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Participando por México


En México, la democracia directa es solo teoría



Por Andrea Ornelas, México D.F.




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The abstention rate in Mexican elections is high while citizen participation is enshrined electoral laws of most of Mexico’s states (AFP)

The abstention rate in Mexican elections is high while citizen participation is enshrined electoral laws of most of Mexico’s states

(AFP)

La pujante nación latinoamericana, donde 87 de los 123 millones de habitantes están en edad de votar, registró un índice de abstención superior al 52% en las elecciones legislativas de junio. Los ciudadanos han perdido la fe en que su voz se traduzca en hechos. Y la democracia directa es un ejercicio aún en ciernes.

Luis Fernández, presidente de la asociación Participando por México y uno de los pocos expertos mexicanos en esta materia, habla con swissinfo.ch sobre los pasos que debe dar este país para fortalecer la participación de los ciudadanos en la toma de decisiones.

swissinfo.ch: Hablar de democracia directa no significa lo mismo en Europa que en América Latina. ¿Cómo vive México este tipo de ejercicio democrático?

Luis Fernández: México considera como democracia directa todo proceso a través del cual se toma una decisión, o se manifiesta la opinión de la gente, pero sin que los resultados tengan un carácter electoral.

Pero en este país es esencialmente un concepto teórico. A pesar de que la democracia directa está integrada a las legislaciones electorales del 78% de los estados del país, el tema se discute todo el tiempo en el ámbito académico, pero sin resultados prácticos.

swissinfo.ch La legislación mexicana contempla tres instrumentos de democracia directa: el plebiscito, el referéndum y la iniciativa popular. Háblenos del plebiscito…

L.F.: El plebiscito es un instrumento de participación ciudadana que permite a un jefe de Gobierno someter a consulta un proyecto para saber si la ciudadanía lo avala o lo rechaza.

En México, no existe ninguna mención en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Pero su manifestación más importante tuvo lugar en 1993, en el Distrito Federal. Paradójicamente, cuando esto sucedió la capital del país (que concentra el 20% de la población) carecía de las potestades para elegir a su jefe de Gobierno y aún no tenía un Poder Legislativo local.

De ahí que las preguntas que se formularon a la gente fueran: “¿Quiere que los gobernantes del DF sean elegidos mediante voto directo? ¿Apoya que el DF tenga un Poder Legislativo propio? ¿Está de acuerdo en que el DF se convierta en un estado más de la Federación?

El referéndum en Latinoamérica

El referéndum es la herramienta de la democracia directa más conocida en América Latina, pero su ejercicio aún es limitado.

En países como Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela, cuyas Constituciones reconocen formalmente esta figura, se ha utilizado en diversas ocasiones.

También hay países donde las Cartas Magnas no contemplan esta herramienta de consulta y, sin embargo, se ha ejercido, por ejemplo, Chile, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Paraguay.

En naciones como México o la República Dominicana, el referéndum no está en la Constitución y nunca se ha utilizado para dar voz a los ciudadanos.

Se votaron los dos primeros asuntos y ganó el ‘sí’ de una forma contundente. En la actualidad, los electores del DF eligen a su jefe de Gobierno y existe un Poder Legislativo local. Pero el tercer tema aún sigue pendiente.

swissinfo.ch ¿Qué definición da México al concepto de referéndum y cómo lo aplica?

L.F.: Es la participación de los ciudadanos para derogar, abrogar o modificar leyes. Hay 22 entidades federativas (de un total de 31 estados, más el Distrito Federal) que contemplan la aplicación de esta figura. Pero insisto, es un concepto teórico. En el Distrito Federal, para ponerlo en marcha se requiere que el 0,4% de la lista nominal apoye el asunto (44 000 personas), o que el 10% de los consejos ciudadanos (181 de los 1 810 que existen) lo avalen.

Y ni siquiera en la capital, donde hay una mayor participación, se ha registrado un solo caso de referéndum en la historia.

Aclaro, esto no se debe a que la ciudadanía no lo haya querido, sino a un error en la concepción de este instrumento: el Poder Legislativo local es juez y parte. Es el que da luz verde, o desecha, una iniciativa de referéndum. Por lo tanto, si el tema no le conviene, será puesto en una ‘congeladora’.

swissinfo.ch: Y la iniciativa popular, ¿cómo funciona en México?

L.F.: Una iniciativa popular tiene como objeto crear una nueva ley.

Vuelvo a poner el ejemplo del DF, porque tiene el sistema más avanzado, el más relevante por número de electores (10 millones) y también porque es en el que más he trabajado. La Asamblea Legislativa del DF es la que acepta o no una iniciativa. Si sus miembros no están a favor de la propuesta ciudadana, simplemente la desechan. La vetan y la colocan en un cajón.

Imaginemos el esfuerzo de recolectar 30 000 firmas, esto implica tiempo, dinero, trabajo, comunicación. Por lo tanto, los grupos ciudadanos que quieren influir, terminan por ser pragmáticos y optan por un trabajo de cabildeo directo entre los legisladores locales. Es más fácil acercarse a 66 diputados que a 30 000 personas.

Luis Fernando Fernández 

Tiene una Maestría en Administración y Políticas Públicas por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE).

Es investigador, consejero electoral y presidente de Participando por México, una asociación fundada en 2009 y dedicada a fomentar la participación ciudadana para la resolución de problemas nacionales y locales.

swissinfo.ch: Sin embargo, para obtener el compromiso de la gente, la democracia directa debe traducirse en hechos. ¿Tienen carácter vinculante las figuras antes descritas?

L.F.: No, no lo tienen. Y ese es un gran problema.

Para que un referéndum sea vinculante, debe votarlo el 30% del padrón electoral.

¿Qué significa esto? La lista nominal incluye a todos los ciudadanos mayores de 18 años que tienen una credencial para votar vigente antes de una elección. El padrón electoral, en contrapartida, es mucho más amplio porque también incluye a personas cuya credencial está vencida, o se extravió, o a los electores cuyo fallecimiento aún no ha sido reportado o actualizado.

Si se requiere que un tercio del padrón electoral vaya a las urnas, en el DF hablamos de 2,6 millones de personas. Es muy difícil lograr este nivel de participación incluso cuando se trata de temas de gran calado. Primero, porque los mexicanos no están acostumbrados a este tipo de procesos. Segundo, porque en América Latina la represión es una realidad que frena la participación ciudadana.

swissinfo.ch: Entonces México está condenado a que la democracia directa no funcione jamás…

L.F.: No. Asociaciones como la que yo represento creemos firmemente en la democracia directa y en que esta puede traducirse en hechos. Por eso generamos recomendaciones y trabajamos cada día en lograr este objetivo.

swissnfo.ch: ¿Cuáles son las recomendaciones que Participando por México ha formulado?

L.F.: En los casos del plebiscito y el referéndum, la autoridad gubernamental y el Legislativo, respectivamente, deben abandonar su papel de juez y parte. No pueden ser ellos quienes determinen si estos ejercicios democráticos proceden o no. Esta es una atribución que debería asignarse a un organismo autónomo, como el Instituto Nacional Electoral.

También debe lograrse que los resultados sean vinculantes a un menor costo electoral. Pienso que tendría que ser suficiente con la participación del 10 o el 15% de la lista nominal. El 30% es muy alto. Pero este es un debate muy complejo y las posiciones están divididas.

El elector mexicano

Un análisis sobre la ciudadanía en México elaborado por el Instituto Nacional Electoral (INE), en colaboración con el Colegio de México (prestigioso instituto de investigación), concluyó en 2015 que el votante mexicano no cree que su sufragio sirva para resolver problemas.

El estudio reflejó el desencanto de la población con respecto a los procesos electorales y su desconfianza en las instituciones gubernamentales y en la impartición de justicia. Esencialmente, los mexicanos creen que la ley nunca se respeta.

swissinfo.ch: En Suiza, la democracia directa es fundamental para la vida ciudadana. ¿Qué opina sobre la forma en la que funciona?

L.F.: En Suiza, dos de cada cinco personas participan en las votaciones. En México, son 2 de cada 100 personas. Está claro que para que exista una democracia, debe haber demócratas. En el caso de la ciudadanía helvética, mientras más relevante sea un tema, más participación habrá. Me viene a la mente la votación sobre los alminares en 2009.

En México aún estamos en pañales. Quizás la sociedad civil tarde 20 o más años en participar más, impulsar proyectos, formar más consejos electorales, reunir firmas. En el actual momento histórico mucha gente vive ensimismada en su vida. O teme manifestarse. Creo que hay que formar a los niños en el compromiso con su país, ya que ellos serán quienes tomen las decisiones en el futuro.

Y lo más importante quizás sea mostrar que existen victorias reales. Que las cosas realmente cambian cuando acudimos a las urnas. La gente debe mirar cómo su participación se traduce en hechos y muchos trabajamos con ahínco para que eso suceda.

swissinfo.ch

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