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¿Proteger o matar?


Posiciones encontradas ante el retorno del lobo


Por Ariane Gigon , Isenthal, Uri


En Suiza, 57 ejemplares han sido regitrados desde 1998, una camada en los Grisones y tal vez también en el Valais (wolf.ch)

En Suiza, 57 ejemplares han sido regitrados desde 1998, una camada en los Grisones y tal vez también en el Valais

(wolf.ch)

Durante 20 años no se habían visto más estos depredadores en el paisaje helvético. Pero la aparición del lobo, protegido por un Convenio internacional, provoca posiciones encontradas entre los defensores de animales y los campesinos, que deben enfrentar las bajas en sus rebaños.

Las miradas de los defensores de los animales se dirigen hacia la región de Augstbord, en el Valais. ¿El lobo bautizado M46 y la loba F14 han tenido cachorros este verano? La respuesta aún se desconoce.

Para otros, la posición es más bien de descontento. Un lobo mató a 38 ovejas entre el 19 de junio y el 8 de agosto pasados en ese cantón. Las autoridades valesanas han autorizado que sea sacrificado este cuadrúpedo.

“Papel regulador”

En el mes de julio de 2015, los defensores del lobo emiten un balance “mitigado” de la evolución de la población de lobos en Suiza. Solo el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) marcó este aniversario con la mención de la utilidad de esta especie. El lobo regula la población de caza en el bosque que, por los daños que ocasiona a los árboles, disminuye el rejuvenecimiento del bosque. “El bosque y la naturaleza agradecen su presencia”, clamó la organización.

Pero los campesinos tienen otra perspectiva. Temen por sus rebaños de ovejas, que acostumbran pastar en la montaña en verano. El WWF responde que menos del 10% de los decesos de ovejas se deben a depredadores”.

“Instinto matador”

Un comentario que poco calma a los campesinos, como Daniel Imholz y Werner Herger, de Isenthal, en el cantón de Uri. Un camino de muchas curvas conduce a este poblado, sobre el recodo en Uri del Lago de los Cuatro Cantones. De allí hay que tomar un teleférico y caminar después dos horas para llegar a los prados donde los pastores locales llevaban a sus ovejas a pastar en el verano.

“Llevaban”, porque el paso de un lobo por la región los hizo cambiar de idea tras encontrar 50 ovejas muertas. De estas, 20 pertenecían a Daniel y a Werner.

“Ese lobo tiene un instinto de matador. No caza por hambre”, molesto, comenta, Werner Herger. “Vinieron especialistas para ver cómo podríamos proteger a nuestros animales, pero admitieron que sería difícil encontrar la solución en los perros de pastoreo”, indica Daniel Imholz. 

Hace 20 años, la “bestia del Valle Ferret…”

El 16 de julio de 1995, Armel Perrion, de Liddes (cantón del Valais) encontró una oveja agonizando. Un lobo mató entonces a cuatro borregos de su rebaño; en septiembre ya eran 22. El depredador se ganó el calificativo de “la bestia del Valle Ferret”. Otro campesino observó cinco ataques del mismo lobo, con un saldo de 65 ovejas muertas.

Estos hechos marcaron el retorno del lobo en Suiza. Oficialmente, el último de estos depredadores fue abatido en 1871, cerca de Iragna (cantón Tesino). En Italia, los lobos sobrevivieron en número reducido. No obstante, ante las reglas para proteger esta especie establecidas en 1972, el lobo comenzó a extenderse de nuevo. Reapareció en los Alpes italianos en 1987, después en territorio francés, en 1992. 

“Es posible proteger las ovejas en prácticamente todos los sitios”, anota Christina Steiner, veterinaria y presidenta de la asociación CHWolf, que apoya a los criadores en las medidas de protección contra ataques de lobos. Pero Steiner admite que integrar los perros a los rebaños toma su tiempo. Si el terreno es muy irregular y rocoso, es mejor evitar esa zona”.

Protección de los valles

Y justo en este punto arremete Daniel Imholz: “Nosotros somos garantes de la salvaguarda del valle en la montaña. Las ovejas son una fuente de ingreso importante. Sin nosotros, la escuela cerraría, y el valle se despoblaría. Ya los linces provocaron estragos: redujeron considerablemente el número de corzos, y también de gamuzas. El lobo podría terminar con la vida en nuestro valle”.

Imholz, consciente de que no tiene opción. sabe que deberá recurrir a los perros para proteger a los rebaños.

En los Grisones, donde vive la única manada de lobos en el país, los perros en los rebaños se han generalizado en los últimos años y la situación se ha “relajado bastante”, afirma Georg Brosi, director de la Oficina Cantonal de Caza y Pesca. Según Brosi, “la manada no resulta tan problemática. Pero aquí tenemos la suerte de tener terrenos más fáciles de controlar”.

En el Valais, donde el lobo reapareció en 1995, el tono es muy distinto. Los perros de protección son raros y las ovejas muertas son con regularidad noticia en la prensa local. Los campesinos, los cazadores y los políticos reclaman cada vez más las autorizaciones para dispararles, otorgadas bajo condiciones muy estrictas. El lobo está protegido por un convenio internacional, firmado en Berna, en 1979.

Regulación posible

Desde mediados de julio, los cantones tienen nuevas posibilidades de regular la presencia del lobo, gracias a la revisión de la disposición que regula bajo qué circunstancias un lobo puede ser sacrificado.

Con esta nueva regulación hasta la mitad de una camada de lobos puede ser abatida, si la Oficina Federal del Medio Ambiente da su aval. En cambio, en los casos de lobos solos, los cantones tienen competencia para autorizar que se les dispare, bajo ciertas condiciones. Antes había que solicitar la aprobación de una comisión intercantonal. 

“La disposición deja mayor libertad de interpretación a escala cantonal”, critica Christina Steiner. No es siempre fácil distinguir a las crías de los animales adultos. Si los adultos son sacrificados, la manada podría dispersarse y los lobos más jóvenes podrían provocar mayores daños”, indica Steiner.

Pero Rebekka Reichlin, portavoz de la Oficina Federal de Medio Ambiente, responde que la disposición “prevé explícitamente que los progenitores deben ser conservados en vida”. En caso de duda, el cazador no tiene derecho a dispararle”. Y en este punto, los valesanos consideran que el nuevo texto no va tan lejos como se desearía en el cantón. “Habría sido necesario facilitar los procedimientos tener la autorización de disparar a un lobo”, opina Peter Scheibler, jefe del Servicio de Caza, Pesca y Fauna del Valais.

El lobo refleja claramente la “brecha ciudad-campo” que existen en Suiza. La población urbana se inclina más por el “amor al lobo”, considera el grisón Georg Brosi.

En Isenthal, Daniel Imholz apunta con el dedo: “Es fácil decir que el retorno de los lobos es bueno, cuando uno vive en la ciudad. Ellos dicen que habría que hacer algo contra los zorros. ¡Y nosotros no tenemos problemas con los zorros!”

Hoy

Se estima que entre 800 y 1 000 lobos viven en la región que abarca la península itálica y los Alpes.

Los lobos son vistos con regularidad en todas las regiones de Suiza: en 2001, en el Tesino y los Grisones, en 2006 en el cantón de Berna, en 2007 en Vaud, en 2008 en Obwalden, en 2009 en Lucerna y Schwyz. A finales de 2014, en el cantón de Zúrich, el más poblado de Suiza, pero este lobo murió atropellado por un tren.

En junio varias ovejas murieron en los cantones de Obwalden y Uri, en el centro de Suiza. También en el Valais hubo pérdidas. Actualmente, el número registrado de lobos salvajes en Suiza es de 27, una cantidad “muy modesta”, según las asociaciones de defensa de este depredador. De acuerdo con el Grupo Loup Suisse, “hay espacio para unos 200 en el territorio suizo”.



Traducción del francés: Patricia Islas, swissinfo.ch

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