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Año Friedrich Dürrenmatt


Dürrenmatt, escritor al exterior, pintor al interior


Por Isabelle Eichenberger


Dürrenmatt en su oficina, en 1979. Ahí escribía y dibujaba.  (RDB)

Dürrenmatt en su oficina, en 1979. Ahí escribía y dibujaba. 

(RDB)

Este año se cumplen 25 años de la desaparición del escritor suizo y 15 de la creación del museo dedicado a su obra gráfica. “Pinto como un niño; pero no pienso como un niño. Pinto por la misma razón por la que escribo, porque pienso”. Así definió Dürrenmatt la relación privilegiada entre su oficio y su pasión.

Diez años requirió Charlotte Kerr, su viuda, para hacer reconocer la importancia de la obra pictórica del artista. En 2000 fue inaugurado en Neuchâtel el Centro Dürrenmatt (CDN), con una colección de un millar de dibujos, grabados y pinturas. Los manuscritos se conservan en los Archivos Literarios Suizos en Berna.

Luego de ascender por un camino estrecho y sinuoso hasta las alturas de Neuchâtel, se llega a una construcción en piedra negra con rayas grises, característica de la arquitectura de Mario Botta, lindante con la casa del escritor. La terraza se abre a una vista aérea de la ciudad y su lago, hasta los Alpes distantes. Es aquí donde el hombre de letras, oriundo de Berna, vivió desde 1952 hasta su muerte en 1990.

El Año Dürrenmatt

El Centro Dürrenmatt de Neuchâtel (CDI) lanzó este 2015 el Año Dürrenmatt, con numerosas manifestaciones para conmemorar el 25 aniversario de la muerte del escritor. Pero también el 15 aniversario de su creación, por parte del Gobierno Federal, con la misión de reunir, preservar y difundir la obra pictórica (mil piezas). 

“¡Dürrenmatt siempre hablaba de su casa como un enclave bernés!”, narra Madeleine Betschart, directora del CDN. Decía también: “Entre Alemania, país de mi lengua literaria, la Suiza de expresión alemana, país de mi lenguaje hablado, preferí la Suiza de expresión francesa’. Esa elección le permitía una cierta distancia”.

La exposición de un pintor que no lo es

En el sótano del museo, la exposición permanente ocupa un espacio amplio, iluminado de manera sutil y atravesado por un entrepiso consagrado a las fechas clave en la obra literaria, que establece un puente con la obra gráfica.

Mario Botta, quien se codeó con Dürrenmatt, ya había encargado una retrospectiva en el Museo de Arte de Zúrich en 1991, un año después de la muerte del literato. Al tesinés obedece también la arquitectura del CDN y la disposición de la muestra. “La dificultad (pero también la suerte) consistía en instalar las pinturas de un autor que no era un pintor”, narra Mario Botta. “Intentamos entonces transformarlas en objetos que se convirtieran en metáforas de su pensamiento: los cuadros no tienen marco y, en lugar de estar colgados en la pared, están suspendidos de uno y otro lado, para despegarse de ellos”.

Con una excepción, ‘Última asamblea general del establecimiento bancario federal’, óleo que muestra el suicidio colectivo de banqueros. “Se trata de una pequeña pintura grotesca e irónica a la cual Dürrematt había dado un marco de oro”, explica Mario Botta. “Enfatizamos ese marco simbólico al darle un aspecto monumental para marcar la idea de un testamento político o ideológico”.

Una pasión personal

“Dürrenmatt decía que pensaba en imágenes, que el dibujo y la pintura le permitían expresar lo que no lograba escribir”, explica Madeleine Betschart. Se podría decir que es una pasión personal. Además, su obra ha sido muy poco expuesta. Desarrolló su propio lenguaje pictórico, pero por supuesto, con influencias. Su biblioteca, que se mantuvo en su lugar, contiene muchos libros de arte que confirman su cultura y su curiosidad”.

Para Ulrich Weber, jefe de los fondos Dürrenmatt en los Archivos Literarios Suizos, el artista fue doblemente solitario: “En primer lugar, fue autodidacta, luego, permaneció figurativo, lejos de los movimientos contemporáneos, especialmente de vanguardia. Y de todos modos, detestaba la idea de entrar en cualquier categoría”. 

Para Ulrich Weber, jefe de los fondos Dürrenmatt en los Archivos Literarios Suizos, el artista fue doblemente solitario: “En primer lugar, fue autodidacta, luego, permaneció figurativo, lejos de los movimientos contemporáneos, especialmente de vanguardia. Y de todos modos, detestaba idea de entrar en cualquier categoría”.

Estima que el arte es complementario de la escritura por razones biográficas. En principio, hasta los 25 años, Dürrenmatt vaciló entre el arte y la literatura, antes de elegir la segunda. “Luego, como escritor, y sobre todo dramaturgo, fue confrontado con las reacciones, a veces violentas, del público y la crítica. En ello era más vulnerable de lo que quería mostrar. Por consiguiente, le era importante reservarse un espacio donde poder expresarse libremente. La pintura era su recreo”.

Al mismo tiempo, Weber está convencido de que “si queremos entender los escritos, también debemos conocer los dibujos. De manera inversa, hay una gran fuerza en su pintura, que merece ser (re)conocida. Por lo demás, él mismo lanzó, en su testamento, la idea de una fundación artística”. 

Temas eternos en la modernidad

Los dibujos, y sobre todo los dibujos animados, a menudo despiadados, ocupan una buena parte de la colección del CDI. También hay algunos óleos y muchos aguadas, y litografías de los últimos años.

El teólogo Peter Bühler ha dedicado diversos estudios a Dürrenmatt, incluido un artículo sobre la figura de Don Quijote, “caballero de la esperanza y la fe en la obra escrita y dibujada” (2011).

Cuando era profesor en la Universidad de Neuchâtel (en la actualidad enseña en Zúrich), Peter Bühler conoció al artista: “Dürrenmatt insistió siempre en que no tenía formación de pintor, pero sus trabajos son impresionantes. No es por casualidad que trabajaba por las mismas razones escribiendo y dibujando, ya que, según sus propias palabras, “las imágenes son campos de batalla” en los que luchaba con sus temas literarios y, tal vez, consigo mismo. Es pues un trabajo paralelo, como un respiro cuando estaba bloqueado en su trabajo de escritor”.

En cuanto a los temas recurrentes de la Biblia y de los mitos griegos, “están siempre relacionados con una confrontación del ser humano, la caída, la soledad, la muerte, el absoluto. Así, el Minotauro en su laberinto evoca esta posición fundamental del hombre. En sus temas bíblicos, los creyentes no tienen ningún estatus especial, luchan y fracasan como los demás”, comenta Pierre Bühler.

“Hijo de pastor, Dürrenmatt podía decir de sí mismo, jugando con las palabras: ‘Soy protestante y protesto’. Había endosado su confrontación con la fe cristiana de sus padres, pero siempre de manera crítica. Al final de su vida, se dirá ateo, probablemente a causa de una radicalización de su protesta contra los sistemas, la ideología y el fanatismo. Fue un gran pesimista, pero pesimista de la acción, con una gran esperanza pese a todo. Y no hay que olvidar su humor omnipresente, utilizado como una distancia interior respecto a lo que sucede, y al mismo tiempo, una especie de pudor”.

Un artista ambiguo

Miriam Minder prepara su tesis doctoral en la Universidad de Neuchâtel sobre el artista Dürrenmatt, una novedad con la que accede plenamente al campo de la historia del arte. “En comparación con el mundo de la creación artística de su tiempo, Dürrenmatt no entra en ningún caso. Interpreta temas conocidos, pero de una manera indirecta: creemos reconocer algo y nos damos cuenta de que lo ha distorsionado. Por ejemplo, representa Las Bodas de Caná como una impúdica francachela. Sorprende siempre”.

La estudiosa se interesa también en los autorretratos: “Utiliza su imagen de manera a veces poco favorecedora y, a menudo se encuentra en sus obras, a veces un poco escondida o distorsionada. El autorretrato es muy introspectivo: uno se representa para autoanalizarse mejor. Es otro yo”.

La exposición más importante de Dürrenmatt fue organizada en 1985, en el Museo de Arte e Historia de Neuchâtel. Al consultar los archivos, Miriam Minder encontró que otras instituciones habían querido retomarla, pero el interesado se rehusó. “Está de acuerdo en exponer, luego se retira. Esta actitud manifiesta la misma ambigüedad cuando dice 'yo no soy un pintor’, mientras que hace autorretratos ataviado como pintor.  Pero, después de todo, ¿qué es un pintor?”

Friedrich Dürrenmatt

Nacido en el seno de la familia de un pastor protestante el 05.01.1921 en Konolfingen (Berna), muere el 14.12.1990, en Neuchâtel.

Es el escritor y dramaturgo suizo más traducido en el mundo y se hace famoso con sus piezas de teatro ‘La visita de la vieja dama’ (1956) y ‘Los físicos’ (1962), así como a través de las adaptaciones cinematográficas de sus novelas policiacas, entre las cuales ‘El juez y su verdugo’ (1952) y ‘La Promesa’ (1958).

Como pintor, expone cuatro veces: en 1976 (Hôtel du Rocher en Neuchâtel), 1978 (Galería Keel en Zúrich), 1981 (Galería Loeb en Berna) y 1985-1986 (Museo de Arte e Historia de Neuchâtel). En 1991, el Museo de Arte de Zúrich organiza una retrospectiva.


Traducido del francés por Marcela Águila Rubín, swissinfo.ch



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