran tensión. Si no hubiésemos encontrado un nuevo distribuidor, el proyecto se hubiese tenido que suspender”.

Tras ese incidente también se analizó si Suiza hubiese podido cultivar la adormidera. “No teníamos experiencia alguna en el cultivo de esa planta ni en la elaboración de la sustancia. La preparación de todo esto hubiese llevado años. Sin olvidar que en Suiza llueve mucho y los cultivos de adormidera requieren de espacios enormes”, indica el otrora farmacéutico federal.

Medicamento registrado

También surgieron problemas para la transformación: ninguna de las grandes farmacéuticas suizas mostró interés para tomar en sus manos esta papa caliente. “Debido a que la heroína tenía una mala fama (y aún la tiene), temían por su imagen. Además se trataba de un producto de nicho poco lucrativo.” Y por si fuese poco, la esterilización y la transformación de la heroína como sustancia inyectable resultaron mucho más complicadas de lo previsto.

Cerca de dos años después de iniciado el proyecto de distribución de heroína, la OFSP terminó con la producción directa de la sustancia. En 2001, el Diaphin obtuvo su registro como medicamento y ese mismo año una pequeña farmacéutica recibió la licencia para producirlo.

Visitas secretas

A mediados de la década de 1990, las primeras evaluaciones del proyecto resultaron prometedoras: Los toxicómanos mejoraron sus condiciones sociales y de salud, además, el índice de criminalidad se redujo.

Dietschy, ya entonces convencido de los beneficios del programa de distribución de la heroína, realizó una gran tarea de convencimiento de los logros del programa ante la ONU y en el Consejo de Europa como delegado federal sobre el tema. El interés sobre el asunto creció fuera de las fronteras helvéticas.

Secretarios de Estado, ministros de Salud, parlamentarios de EE.UU, Alemania, Noruega y otros países europeos vinieron a conocer el programa. Dietschy les mostró los centros de distribución y los condujo a la otrora escena pública de la droga en Zúrich. “Pero siempre hicimos esto de modo secreto. Debíamos asegurarnos de una total discreción para evitar la presencia de la prensa”.

Pese al gran interés por el proyecto piloto helvético, pocos países siguieron sus pasos: El tratamiento regular para graves dependientes de la heroína se conoce en Países Bajos, Alemania y Dinamarca. Gran Bretaña no tiene un programa nacional, pero estableció algunos centros de distribución. Los intentos para instaurar un proyecto similar en España se congelaron debido a la crisis financiera. Y en Canadá, hace poco, el Ministerio de Salud suspendió la prescripción de la heroína. Ahora Ottawa intentará tratar a los heroinómanos con acupuntura.

Su mala imagen se mantiene

Aunque el Diaphin obtuvo su licencia como medicamento hace muchos años, no puede desprenderse de su mala fama. Ninguna farmacia lo distribuye, solamente la farmacéutica que lo produce exclusivamente para los centros de distribución del programa helvético de entrega controlada de heroína. Si bien el tratamiento en Suiza cuenta con un amplio apoyo, sus detractores lo ven aún con malos ojos y en la mayoría de Europa prevalece el escepticismo.

El hecho de que los dependientes de la droga no se reconozcan como enfermos resulta lamentable, considera el director de la pequeña farmacéutica que produce el Diaphin. Opinión que comparte Paul Dietschy: “A nadie se le ocurre privar de los medicamentos necesarios a un fumador extremo con una enfermedad pulmonar”.


Traducción del alemán: Patricia Islas, swissinfo.ch


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