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A pesar de las leyes, el acoso sexual en el trabajo sigue existiendo

Keystone / Christophe Petit Tesson

Numerosos países han aprobado leyes contra el acoso sexual en el trabajo, pero los escándalos y testimonios demuestran que los abusos persisten. Seis de cada diez mujeres en Europa han sufrido violencia de género durante su carrera profesional.

Este contenido fue publicado el 20 febrero 2021 - 11:00

Gestos inapropiados, mensajes de carácter sexual, acoso laboral, abuso de poder... El escándaloEnlace externo que el pasado otoño estalló en la Radio Televisión Suiza (empresa del grupo SSR a la que también pertenece swissinfo.ch) y la investigación en curso muestran que el acoso sexual en el trabajo sigue siendo una realidad en Suiza. El 28% de las mujeres ha sido víctima de acoso sexual alguna vez a lo largo de su carrera, según un estudioEnlace externo realizado en 2008 en el país alpino.

Desde entonces, el caso Weinstein y el movimiento #MeToo han animado a las mujeres a hablar y los resultados de la investigación en cursoEnlace externo podrían revelar cifras mucho más preocupantes. Se espera un balance de la situación en 2021.

En la Unión Europea (UE), el 55% de las mujeres ha sufrido acoso sexual alguna vez en su vida; el 32% de ellas en relación con su trabajo, según un sondeoEnlace externo que la Agencia de Derechos Fundamentales de la UE publicó en 2014.  

Pero una encuestaEnlace externo más reciente (ver recuadro al final del artículo), realizada en 2019 en cinco países europeos, muestra que seis de cada diez mujeres han sufrido violencia de género o sexual a lo largo de su carrera profesional. Y ello a pesar de la larga lucha de las mujeres de todo el mundo por conseguir un trato igualitario y unas condiciones de trabajo dignas.

Abuso sexual en las fábricas

El acoso sexual en el lugar de trabajo se desarrolla en el siglo XIX con la primera revolución industrial. El trabajo remunerado de las mujeres se generaliza en toda Europa y muchas féminas (algunas muy jóvenes) se emplean en las fábricas, minas y talleres. Sin embargo, entonces ellas no tienen los mismos derechos que los hombres. En Francia y España, sobre todo, las leyes estipulan que las mujeres casadas no tienen autonomía personal y que sus bienes deben ser administrados por sus maridos. Las obreras son discriminadas y a menudo sometidas a coacción sexual para obtener o mantener un empleo.

Las mujeres se rebelan y, para protestar contra el abuso de poder de sus jefes y colegas masculinos, se afilian a los sindicatos y se unen a los movimientos obreros de finales del XIX y principios del XX. Durante la huelga general de 1880 en Alemania y las huelgas en varias fábricas de Francia ellas están en primera línea.

Fuentes

Louis, Marie-Victoire, Le droit de cuissage. France, 1860-1930Enlace externo [El derecho de pernada en Francia, 1860-1930], París: Éditions de l'Atelier, 1994.

Jeanne-Marie Wailly, Les différentes phases du travail des femmes dans l’industrieEnlace externo [Las diferentes fases del trabajo de las mujeres en la industria], Innovations 2004/2 (nº 20).

Isabelle Gernet, Harcèlement sexuel au travailEnlace externo [Acoso sexual en el trabajo], Encyclopédie pour une histoire numérique de l’Europe (disponible online), ISSN 2677-6588.

Jane Aeberhard-Hodges, Le harcèlement sexuel sur les lieux de travail: jurisprudence récenteEnlace externo [El acoso sexual en el trabajo: jurisprudencia reciente], Revue internationale du Travail, vol. 135 (1996), nº 5.

Nota sobre las definiciones de acoso sexualEnlace externo, República Francesa, Grupo de trabajo sobre el acoso sexual, junio de 2012.

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Los acontecimientos en la fábrica de porcelana Haviland de Limoges en 1905 tienen gran repercusión, ya que el movimiento se desencadena por un caso de acoso sexual: empleadas y empleados se ponen en huelga para exigir el despido de un capataz que abusa de las trabajadoras. El conflicto degenera, se organizan manifestaciones en la ciudad y se llama al ejército a intervenir. Los soldados disparan contra los manifestantes, matan a una persona e hieren a otras. Al final, sin embargo, el capataz incriminado es despedido.

El paréntesis de la guerra

La Primera Guerra Mundial pone fin a las reivindicaciones de las trabajadoras y a la mejora de sus condiciones laborales. Con los hombres en el frente, las mujeres cada vez son más activas en distintos campos, lo cual les permite emanciparse tanto en su vida social, como familiar y profesional. En el período de entreguerras, se ven obligadas a regresar a sus hogares o a asumir empleos precarios y mal pagados.   

No es hasta el final de la Segunda Guerra Mundial cuando las mujeres de verdad empiezan a comprometerse con la igualdad y la lucha contra la discriminación en el trabajo. Con los movimientos feministas, las mentalidades cambian a partir de los años sesenta y el acoso sexual se va reconociendo, se define y se recoge en las leyes nacionales.

Los Estados Unidos con la inclusión en la Ley de Derechos CivilesEnlace externo en 1964 de la prohibición de discriminar a una persona, por razón de su sexo, especialmente en materia de contratación, promoción y despido, son pioneros. Pero, aunque la ley contempla el acoso sexual, tienen que pasar diez años hasta que los tribunales se pronuncian sobre esta cuestión y se establece una jurisprudencia que define el delito y la responsabilidad de los empleadores.

En Reino Unido, la ley de discriminación por razón de sexoEnlace externo (Sex Discrimination Act) de 1975 protege contra la discriminación por razón de sexo, al igual que lo hace la ley españolaEnlace externo sobre el Estatuto de los Trabajadores de 1980. En Canadá, el acoso sexual se consagra por primera vez en la legislación en 1983. En los años 90, varios países condenan legalmente el acoso sexual en el lugar de trabajo, como por ejemplo Argentina, Chile, Costa Rica, Filipinas, Nueva Zelanda y Sudáfrica.

Lento progreso europeo

En Europa, el proceso legislativo para castigar explícitamente el acoso sexual en el entorno profesional lleva tiempo: en 1986 el Parlamento Europeo adopta una resoluciónEnlace externo en la que invita a las autoridades nacionales a definir legalmente este tipo de violencia para permitir a las víctimas presentar denuncias e introducir en la ley posibilidades de sanción. En una resoluciónEnlace externo de 1990, el Consejo de la UE afina su definición de acoso sexual.  

A raíz de esta resolución, varios países adoptan leyes para castigar el acoso sexual en el lugar de trabajo, como Francia (1992), Alemania (1994), Austria (1995), Bélgica (1992), Finlandia (1995) e Irlanda (1996).

En Suiza, la Ley FederalEnlace externo de 24 de marzo de 1995 sobre la igualdad entre mujeres y hombres considera que el acoso sexualEnlace externo es un comportamiento discriminatorio. El artículo 5 también prevé que pueda condenarse al empleador a pagar una indemnización a la víctima, a menos que demuestre que ha tomado las medidas adecuadas para prevenir o poner fin al acoso.

Contenido externo

El problema continúa

Todas estas legislaciones han sido aclaradas y adaptadas. Y, para poder castigar el acoso sexual en el entorno laboral, muchos otros países han introducido artículos de ley. 140 de los 190 Estados tienen una legislación específica sobre el acoso sexual en el trabajo y de ellos 133 prevén sanciones, según el censo del Banco MundialEnlace externo de 2019.

Sin embargo –y a pesar de este arsenal jurídico– los escándalos y los testimonios condenatorios continúan. “La violencia y el acoso en el mundo del trabajo siguen siendo generalizados y afectan a todos los países, todas las profesiones y todos los tipos de trabajo”, señala la Organización Internacional del Trabajo (OITEnlace externo). Por lo que, en junio de 2019, la Conferencia General de la OIT, en la que participan delegados de 187 Estados, incluida Suiza, adopta un convenioEnlace externo sobre la violencia y el acoso, estableciendo por primera vez normas internacionales. Queda por ver qué países ratifican dicho convenio.

El 60% de las mujeres es víctima de acoso sexual en el trabajo

Una encuestaEnlace externo del Instituto de Estudios de Opinión y Marketing en Francia y en el extranjero (Ifop), encargado por la Fundación Jean Jaurès y la Fundación Europea de Estudios Progresistas revela que seis de cada diez mujeres han sufrido violencia sexista o sexual a lo largo de sus carreras. La encuesta se realizó entre el 11 y el 15 de abril de 2019, mediante un cuestionario autoadministrado en línea a una muestra de 5 026 mujeres representativa de la población femenina de 18 años o más residente en Italia, España, Francia, Alemania y Reino Unido.

Los silbidos y los gestos groseros son los actos más frecuentes (el 26% ha sido víctima repetidas veces), así como las observaciones sobre la figura o la vestimenta (el 17% lo ha sido de manera reiterada).

Sin embargo, muchas mujeres declaran haber sido objeto de agresiones físicas (el 14% ha experimentado varios contactos físicos ligeros) o incluso de agresiones sexuales, en el sentido estricto del término, al menos una vez en su carrera; el 18% ha sufrido tocamientos en una zona genital o erógena.

En Alemania (68%) y España (66%) el número de víctimas es mayor. “Dos países que han experimentado al mismo tiempo políticas voluntarias y polémicas de alcance nacional, que sin duda han aumentado la toma de conciencia de la opinión pública sobre estas cuestiones”, analizan los autores del estudio.

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Traducción del francés: Lupe Calvo 

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