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Cita con la democracia


En Colombia, Paz se escribe con P, de Plebiscito







Los colores de la bandera colombiana reflejados en un canal cercano al Centro de Convenciones de Cartagena, escenario de la histórica firma de paz, el pasado 26 de septiembre.   (Reuters)

Los colores de la bandera colombiana reflejados en un canal cercano al Centro de Convenciones de Cartagena, escenario de la histórica firma de paz, el pasado 26 de septiembre.  

(Reuters)

El próximo capítulo de la paz se escribe en las urnas. Este domingo el soberano aprobará (o no) el acuerdo de negociación que finiquita 52 años de guerra entre las FARC y el Gobierno. Probablemente, dijo el presidente Juan Manuel Santos, “será el voto más importante de los colombianos en su vida”.

“¿Apoya usted el Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la  Construcción de una Paz Estable y Duradera?”. A esa interrogante los votantes tendrán que responder, lisa y llanamente, SÍ o NO.

“Con un SÍ, no solamente el acuerdo entra en aplicación y comienzan a cambiar las cosas, sino que se estimula la posibilidad de resolver otros problemas que gravitan alrededor del tema de la violencia”, anota Julien Hottinger, asesor suizo en las negociaciones que sostuvieron los beligerantes en La Habana.

Para el representante del Ministerio suizo de Exteriores, la respuesta afirmativa de los colombianos “quizá también permitirá avanzar en otras negociaciones”; es decir, en el empantanado proceso de negociación entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la única guerrilla que persiste en el país.

¿Qué pasaría de imponerse el NO? “Sinceramente, es la pregunta que todo el mundo se hace y es difícil de responder”, anota Hottinger. “Se generaría un limbo”, apunta Kristian Herbolzheimer, también asesor en el proceso de negociaciones y director de programas para Filipinas y Colombia del ‘Conciliation Resources’.

Dicho de otra manera, el país se sumiría en una farragosa incertidumbre que si no da al trasto con los esfuerzos de reconciliación que celebró Colombia y el mundo entero el pasado 26 de septiembre, por lo menos sí ensombrecerá esa euforia generalizada.

El SÍ lleva la delantera

Los dados están echados. Aunque las encuestas les atribuían un triunfo inapelable, los abanderados del SÍ no bajaron la guardia. Un vaho de zozobra emana aún de la lección del ‘Brexit’ y en pleno proceso de paz, los dos campos lucharon a porfía por allegarse el mayor número de adeptos.

Con el apoyo de multitud de representantes de la sociedad civil y de todo el espectro político –excluido el Centro Democrático, del expresidente Álvaro Uribe, capitán de las filas del NO- el Gobierno desplegó una intensa campaña pedagógica para explicar a la población el qué, el por qué y el para qué del acuerdo negociado en La Habana y que ha sido calificado de “ejemplar”.

“En el fondo, un acuerdo de paz no se puede implementar si no hay un compromiso y una apropiación ciudadana importante”, advierte Herbolzheimer. Para él, el efecto positivo que también tendrá la campaña es que dio a la población la oportunidad de expresarse en lo que, como dijo Santos, será probablemente el voto más importante de su vida. “Y eso dio a la población un cierto poder: ‘Yo también tengo palabra y mi palabra también cuenta’”.

Yanina Welp, directora para América Latina del Centro de Investigación para la Democracia Directa de Aarau (C2D), subraya la importancia de  “fortalecer la conciencia cívica, leer los acuerdos y discutirlos”, pero sostiene que « el plebiscito plantea una encrucijada".

Observa que ante la posibilidad de que el voto en contra conduzca a una situación muy grave, "¿no es irresponsable convocar una consulta que no era obligatoria y que no estaba en la agenda ciudadana? ¿No sería mejor abrir un amplio proceso deliberativo para explicar y discutir los distintos puntos del acuerdo?"

En el histórico 26 de septiembre en que, ante el país y el mundo entero, el presidente Juan Manuel Santos y el comandante Timochenko (Rodrigo Londoño) empuñaron el “balígrafo” para asestar unidos la acometida final a medio siglo de guerra, el líder de las FARC pidió perdón a las víctimas por el dolor infligido. Una fuerte ovación recogió ese dramático momento.

No ha sido el único. Los actos de contrición y de reconciliación se han ido repitiendo a lo largo del país. Los medios han dado cuenta de esos emotivos encuentros entre las FARC y sus víctimas, y el propio Santos ha reconocido la responsabilidad por omisión del Estado en la masacre que enlutó a la Unión Patriótica.

“El tono de las FARC ha sido muy diferente al que tenían al empezar la negociación. Esto es muy importante porque tanto el Gobierno como las FARC tienen que demostrar, no solamente con palabras sino con hechos, que esto va en serio, que es irreversible, que el compromiso con la paz y con las instituciones y las reglas democráticas es total”, enfatiza Herbolzheimer.

Para el especialista, “en el fondo, el reto en el plebiscito es que un sector importante de la gente no es que esté opuesto ideológicamente, sino que simplemente no confía en el Gobierno y mucho menos en la guerrilla”.

De hecho, a decir de Juan José Lozano, cineasta suizo-colombiano, entre aquellos que votarían por el NO, muchos lo harían empujados por el miedo al cambio. “Hay gente que dice que lo que se viene no es un camino de rosas, que va a ser muy diferente de lo que hemos vivido, pero que tampoco va a ser tranquilo, tranquilo”, comenta este productor que ha participado en esfuerzos pedagógicos para la paz en su país natal y ha documentado la desolación de la guerra.

El miedo al cambio, al azoro de encontrar en la escena política a aquellos que permanecieron tantos años a la sombra, a convivir con ellos, a sentirse obligados a prodigar un perdón que no les nace… diversos son los factores que inclinan a quienes dudan en avalar los acuerdos de negociación y muchas son las falacias que buscan alimentar ese rechazo.

El senador y expresidente Álvaro Uribe lidera la campaña por el NO. El dirigente bajo cuyo mandato arreció la ofensiva paramilitar y no solo contra la guerrilla sino contra las organizaciones civiles, pretende ahora que “Santos está entregando el país a las FARC” y que en el proceso naufraga la justicia.

“Se acusa a este proceso de paz de albergar impunidad para las FARC y esto no es cierto. La impunidad es lo que hay hoy. Que las personas que han cometido crímenes en Colombia sigan viviendo tranquilamente sin tener que rendir cuentas y sin tener que decir la verdad. Eso es la impunidad. El acuerdo nos garantiza que no va a haber impunidad para los guerrilleros que han cometido delitos graves. Habrá juicios, un tribunal y unas sentencias, algo que hasta el momento no ha existido en Colombia”, sentenció Ingrid Betancourt.

Otrora candidata presidencial, secuestrada y retenida por las FARC durante siete años, la ciudadana franco-colombiana se manifestado por el SI en el plebiscito:

“El verdadero sacrificio lo vamos a hacer las víctimas de la guerra. Estamos aceptando algo que es muy difícil. Pero lo hacemos porque pensamos que es necesario construir un país donde otros colombianos, los que van a nacer, tengan la oportunidad de vivir mejor”.

Para Kristian Herbozheimer el énfasis que los detractores de los acuerdos han puesto en el tema de los derechos de las víctimas ha generado una situación paradójica donde muchas de ellas están más dispuestas a apoyar el proceso de paz que los opositores al mismo.

“Los abanderados de la impunidad no necesariamente son los que más han sufrido la guerra. Entonces, ¿quién tiene el poder moral para decir si eso es justo o no es justo? Yo creo que lo tiene más una persona que estuvo secuestrada por las FARC siete años que una persona que ideológicamente no simpatiza con las FARC”.

Umbral de aceptación

Con base en el decreto 1391 de la Presidencia de la República de Colombia, por el que se convoca al escrutinio, “se entenderá que la ciudadanía aprueba este plebiscito en caso de que la votación por el sí obtenga una cantidad de votos mayor al 13% del censo electoral vigente y supere los votos depositados por el no”.

El porcentaje establecido modifica lo dispuesto por la Ley 134 de 1994, según la cual los plebiscitos serán aprobados “por la mayoría del Censo Electoral”, es decir casi 17 millones de electores actualmente. El 13% representa a 4 536 922 personas y la reducción fue decidida con el objetivo de estimular la participación que en las últimas ocho elecciones generales alcanzó apenas 40.9%.

El umbral no se bajó sino que se cambió el tipo de umbral. Se pasó de un umbral de participación a uno de aprobación, explica la web de la Presidencia.

La diferencia fundamental entre ambos es que mientras el umbral de participación exige que determinado porcentaje del censo electoral participe, independientemente del resultado del voto, el umbral de aprobación exige que vote por alguna de las opciones un cierto porcentaje del censo electoral. Para que el mecanismo de participación sea válido se exige que el SÍ o el NO obtengan un número mínimo de votos.

Esto quiere decir que si se cumple el umbral de aprobación exigido, la opción que obtenga la mayoría de votos, sea el ‘sí’ o el ‘no’, determinará el resultado. Si no se alcanza el umbral de aprobación, el mecanismo es inválido.  

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