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Punto de vista


¿Existe un derecho a la secesión?



Por Peter Singer




Por Peter Singer

La Unión Europea (UE) ha estrechado los lazos políticos y económicos de 28 países en un espacio común. Paradójicamente, gracias a la Unión, algunas regiones pueden plantearse una secesión.

Los sondeos revelan que una mayoría de los catalanes cree que la consulta soberanista debe celebrarse en noviembre, aunque el referéndum sea declarado ilegal. (Keystone)

Los sondeos revelan que una mayoría de los catalanes cree que la consulta soberanista debe celebrarse en noviembre, aunque el referéndum sea declarado ilegal.

(Keystone)

Actualmente, la independencia sería arriesgada para un Estado pequeño que no forma parte de un grupo político o económico como la Unión Europea (UE). Sin embargo, dentro de la UE las barreras entre los Estados –y, por tanto, los riesgos económicos y políticos de la independencia– son menores.

Pensemos en Escocia, donde el 18 de septiembre se celebra un referéndum popular sobre la independencia. El referéndum es la consecuencia de una arrolladora victoria del Partido Nacional Escocés en las elecciones al Parlamento de Escocia celebradas en 2011. El primer ministro británico, David Cameron, se ha pronunciado en contra de que Escocia abandone el Reino Unido, pero no se ha opuesto a la celebración del referéndum. Las encuestas de opinión posteriores al anuncio de la pregunta formulada para el referéndum (“¿Debe ser Escocia un Estado independiente?”) indican que no es probable que el ‘sí’ obtenga una clara mayoría.

En España, hay un debate nacional sobre la independencia de Cataluña, donde la identidad se ve reforzada por el hecho de que la mayoría de los residentes de esa región hablan catalán, además de español. En cambio, solo el 1% de los escoceses hablan gaélico. Tal vez a consecuencia de eso, el apoyo a la independencia en Cataluña parece mucho mayor, pues aproximadamente la mitad de los residentes en la región dicen apoyar la secesión.

Pero el Parlamento español votó por abrumadora mayoría contra la posibilidad de permitir que el Gobierno catalán celebre un referéndum sobre la independencia y el Gobierno central ha dicho que esa votación sería anticonstitucional. De todos modos, Artur Mas, presidente del Gobierno autónomo de Cataluña, ha prometido seguir adelante con un referéndum no vinculante.

Si la mayoría de los votantes en una región determinada de un país están a favor de la independencia, ¿quiere eso decir que tienen derecho a la secesión? No cabe duda de que se deben tener en cuenta otros aspectos.

¿Y si la independencia de una región deja detrás un resto del Estado que ya no es viable? Dentro de la UE, ese problema es menor, porque los Estados pequeños se benefician –en teoría– del libre comercio, pero fuera de la UE, la situación del resto del Estado puede ser muy dura.

En septiembre de 1938, Hitler amenazó con atacar a Checoslovaquia para someter a su control a los checos de origen alemán que vivían cerca de la frontera con Alemania. El  Acuerdo de Múnich concedió esa región que los nazis llamaban los Sudetes a Alemania y dejó a Checoslovaquia sin fronteras que la defendieran, y con el terreno preparado para la invasión nazi y la partición del país en marzo del año siguiente.

Si se hubiera convocado un referéndum libre y justo, una mayoría los alemanes de los Sudetes habrían respaldado la unión con Alemania. ¿Pero se les habría concedido el derecho a dejar al resto de Checoslovaquia indefenso frente a un vecino grande y hostil?

Peter Singer es profesor de Bioética en la Universidad de Princeton y profesor emérito en la Universidad de Melbourne. En 2013, el Instituto Gottlieb Duttweiler le declaró el tercer “pensador contemporáneo más influyente” en el mundo. Es autor de ‘Liberación Animal’, ‘Ética Práctica’, ‘Un solo mundo’ y ‘The Point of View of the Universe, con Katarzyna de Lazari-Radek. 

Reino Unido y España no tienen por qué temer que la independencia de Escocia y de Cataluña los exponga a semejantes amenazas. Aun así, la secesión de Escocia privaría al Reino Unido de los importantes ingresos del petróleo del Mar del Norte, de los que dependería en gran medida la economía de una Escocia independiente, y España también podría sufrir las consecuencias si perdiera la inmensa contribución de Cataluña a la economía española.

Unas violaciones generalizadas de los derechos humanos causadas o toleradas por un Gobierno nacional pueden llevar a que los habitantes de una región tengan lo que en ocasiones se denomina derecho correctivo a la secesión. Si fallan otros remedios en esa situación, la secesión puede justificarse como último recurso, aunque comporte un elevado coste para el resto del Estado.

Así ocurrió cuando Bangladesh se separó de Pakistán y cuando la OTAN apoyó la independencia de Kosovo de Serbia. Pero no es el caso en Escocia o Cataluña, como tampoco parece serlo, pese a la propaganda rusa, en las regiones de Ucrania con mayorías étnicas rusas.

Si Escocia y Cataluña llegan a ser países independientes, será porque el Reino Unido y España lo permitan. Todos los Estados tienen interés en preservar la estabilidad, por lo que resulta difícil imaginar que, sin violaciones de los derechos humanos graves, generalizadas e innegables, otros países reconocieran a una región que, después de haber formado parte de un Estado durante siglos, se declare independiente sin la aquiescencia del país del que se separa.

Punto de vista

swissinfo.ch reúne en esta columna una selección de textos escritos por personas ajenas a la redacción. En ella publicamos los puntos de vista de expertos, líderes de opinión y observadores sobre temas de interés en Suiza con el fin de alimentar el debate.

Tampoco es probable que la UE acepte a Escocia y Cataluña como miembros, si el Reino Unido y España rechazan sus reivindicaciones independentistas. De hecho, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, ha dicho que la UE puede rechazar las solicitudes de adhesión de Escocia y Cataluña o al menos retrasarlas considerablemente, aun cuando el Reino Unido y España acepten su independencia. Y, sin la adhesión a la UE, resulta difícil imaginar que una mayoría de escoceses y catalanes estén dispuestos a asumir a incertidumbre económica que entrañaría la independencia.

Así, pues, el papel de un referéndum en una región que aspira a la secesión solo puede ser un instrumento para persuadir al Gobierno del Estado central. Una participación numerosa y una clara mayoría en favor de la independencia sería una forma de decir: “Ved lo importante que es para nosotros esta cuestión. Estamos tan insatisfechos con el status quo, que ahora la mayoría de nosotros somos partidarios de la secesión. Si queréis que nos quedemos, debéis resolver los problemas por los cuales una mayoría quiere marcharse”.

(Este artículo se publicó primero en el portal Project Syndicate)


Traducido del inglés por Carlos Manzano, profesor de Bioética en la Universidad de Princeton

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