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"Cuando trabajo mucho por la mañana, necesito un descanso"

Bernhard Engler ha descubierto los beneficios de la siesta y la practica en el Hotel Bären.

(swissinfo.ch)

Bernhard Engler conoce las virtudes de la siesta, costumbre tan saludable como recomendable que este suizo descubrió en tierras andaluzas.

Desde hace unos meses el dueño de una pequeña editorial de Berna sestea regularmente en el Hotel Bären de la capital suiza.

Está considerada como un invento español, probablemente porque a lo largo de la historia los españoles han sido grandes adeptos a esa cabezadita vespertina que tanto alaban los psiquiatras y médicos. De hecho, si hay una palabra en la lengua de Cervantes mundialmente conocida, ésa es la siesta.

Pero lo cierto es que este vocablo tiene su origen etimológico en la 'hora sexta', expresión que utilizaban los romanos para referirse al tiempo de descanso después de cinco horas de intenso trabajo.

Einstein, Napoleón, Churchill y muchos otros

Desde hace unos meses Bernhard Engler sestea regularmente en el Hotel Bären. El dueño de una pequeña editorial de Berna descubrió esta saludable costumbre en tierras andaluzas. "Estuve tres veces en Granada en el mes de julio, imagínese... y con ese calor que hace allá abajo necesitaba tres horas de descanso", recuerda.

"Hay que darse cuenta de que la gente en esos países sufre mucho con el calor, entonces tiene razón de hacer una siesta y no importa si dura tres o cuatro horas". Este suizo sabe por experiencia que sucumbir a ese placentero sopor vespertino nada tiene que ver con la vagancia.

Albert Einstein ya decía que "las siestas son recomendables para refrescar la mente y ser más creativo". El genio de la física del siglo XX la practicaba a diario, al igual que Napoleón Bonaparte, Winston Churchill, Thomas Edison, John F. Kennedy o Salvador Dalí, entre muchas otras personalidades.

"Si yo trabajo mucho por la mañana, necesito un descanso", asegura Bernhard Engler, y como "vivo fuera de Berna y no tengo tiempo para volver a casa y echar una siesta, aprovecho para hacerlo aquí".

Un remanso de paz en pleno centro

Aunque el Hotel Bären ofrece un menú, con siesta incluida, Engler no acostumbra almorzar. "La comida no me interesa, me interesa el reposo". Él prefiere 'meterse directamente al sobre', como se dice coloquialmente. Y si las condiciones meteorológicas lo permiten, lo hace al aire libre, en una de las camas instaladas en el patio interior del edificio.

"Me llama la atención que estamos en un patio, con oficinas alrededor que a veces tienen las ventanas abiertas, pero no hay ningún ruido, no se escuchan voces, nadie te molesta", prosigue. "Es un oasis (de paz) en pleno centro (de Berna) y eso es lo que me gusta", insiste. Además, "trabajo todo el día en una oficina y aquí tengo la oportunidad no sólo de descansar, sino de descansar fuera", a la luz del día.

Numerosos estudios confirman que el sesteo es una costumbre muy saludable que aporta enormes beneficios a nuestro organismo: reduce el riesgo de infarto, combate el estrés, elimina la fatiga física y mental, aumenta el rendimiento y provoca una sensación de bienestar.

La siesta es, sobre todo, una necesidad fisiológica. Está demostrado que a primera hora de la tarde, se haya comido o no, el organismo entra en una fase en la que disminuye la vigilancia. En efecto, los especialistas estiman conveniente que las empresas se preocupen más por el sueño de sus empleados, no sólo por motivos de seguridad, sino también de eficacia.

Según un estudio del Laboratorio de Antropología Aplicada de la Sorbona, publicado en el año 2003, una cabezadita de 20 minutos reduce el riesgo de accidentes laborales y aumenta en un 34% el rendimiento del trabajador.

Siesta en el trabajo

Parece que las sociedades orientales están más avanzadas en este campo. En China el derecho al 'xiu-xi' (siesta) está protegido por la Constitución y algunas empresas japonesas imponen a sus empleados un tiempo de reposo durante la jornada.

En la mayoría de los países occidentales, en cambio, la siesta todavía está mal vista en el mundo laboral, aunque las cosas están cambiando. Varias compañías estadounidenses, como Levi's Strauss, ya disponen de 'nap lounges', salas de descanso donde sus empleados pueden reponer energías.

Y es que la productividad no está reñida con el descanso, más bien todo lo contrario. Después de dormir una siesta, generalmente de una hora u hora y media, "no sólo me siento descansado, sino que siento que mi cuerpo ha recuperado nuevas fuerzas", asegura Bernhard Engler.

Él tiene sólo palabras de elogio para la iniciativa del Hotel Bären. "Es una idea muy, muy buena", sólo que "hay que dar tiempo a este proyecto, un año o dos años, porque la gente aquí no se lanza a la aventura de lo nuevo".

Se refiere a sus compatriotas suizos que define como algo reacios a las nuevas tendencias, pero "puedo imaginarme que con el tiempo habrá más y más gente" que acuda al número 14 de la Schauplatzgasse de Berna para caer en los brazos de Morfeo y dormir una buena siesta.

swissinfo, Belén Couceiro

Datos clave

Siesta en el Hotel Bären:

Horarios: de lunes a viernes, de las 12.00 a las 15.00 horas
Precio: 15 francos sólo la siesta; 20 francos con almuerzo incluido
Se puede sestear en una habitación (ocupación individual) o en el patio interior del hotel (al aire libre).
Es el único establecimiento hotelero en Suiza que ofrece este servicio.

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Contexto

Según el 'Financial Times', el Gobierno español quiere acabar con la siesta. Así se refería el rotativo británico al proyecto que pretende equiparar la jornada laboral española con la europea y mejorar la conciliación de vida laboral y personal de los funcionarios públicos.

En vigor desde enero, el denominado Plan Concilia contempla, entre otras medidas, la política de luces apagadas a partir de las 18.00 horas. Y es verdad que para salir a esa hora del trabajo los empleados tendrán que reducir sus almuerzos a un máximo de una hora, siesta incluida.

Las estadísticas de la Unión Europea, sin embargo, reflejan que los españoles duermen menos y trabajan más horas que la media comunitaria. Los alemanes y británicos son más adeptos a la siesta que sus presuntos inventores.

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